Martes, 12 de Diciembre de 2017
14:18 CET.
Opinión

Palabras nuevas en el corazón

La renuncia de Orlando Márquez a la dirección de la revista católica Palabra Nueva movió las redes sociales y las publicaciones electrónicas fuera de la Isla. Para quienes conocen la interioridad de la Iglesia cubana, y al exdirector, no fue una sorpresa. Orlando había manifestado hace varios años, en público y en privado, su deseo de ceder la conducción de la revista del Arzobispado de la Habana. Por otro lado, fuentes desde La Habana informan que el cardenal Jaime Ortega y Alamino, a la edad de 80 años —a jubilación es a los 75—, está por ser sustituido.

Aunque Palabra Nueva funcionaba con cierta independencia, de alguna manera era la voz del arzobispo, y su director, quien la hacía visible en la sociedad. La jubilación del cardenal habanero traerá cambios de estilo en el liderazgo de la Archidiócesis; pudiera ser el momento indicado para renovar y atemperar las publicaciones a estos tiempos.  

Estas líneas no intentan hacer una defensa del exdirector y del cardenal Ortega, luego de leer en las redes sociales ataques de todo tipo. La experiencia nos enseña que quienes así lo hacen, casi siempre se esconden bajo el disfraz del anonimato, cuando la libertad de opinar sobre Orlando Márquez, el Cardenal y cualquier otro rostro vinculado al catolicismo insular podría ser más efectiva bajo la responsabilidad pública de dejarlas bajo sus nombres propios.

Importante, ciertamente, es rescatar ahora y para la memoria, más de 20 años de brega, contra viento y marea, de la revista católica Palabra Nueva. Para quienes no la conocieron, o para quienes la disfrutaron, la revista de la Archidiócesis de La Habana fue un oasis en medio de la desinformación, la frustración y el oscurantismo del mal llamado Periodo Especial. Lo que comenzó siendo apenas un manojo de hojas sueltas en blanco y negro, fue tomando cuerpo en la medida que crecía el interés de católicos y no católicos por leer algo "nuevo" y "distinto". De los talleres casi artesanales donde siempre se hizo, Palabra Nueva llegó a la cifra de más de 12.000 ejemplares debidamente encuadernados, con portada y contraportada a color. Hace años puede leerse en versión digital.     

Si no hubo más ejemplares en las calles y los estanquillos se debe a una razón fácil de inferir. En Palabra Nueva se publicó por primera vez en 1993 la carta  pastoral "El amor todo lo espera", el documento eclesial que movió el piso ideológico del régimen tras decenas de años de silencio, y le recordó a muchos cubanos que siempre habría lugar para la esperanza y el amor en medio de aquellos años duros. A partir de entonces, todos los documentos de la iglesia universal y nacional serían publicados y comentados allí por sacerdotes, laicos y personalidades del mundo secular. En los concursos anuales de la revista participaron cientos de personas de todo credo. Los trabajos premiados tienen una excelente calidad literaria y una profunda visión humanista.    

Palabra Nueva impulsó el auge de publicaciones católicas en toda la Isla. Cada revista tenía su estilo, personalidad propia inconfundible. Vitral, pensada y dirigida por Dagoberto Valdés en Pinar del Rio, voz de su centro de formación, hizo cátedra de la educación cívica y la defensa de los derechos humanos. Vitral puede haber sido la revista católica más buscada y leída dentro y fuera de Cuba en toda su historia. Amanecer, la revista católica de Santa Clara, dirigida por Laura María Fernández, priorizó la educación, el mundo de la familia y la historia de esa diócesis. En Camagüey, y bajo la inspiración y guía de monseñor Adolfo Rodríguez, la revista de ese territorio divulgó episodios desconocidos de la historia patria, de la Iglesia cubana, y sobresalió en el ámbito de la cultura gracias a sus excelentes colaboradores. Su exdirector, el padre Wilfredo Pino —hoy obispo de Guantánamo-Baracoa— es un organizador nato quien en varias ocasiones acogió en los predios de su parroquia, la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, encuentros nacionales de la prensa católica. Y en la "frontera" con el mundo secular se colocó la Revista de Bioética, dirigida por el Dr. Rene Zamora. Aún hoy sigue siendo obligada consulta en los temas de la ética médica y la deontología.     

