Domingo, 17 de Diciembre de 2017
10:46 CET.
Cine

La mayor cantidad de filmes cubanos en años

Corales aparte, siempre manzana de discordia entre cinéfilos, crítica y jurados, el 37 Festival Internacional de Cine de La Habana, consolidaba el evento como un magnífico lugar de encuentro de cineastas, no solo de América Latina, sino del mundo.

Productores, directores, escritores, actrices, actores, editores, técnicos y profesionales de toda índole y cuatro continentes celebraban reuniones, conversaciones, asistían a presentaciones de filmes, ofrecían clases magistrales, conferencias de prensa, anudaban relaciones, conspiraban en posibles proyectos y quedaban atrapados, fascinados con los espectadores cubanos en diez jornadas habaneras para muchos inolvidables.

Y si empresarios y productores norteamericanos como Christine Vachon, John Sloss, independientes de Nueva York, o  Sheila Nevins de la cadena HBO (documental) o los italianos del Sistema Lazio para el Audiovisual, lideraban las más provechosas aventuras del know how cinematográfico contemporáneo, para los artistas del patio no hubo mayor confrontación que la protagonizada por el público con la ¿riqueza? del cine nacional, que esta vez llegaba a las salas con la mayor cantidad de filmes producidos en años, luego de la debacle de los 90.

Largometrajes y cortos de ficción, documentales y animados hasta llegar a 26 obras de Cuba en concurso, atraían la atención del cinéfilo cubano, ávido de reencontrarse con sus favoritos. El acompañante de Pavel Giroud; La cosa humana, de Gerardo Chijona, Cuba Libre, de Jorge Luis Sánchez, La obra del siglo de Carlos E. Machado, entre los largos de ficción y El tren de la línea norte, de Marcelo Martín o Últimos días de una casa, de Lourdes de los Santos, en documental acaparaban los favores del respetable.

La calidad de estos filmes era puesta a prueba y debatida con ardor por la crítica especializada que denotaba insatisfacción con puestas en escena, actuaciones y temáticas. Sin embargo, el público aplaudía a sus actores, no perdía un detalle en comedias de sutilezas como La cosa humana, para asombro y regocijo de Chijona;  era conminado a reflexionar sobre conductas y circunstancias (El acompañante, La obra del siglo). El diálogo imposible en la sociedad civil se dirimía con éxito en los filmes proyectados.

Del panorama internacional, las muestras y filmens más perseguidos fueron de Alemania, España y Argentina. La alemana Victoria (Sebastián  Schipper) o Frank Sinatra: todo o nada, documental de la HBO, del director Alex Gibney, con cuatro horas de duración eran bien recibido tanto por curiosos como aficionados.

Hubo cortos y mediometrajes de ficción de muy buena factura artística, algunos de mayor vuelo que muchos largometrajes del mismo género: Épica (Eduardo del Llano), Partir (Estela M. Martínez), descuellan entre los cubanos, mientras en animados de igual nacionalidad sobresalían Las aventuras de Juan Quin Quín (Alexander Rodríguez) y VII-53 (Víctor Y. Sánchez).

De lo terrenal a lo celestial, la explosión de imágenes telúricas, eróticas, simbólicas, transculturales del cine contemporáneo exhibido en La Habana van de la violencia, desesperación, la inmoralidad de los que quieren redimir moralmente a la sociedad a códigos de lo fantástico, y testifican en obras y en vidas (esa larga trayectoria de cineastas fundadores que merecieron Corales de Honor —Ruy Guerra—, doctorados Honoris Causa —Miguel Littin—), las mil maneras de explorar el mundo, de lo que ha marcado y marca nuestro tiempo.

¿Nos vemos en el próximo?

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