Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
11:53 CET.
Artes Plásticas

El Pabellón Cuba acoge 'Fuerza y sangre. Imaginarios de la bandera en el arte'

Fuerza y sangre. Imaginarios de la bandera en el arte cubano es el título de la megaexposición que ocupa el área del Pabellón Cuba en la Rampa capitalina. Para realizarla han colaborado 17 instituciones, desde el Consejo Nacional de las Artes Plásticas hasta el Poder Popular de La Habana.

En un alarde de promoción pocas veces visto cuando de arte se trata, todos los postes de la Rampa hasta la calle G han sido utilizados para poner carteles alusivos a la exposición y, aún así, la mayoría del público que asiste al Pabellón Cuba prefiere sentarse en el café antes que caminar entre las obras expuestas.

"Ya estuve mirando", comenta Miladis mientras se toma un expreso. "No está mal, pero no me parece arte al final, porque hay muchas obras que parecen mandadas a hacer, no hay espontaneidad".

Otros sí se detienen a mirar los detalles y los disfrutan. "Lo mejor que tiene es la variedad", opina Valia. "Aquí hay obras de todo lo que vale y brilla en el arte cubano. Hay pintura, fotos, carteles, instalaciones".

La muestra contrasta con la abundante presencia de prendas de vestir con los elementos de la bandera estadounidense en las calles cubanas; desde gorras y camisetas hasta pañuelos, licras y mochilas.

Los carteles que dan la bienvenida al público por la entrada de la calle 23 son principalmente de películas como Memorias del subdesarrollo, Cuba Libre o Elpidio Valdés contra dólar y cañón. Los hay también eminentemente políticos como el firmado por Azcuy, "Bandera de la utopía", que contiene el retrato de un joven Fidel Castro sobre el fondo de la bandera. O incluso algunos de significado más abstracto, como el titulado "El ensayo de lo absurdo conquista lo imposible", de Eric Silva.

No olvidaron los curadores las anillas de tabacos ni las planas y cubiertas de revistas como Bohemia, Carteles y ZigZag, todas ellas acompañando a los carteles en el inicio de la exposición, junto a las obras de artistas como Osmany Caro, Anyelmaidelín Calzadilla, Jeanette Brossard y Guillermo Ramírez Malberti.

"Esta me parece horrorosa", sentencia una mujer que observa la obra de Ramírez Malberti, titulada "Identidad II", y que consiste en tres pioneros saludando la bandera, uno blanco, uno azul, uno rojo. "La anterior mejor no la comento", dice señalando la de Jeanette Brossard, "Kike y Marina".

Dentro del pasillo principal, en una urna, la bandera que se alzó en Manzanillo el 24 de febrero de 1895. Las paredes grises, rotuladas con versos de José Martí, Nicolás Guillén, Eduardo Saborit, Raúl Gómez García, Carilda Oliver, Miguel Teurbe Tolón, Cecilia Porras Pita, Agustín Acosta y —no podía faltar— Bonifacio Byrne.

En el salón de la izquierda, rodeando un pedestal que contiene la copia de la escarapela que perteneciera a José Martí, las fotos. Ahí están las obras de Raúl Corrales, Korda, Liborio Noval, Alain Cabrera, Nelson Ramírez de Arellano, Raúl Cañibano, Pedro Abascal, José Alberto Figueroa, entre otros artistas.

La explicación rotulada en una de las paredes hace detenerse a un señor de 73 años, que comenta a dos adolescentes cercanos: "Aquí te explica que la bandera se adoptó como enseña nacional por los patriotas independentistas, pero siempre se olvidan de decir por qué. Es que por ella ya la gente de Narciso López había derramado sangre, antes de Guáimaro".

Los muchachos escuchan también atentos la explicación que el señor da sobre la extraña ubicación de la estrella en la bandera de la escarapela de Martí. "Así era originalmente, con una punta señalando hacia las franjas. Significaba rebeldía. Por eso ahora se tiene mucho cuidado para que la estrella no apunte a ningún lado específico, sobre todo en las banderas de las unidades militares".

