Jueves, 14 de Diciembre de 2017
15:56 CET.
Teatro

Sexo y humor político después de la visita de Obama

Este fin de semana serán las últimas funciones del espectáculo A pululu, en el teatro Karl Marx, escrito, dirigido por el actor Omar Franco, y producido por Bobby Estany.

Con una sala abarrotada por un público sediento de humorismo con toques políticos, el personaje de Ruperto, conocido por el programa televisivo "Vivir del cuento", recrea divertidos monólogos que tienen que ver con la realidad actual cubana, después de los acontecimientos de la visita de Barack Obama.

El humorista, con fino sarcasmo, alude al tema de las calles, que estuvieron destruidas por décadas, y sus arreglos recientes, debido al  paso de "La Bestia", la limusina que acostumbra a transportar al presidente norteamericano. Y alega que ese carro, valorado en más de un millón de dólares, apenas duraría si tuviera que atravesar una calle llena de huecos de La Habana.

"Antes nos mandaban a abrir huecos, porque venían los americanos, y ahora nos mandaron a taparlos, por los mismos americanos", dice.

Franco se vale de una marioneta y usa su talento como ventrílocuo para justificar una charla con un amigo que vive en condiciones infrahumanas en un solar, quien es padre de cuatro hijos: dos emigrados, un delincuente y un gay. Lo que le da pie para plantear asuntos como las penurias económicas, la migración, la homofobia, el racismo, la vigilancia de los CDR y el eterno miedo de los cubanos a expresarse en favor de sus derechos civiles.

Solo sexo, en la sala Adolfo Llauradó

Solo sexo es una versión de la obra Pareja abierta, escrita por el dramaturgo y premio Nobel italiano Dario Fo, que se repone en la sala Adolfo Llauradó, de la Casona de Línea, en El Vedado.

Con la dirección y diseño escénico de Erick Eimil, y un elenco de jovenes actores integrado por Gleibis Conde, Karla Menéndez, Yuniel Hernández, Emmanuel Correa, Fresia Blanco y Javier Ponsoda, se arma esta nueva puesta que se inserta en el ámbito cubano, donde se plantean asuntos como el machismo, la violencia doméstica, y la discriminación de la mujer.

Escrita en la década del 80, la obra mantiene su frescura y la puesta en escena es minimalista: una puerta, cajas, una sábana y un candelabro en el espacio donde crece la esencia dramática y la interacción de los personajes.

A través del histrionismo de los actores protagónicos se llega a la desconstrucción de la pareja. De forma hilarante, se critica la doble moral, los prejuicios, frustraciones y falsedades que se ocultan en un matrimonio "aparentemente" moderno. La historia nos muestra que las acordadas libertades de una pareja no funcionan de la misma forma, y el problema no es buscar la solución con otros, sino dentro de la unión. El amor que ha perdido su esencia verdadera no encontrará la solución en otros, con el exceso de libertad, ni con la restricción, sino con la inteligencia y la verdad, dentro de un círculo de dos.

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