Viernes, 15 de Diciembre de 2017
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Literatura

Soler Puig, la realidad y el sueño

A la celebración del centenario del escritor santiaguero José Soler Puig (1916-1996) están convocadas las provincias orientales de Camagüey, Santiago de Cuba y Holguín, mientras que por Occidente, La Habana y Matanzas, naturalmente.

Conferencias, talleres, cursos de posgrado, coloquios en la venidera Feria del Libro de La Habana, premios especiales y convocatorias a concursos son algunas de las actividades programadas para honrar por todo lo alto al escritor de ingobernable vocación social, quien en años de indignidad nacional, siempre fue un referente de honestidad intelectual.

Persona

De procedencia humilde, alguien que aprendería a escribir novelas copiando las de Alejo Carpentier, José Soler Puig nace un 10 de noviembre en Santiago de Cuba, donde estudiaría la primaria y  secundaria antes de ejercer oficios diversos en Guantánamo, la propia Santiago, Isla de Pinos y Gibara, en peregrinaje de pobreza y oportunidades: jornalero, recogedor de café, vendedor ambulante, cortador de caña, pintor de brocha gorda, billetero… La revista Carteles le publicó un cuento, de los muchos que se propuso escribir a los 15 años: uno por día.

En 1960, su primera novela, Bertillón 166, relato de la lucha clandestina en Santiago de Cuba durante la dictadura de Fulgencio Batista, ganaría el Premio Casa de las Américas en su primera edición. A esta obra le seguirían El pan dormido, Un mundo de cosas, El caserón y El derrumbe, novelas igualmente, cuya escritura compartiría con la de guiones para la radio, hasta su retiro del medio.

En los años 90, llegar a su casa, siempre abierta al visitante, era para los que sabían de su literatura, un ritual como ir al Santuario del Cobre. Atento, cordial, aún recibía en su cama de enfermo al que llegaba a verle. Era querido y respetado y solo bastaba preguntar para que todos señalaran el lugar donde vivía.

Hacer el mundo

Expresar "lo real" tanto como su invención le ha valido a Soler Puig ser considerado un escritor realista. Sin embargo, su prosa barroca, a ratos sensorial, plena de matices y destellos fanstasmagóricos de pliegues que abren pero no cierran, hacen de esta escritura de crónica, de carácter histórico, de memoria, también una escritura mágico-moral. El tiempo en Soler Puig es cíclico: se repite como instante pleno y se revela cada vez como presencia. Dimensión mítica y a la vez existencial: de un lado la presencia del mundo y su lenguaje. Del otro, su refracción en el vértigo de la conciencia.

"Nuestra manera de vivir la Historia —decía Octavio Paz—, es sufrirla". En Soler Puig está presente el flujo libre de la conciencia (reflexión y pasión a un tiempo), acendramiento, transparencia de un tiempo histórico, asi como de una experiencia individual, pero también colectiva. En sus descripciones casi puras está presente la técnica de la conciencia absurda, conciencia de la irrealidad del mundo y punto de partida para restituir al mundo su realidad a través de la palabra.

En el viaje por la geografía, la historia y la cultura, predominan las sombras, lo sórdido de las madrugadas (El pan dormido). En las novelas de este escritor, sus víctimas asumen la lucidez del testigo. Los planos, las voces de El caserón, hablan de lo cotidiano sometido a jerarquías, señas y contraseñas: un mundo paralizado en la gran rutina doméstica.

A su modo, rigurosamente propio y difícil, Soler Puig lleva una línea exploradora y semiexperimental con el uso potente de lo onírico. En El caserón, las distintas voces describen lugares sin identificar de hechos o sucesos soñados, imaginados: macabros, liberadores, burlones, incluso justos. Historias contadas en escorzo, lentamente perfiladas por el lector. Se fabula la experiencia del pasado, cual novela gótica de misterios. Con valentía literaria Soler Puig escribe sobre la realidad de su país y trabaja el lenguaje como el carpintero ebanista la madera: cuestión de orfebrería.

Así, en su centenario, aún no superado en la narrativa de la ciudad de Santiago de Cuba, acaba de nacer, sin edad, como la luz y el polvo.

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Comentarios [ 3 ]

Imagen de Anónimo

Soler Puig, buena persona, fue el típico escritor (en este caso, novelista) del comunismo: se deja leer, pero sin entusiasmo; de los que a lo mejor les gustan a algunos, pero nunca son el autor favorito de nadie ni sus libros figuran entre los que uno se llevaría a una isla desierta.  

Imagen de Anónimo

Mira que traté de leerme sus novelas, en una época de adolescencia en que lo devoraba todo y no pude. Nunca entendí cuál era la fanfarria oficialista con ese escritor. Era un ladrillo inmetible.

Imagen de Anónimo

Excelente persona, nunca cayó en las oscuras manos del Partido... Pero un novelista menor, tras Carpentier nada que hacer con su Pan dormido, de ronquido.