En la sala principal, la más amplia, la obra que primero atrapa la atención es "Juego de Poder", de Duvier del Dago. Aunque se encuentra al final, a la salida de la exposición, las dimensiones de esta especie de cubo de Rubik compuesto por banderas lo hacen  presidir el salón, colgando sobre las obras de artistas de la plástica cubana tan conocidos como Flora Fong, Roberto Fabelo, Manuel Mendive, Juan Vicente Bonachea o Roberto Diago.

"¿Por qué será esto tan feo?", se pregunta un muchacho frente a "Gente y bandera", la obra de Eduardo Roca Zalazar (Choco). Sin embargo, aprueba las de Ernesto Rancaño, "Amor a primera izada", y Cirenaica Moreira, de la serie Ojos que te vieron ir.

Esta última, que presenta un cuerpo femenino desnudo, cubierto a medias con la bandera, parece disgustar a un anciano. "Si yo fuera curador, no pondría estas cosas aquí", critica. "No es que yo sea puritano, pero la bandera para mí es algo solemne", explica. "Lo peor es que la estrella está para abajo, a los pies de ella".

Uno de los adolescentes se detiene frente a la pantalla del videoarte de Kcho, una bandera ondeando en su asta mientras de fondo se escuchan voces de conversación y ruidos de autos. "Esta me gusta porque es sencilla", comenta.

Luego se divierte frente a la obra de Reynerio Tamayo, pintada al estilo del cómic, donde un Gulliver-Superman yace amarrado en el suelo de la Plaza de la Revolución, rodeado de pequeños cubanos con los carteles más insólitos, lo mismo "Bienvenido compañero Gulliver" que "El Papa tiene la llave".

Las obras de Ileana Sánchez, "Estado de gestación" y Hanoi Pérez, "La anunciación", llamaron la atención de Miladis. "Son lo mismo, una bandera con barriga de embarazada aunque en diferentes técnicas. Me parece muy poco original". Tampoco le gustó la pieza de Kadir López, "American Dream", una cama con dos almohadas de banderas, una cubana y una norteamericana. "Esa es una de las que me parece mandadas a hacer", afirma.

A Valia sí le gustó "American Dream", y también "Contención Roja", de William Pérez, una bandera de trozos de vidrio punzantes dentro de un cojín rojo. "Pero la que más me impresionó fue la de Adonis Flores", dice. "Me dio esa sensación de amor-odio que tenemos los cubanos con el país. No sé si habrá sido la intención del autor, pero fue lo que yo sentí cuando la vi".

Miladis coincide respecto de esta obra sin título, que consiste en una bandera cubana de tela clavada con una estrella de metal plateado. La muestra de la serie Terapia, de Adislen Reyes fue otra de las que escogió. La obra juega con los diseños de banderas para esmaltes de uñas. "Pero mi preferida es 'Apolítico'", reconoce Miladis. La maqueta de Wilfredo Prieto es una hilera de pequeñas banderitas de distintos países en tonos grises.

Para rematar la muestra, el kiosco de ventas de Artex, ubicado a la salida del Pabellón Cuba, ofrece una serie de artículos con la bandera cubana impresa. Gorras, distintos tipos de bolsas, abridores de botellas, clips, termómetros. "Para estar a tono con la exposición", comenta la vendedora.

El anciano que criticaba la obra de Cirenaica Moreira se asoma al kiosco y observa escéptico: "Al menos no hemos llegado al punto de estampar banderas en ropa interior".

Banderas en el Pabellón Cuba

La exposición abarca carteles, dibujos, instalaciones y videoarte sobre la enseña cubana.

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Comentarios [ 5 ]

Imagen de Anónimo

le pagaron a Rubic derecho de autor por el cubo que adorna la instalacion?

Imagen de Anónimo

ja jaj ja ja que exposición más cómica. No he parado de reirme desde que lei el articulo y las obras. ja ja ja ja

Imagen de Anónimo

Mejor deberian hacer una exposición con obras inspiradas de bandera norteamericana, que está más presente en nuestras calles que la cubana.

Imagen de Anónimo

La cuarta me parece la unica mejorcita, es una balsa no?

Imagen de EL BOBO DE LA YUCA

Eh, y los compañeros del Partido no repararon en que en la "obra" de la cama y las almohadas, la de EE.UU está del lado del hombre en la cama?