Sábado, 16 de Diciembre de 2017
01:31 CET.
Danza

Danza Contemporánea, caminos por recorrer

Con decenas de asientos sin ocupar, la compañía Danza Contemporánea de Cuba estrenó el fin de semana, en la Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, The listening room (Aula de audición), la nueva pieza del coreógrafo británico Theo Clinkard.

Como reza el dicho, según los ojos con que se mire, el vaso estará medio vacío o medio lleno. A pesar de la renovación de sus presentaciones, incluyendo trabajos de creadores foráneos, Danza Contemporánea atrae a un público específico, no masivo, que gusta de una propuesta más conceptual.

Precisamente ese término define la coreografía de Clinkard. "La danza no necesita la música para hacer", parece gritar cada uno de los movimientos en escena. El público en el teatro escucha una composición instrumental, mientras los bailarines oyen canciones de diversos intérpretes, desde Beyoncé hasta Calle 13, pasando por Europa y The Cardigans.

La idea es que el público desconecte lo que ve de lo que escucha, el sonido está desvinculado de la acción y es el espectador quien debe crear el nexo.

Diversos teatros europeos ya han mostrado interés por presentar la coreografía. Seguramente en el Viejo Continente la pieza será un éxito, aunque en Cuba, donde los códigos interpretativos son más tradicionalistas, dejó a varios espectadores atónitos.

The Listening Room, cuyo montaje por Danza Contemporánea dejó al coreógrafo muy satisfecho, muestra la versatilidad del grupo, su capacidad para asumir postulados diversos y su posibilidad de expandir los horizontes de esta manifestación artística en la Isla.

Por otro lado hay que destacar la solidez de la compañía, pues pocas formaciones sobreviven a la pérdida de casi una veintena de bailarines. En los últimos meses, 17 intérpretes abandonaron Danza Contemporánea. Algunos dejaron el país, otros pasaron a la formación de Carlos Acosta.

A pesar de las bajas, el grupo que dirige Miguel Iglesias logró una nueva temporada de funciones en enero con varios estrenos, y ahora volvió a subir al escenario. Eso sí, completando la nómina con nueve estudiantes de danza que realizan prácticas pre profesionales.

En esas circunstancias, en piezas como "Identidad a la -1", de George Céspedes, los integrantes de Danza Contemporánea mostraron un gran dominio de la técnica y una excelente condición física, aunque esta pieza no exige el derroche de fuerza y energía que implica María Etnocentra, parte junto a Identidad… de una trilogía sobre las raíces de ser cubano.

En cuanto a ejecución, los hombres se robaron la atención en Tangos cubanos, del coreógrafo escocés Billy Cowie. Narración, artes visuales y danza se combinan para contar, a veces con cierta redundancia, "una historia de amor triste, como todas las que tienen final".

En cada función Danza Contemporánea mostró coreografías de diversos estilos, lo que lleva al público a transitar por disimiles estados de ánimo y, además, permite a la compañía lucir su potencial que, sin dudas, es alto.

Sin embargo a la danza contemporánea le queda un ancho camino por recorrer en Cuba, antes que las propuestas más conceptuales tengan una buena acogida entre el público medio.

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