Viernes, 15 de Diciembre de 2017
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Sociedad

¿Para qué sirven las ferias del libro en Cuba?

Ya que está de más repetir la vieja y conocida retahíla de beneficios que las ferias del libro reportan al régimen en materia de propaganda política, o como variante de entretenimiento para los niños; y ya que hasta a nosotros mismos nos aburren las recurrentes acusaciones con las que cada año perdemos el tiempo señalando la omisión de títulos y autores que no debieran faltar si el nuestro fuera un país real, quizá quede muy poco por decir al respecto, tan poco que podría resumirse en la respuesta a una simple interrogante: ¿para qué no sirven?

No sirven, o no han servido hasta hoy, para incrementar el hábito de la lectura entre los cubanos.

Indudablemente, no serán pocos los que a propósito de una visita a la Feria se animaron a leer determinado libro, ni los que luego de haber leído algún libro adquirido allí, se interesaron por leer otros del mismo autor. Pero en cualquier caso, las cifras de ambos resultarían irrisorias al ser comparadas con las de quienes acuden puntualmente cada año a comprar libros que después no leen, incluidos los principales visitantes, que son los niños, cuyas madres y padres creen terminada su misión cuando se marchan de La Cabaña con las bolsas repletas de libros condenados al olvido, puesto que la novedad termina con el paseo.   

Que la gente acuda masivamente a las ferias del libro sobre todo por pasear, como una moda o un pasatiempo sin alternativas, donde incluso va contemplado de antemano el hecho de comprar libros que no serán leídos, es una paradoja que quizá no resulte tan corriente en otros países. Y también pudiera ser, al menos en parte, algo que ayuda a entender la razón por la cual este tipo de evento no ha servido para incrementar el hábito de lectura entre nosotros.  

Es el espectáculo lo que cuenta, por encima de la esencia. Así que el saldo no podría ser de esencias, exactamente igual a lo que sucede en todas las demás acciones, proyecciones, programas y eventos públicos que organiza el régimen.

Por lo demás, hablo sobre supuestos, ya que no existe el modo de probar científicamente cuánto determina un evento como este, que tiene lugar durante pocos días, una vez al año, en el hábito de la lectura, tan íntimamente relacionado con la tradición y con las enseñanzas y las influencias del hogar y la escuela.

Pero lo que sí parece demostrable (aun científicamente) es que a lo largo de las últimas décadas el hábito de leer ha descendido en la Isla a ras del suelo. Y por más que el fenómeno no se relacione directamente con las ferias del libro, tampoco es posible pasar por alto que, coincidentemente, estas han venido celebrándose justo a lo largo de las últimas décadas, o sea a partir del año 1982.

No hace mucho, durante el IV Encuentro de Promoción de la Lectura, organizado por la Asociación Cubana de Bibliotecarios, trascendió que la falta de este hábito está afectando seriamente el fomento de la cultura, el desarrollo del pensamiento y el enriquecimiento espiritual en el país. También se dijo que el fenómeno se observa especialmente en los jóvenes, y muy en particular en los estudiantes de todos los niveles, una conclusión a la que llegaron mediante investigaciones realizadas en bibliotecas públicas, escolares, universitarias y especializadas.   

El colmo es que ni siquiera la mayoría de los maestros, académicos, periodistas y aun los propios escritores, leen lo suficiente para ejercer sus profesiones. Y eso es algo que, aunque no se haya dicho en el IV Encuentro de Promoción de la Lectura, se percibe a través del quehacer habitual de cada uno de ellos.

Resulta descorazonador observar, en la concreta, lo poco que se lee en nuestra Isla, cada vez menos. Y no podemos apelar siquiera al consuelo (tan socorrido en otras partes del mundo) de que los medios de internet acaparan la atención de la gente, robando potenciales lectores, pues en Cuba resulta infinitamente más fácil y barato acceder a un libro que a Facebook o Twitter. Claro, harina de otro costal sería ver cuál es el tipo de libros que nos venden baratos.  