La revista Palabra Nueva incluso se desbordó para crear a otras. Eduardo Mesa, miembro del consejo de redacción, recibió permiso del cardenal Ortega para crear Espacios, el antecedente de la actual Espacio Laical. El estilo de la nueva revista era novedoso dentro de las publicaciones católicas; su rasgo más distintivo fue la diversidad de temas dirigidos al mundo del trabajo y a la vida diaria de los cubanos. Reunidos en un espacio de libertad y fraternidad propiciado por el Consejo Diocesano de Laicos, estuvieron en el lanzamiento de cada número de Espacios muchos de los que hoy lideran la oposición en Cuba.

La revista de la Archidiócesis de la Habana rescató un periodismo incluyente, sanador, de inspiración cristiana, sin olvidar que una buena parte de sus lectores eran creyentes de otras religiones, agnósticos o se autonombraban ateos. Por eso en cada consejo de redacción los trabajos eran cuidadosamente revisados;  cualquier frase o palabra altisonante u ofensiva que pudiera molestar más allá de lo necesario, de lo éticamente permisible  —palabras de su asesor principal, Carlos Manuel de Céspedes—, era suprimida o cambiada.

Muchos hubieran deseado un estilo profético más en la denuncia que en el anuncio, más en la oposición y menos en la reconciliación. Quienes vivieron esos días podrían dar testimonio de lo que es caminar sobre el filo de la navaja extremista. En las publicaciones católicas, ¿cuántos "compañeros" tenían la misión de reventarlas desde su interior? ¿Cuántas veces el Departamento Ideológico del Comité Central discutió con la Oficina de Asuntos Religiosos un artículo, un número, un nombre "peligroso", incluso un obispo "problemático"? Tolerarlas, ¿fue necesidad estratégica o mal menor, fácilmente controlable? Para quienes opinan que Palabra Nueva pudo ser más "combativa", un criterio muy válido, se pudiera argumentar que en aquellos años severos de los 90 y principios del siglo XXI, bastaba ser una alternativa al discurso suicida y generalizador para ganarse la etiqueta de "disidente", con las sabidas consecuencias.  Un artículo sobre historia, derechos humanos, deporte o crítica cinematográfica que solo desempolvara la Republica, la Iglesia, o los éxitos de la ciencia y el deporte profesional extranjero —norteamericano— bastaba para ser considerado contestatario.

En las páginas de Palabra Nueva y otras publicaciones católicas, los cubanos por primera vez conocieron partes oscuras de su propia historia, los éxitos en el deporte de compatriotas fuera de la Isla, los avances de la ciencia y la técnica de otros países, poco publicitadas en la prensa oficial. En parte gracias al apoyo del consejo de redacción de la revista, y del Arzobispo de la Habana, en Cuba se dieron por primera vez, y después de la Revolución, los llamados "encuentros de frontera", con la participación de intelectuales católicos, protestantes y marxistas. Las memorias de esos eventos, de una altísima calidad científica y humana, fueron parcialmente publicadas en la revista. Es una pena que la mayoría de los cubanos lo desconozcan.

"El cementerio de París está lleno de imprescindibles", dicen que contestó el general Charles de Gaulle —frase atribuida originalmente al médico y político francés Georges Benjamín Clemenceau— ante tanta adulonería cuando llegó la hora de retirarse del deber público. Es cierto. Ningún ser humano es indispensable pues la vida continua, con él o sin él. Pero la huella de Palabra Nueva y de otras tantas publicaciones católicas que sobrevivieron trasmitiendo esperanza, fe y caridad en los años más difíciles de la llamada Revolución cubana, merecen, eso sí, el calificativo de imprescindibles.

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Comentarios [ 2 ]

Imagen de Anónimo

Esa revista se mantuvo luego de que cerraran a Vitral, no porque era la voz de El Cardenal, sino porque era inofensiva al regimen. Vitral era fina, directa, tenia en Dagoberto Valdes a un director probablemente mas capacitado intelectual y moralmente que el propio Cardenal. Marquez no se quemaba, Francisco, porque la M...da no arde.

Imagen de Anónimo

Estimado Francisco que Palabra Nueva hubiera seguido publicandose y que Vitral fuera eliminada por la propia jerarquia catolica - o para ser mas claros por el Cardenal en contubernio con el Obispo que sustituyó a José Siro - dice bien claro que hacia Palabra Nueva, a diferencia de Vitral, cuando era llamada por la Oficina de Asuntos Religiosos.Y estas verdades Francisco son verdades ya se digan de forma anonima o no y esto es tan cierto como que usted trata de poner sobre el Cardenal, y su vocero, un manto  que realmente no merecen.