Bien poco importa que los comisarios de la cultura o de la industria del libro se desgaznaten recordando los precios simbólicos que podíamos pagar por ciertos ejemplares en tiempos en que en una Isla de algo más de 10 millones de habitantes, se producían entre 80 y 90 millones de ejemplares al año. ¿De qué sirvió? ¿Cómo justifican aquellas lluvias nuestros fangales de hoy, cuando se ha comprobado que los estudiantes universitarios únicamente leen —y habría que ver cómo— los libros que sus profesores les exigen como materia que va a examen?

Hoy ya es posible consultar el resultado de algunas encuestas más o menos realistas, como nunca lo fueron en Cuba, sujetas como estuvieron durante décadas a las exigencias del edicto oficial, que demagógicamente considera al libro como un bien social que no puede ser regulado según los reclamos del mercado.

Tampoco es que haya que tomarse con demasiada gravedad las encuestas, y en especial las que se relacionan con la lectura, pues ya sabemos que al igual que en las relativas al sexo, la gente no confiesa sino lo que quisiera hacer pero siempre pospone. Y luego debemos aceptar lo que digan como verdad científica.

No obstante, hay encuestas que tal vez les sirvan para algo a quienes creen o dicen creer que las realizaciones de la Feria Internacional del Libro en Cuba nos han sido útiles en lo referido a la formación del hábito de la lectura. El Centro de Estudios sobre la Juventud (CESJ) ha hecho varias encuestas, en los años 1985 o 1990 0 2009 (Elcida Álvarez C, "Consumo cultural en la adolescencia", Revista Juventud, CESJ, enero-junio, 2009, pp. 50-59). Y todas apuntan hacia una misma dirección: la intemperie espiritual y la indigencia cultural que causa entre nosotros el desamor por la lectura.

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Comentarios [ 5 ]

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También sirven para que las librerías se deshagan de tanto -horrendo- material sin vender y casi al borde de la invasión de polillas. Tengo una amiga que es "librera" oficial y, durante la feria, me cuenta que la gente compra los materiales más increíbles (por estériles). Sólo respondiendo a la seudo "lógica" de que ya que van a la Feria del Libro, pues es "obligatorio", llevarse un ejemplar para estar en la "onda", pero sólo mirando el precio y sin mirar, a duras penas, ni los autores o de qué se trata la -supuesta- obra bibliográfica. Recuerdo, cuando yo era un adolescente, ver en las guaguas a personas  de todas las edades leyendo libros variados, e incluso, comentando o tomando turnos para continuar la lectura cuando; el lector de turno terminase con el material de su atención . Hoy día casi NADIE lee un libro en los medio de transporte. !En fin!...el mar. El Lapón Libre.

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Y para expandir toda la propaganda goebbeliana: los discursos y la vida del tirano, los diarios del argentino, toda ese veneno de mierda. Yo salí muy joven y era tremendísimo gusano, como lo era toda mi família, donde, en conjunto, teníamos un puñado de presos, pero a pesar de todo, no sabía, por ej. que el guevara era un criminal. Y así, desgraciadamente, le pasa a mucha gente en Cuba, que no sabe que su máximo reprimerísimo, mató a camilo, puso la dinamita en el avión de Barbado, y las miles de cosas que uno fuera sabe. Pobre pueblo de Cuba.

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Contestando la pregunta en el encabezado, aquí fuera de Cuba, para recaudar dinero, en Cuba no tengo la menor idea.  

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Para pasear, y si eres escritor aprovecharte de los que vienen del imperio, jinetear y tomar cerveza gratis.

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Sirven para ir a matar el aburrimiento, para comer chucherias y dejar atras por unas horas el obstinamiento de atender una casa con todos sus problemas. Los libros?, bien gracias, que lo compren los que puedan pagarlos.