Martes, 12 de Diciembre de 2017
01:53 CET.
Teatro

'Triunfadela', Antonia Eiriz y Tania Bruguera

La más reciente producción de El Ciervo encantado, estrenada en mayo de 2015, ha vuelto a escena con motivo del Festival de Teatro de La Habana, esta vez exhibiendo como preámbulo un documental de Nicolás Guillén Landrián.  

La puesta es sencilla: un loco, que incorpora a sus harapos los micrófonos de una tribuna, arenga al público con reminiscencias del discurso triunfal que hemos escuchado toda una vida en actos, reuniones, "noticias", etc. (Un estudio posterior confirmará si fueron citas textuales lo que oímos.)

Su propósito, según las "Notas al programa" es indagar "en las funciones y realizaciones de la prensa cubana durante las últimas décadas y, también, en una zona particular de nuestras artes visuales", tanto del "quehacer contemporáneo de artistas en formación o en plenitud de su carrera, como con la obra de figuras fundamentales en la Historia del Arte".

No veo otro elemento que identifique las obras visuales citadas en el programa como "fuentes de investigación (e inspiración)" que el temático. Todas aluden a la palabra: bien capitalizada por los medios, por "los de arriba", bien por el demagogo, bien evocando la pluralidad de voces. Algunas muestran el motivo del micrófono o la tribuna, directamente. Dos de ellas comparten, además, el haber metido en problemas a sus autoras por pasarse de la raya ("dentro de la raya, todo; pasando la raya, ningún derecho", reza la política cultural real): Una tribuna para la paz democrática, de Antonia Eiriz y El susurro de Tatlin en su versión para La Habana[1], de Tania Bruguera. Este último se realiza por primera vez en 2009 en el Centro Wilfredo Lam, donde participan blogueros alternativos —entre ellos Yoani Sánchez—, e intentó efectuarse por segunda vez en la Plaza de la Revolución el pasado 30 de diciembre.  Como recordaremos, la tentativa condujo no sólo a la penalización de la autora, sino al famoso arresto de buena parte del público.

Ahora bien, Triunfadela se estrena durante XII Bienal de La Habana, en mayo de este año; momento en que la autora de El susurro de Tatlin se encontraba todavía bajo instrucción policial por su atrevimiento. Por esos días, Tania Bruguera desarrollaba además, en su casa, otro performance (las 100 horas de lectura del libro Los orígenes del totalitarismo) que constituía su respuesta al calvario policial aún padecido.

Deducimos entonces que estos acontecimientos contemporáneos han sido referencia prominente para Triunfadela, obra que puede leerse como el anverso de lo que hubiera ocurrido en la Plaza según el diseño de El susurro... En la primera, los micrófonos  sirven solamente para amplificar el triunfo del Gobierno. La intervención del público es mimética. La segunda patrocinaba, según su estructura, la participación espontánea y la libertad de expresión. La primera no concibe estos deslices. No importa lo absurdo del discurso del triunfo que permite: el poder —representado por la tribuna— le confiere legitimidad y hasta razón.

Claro, que no se sabe qué es peor: si las ficciones triunfalistas o el silencio nuestro. Hacia el final de la obra, el orate asegura que él es un  portavoz del sentir del pueblo y con el fin de probarlo baja del escenario para ceder la palabra al público presente. Uno siente la tensión en las caras cuando aumenta la intensidad de luz hacia la gradería, la incomodidad. Tensión que podría justificarse como miedo escénico si no fuera por el hecho de que una vez conocido el libreto, los participantes elegidos al azar se libran fácilmente de ella para seguir el curso de la obra. Lo que uno siente es este otro miedo que conocemos… De cualquier manera, la intervención del pueblo aquí consiste en leer un texto que el orate le entrega a cada elegido, que constituye una simple variación de lo que ha dicho. Triunfadela, en puridad, es un monólogo.

Con suficiente ironía, me temo, la oficialidad leerá Triunfadela como una "crítica constructiva" —que es lo que se admite ahora— sobre el triunfalismo.  Así, la XII Bienal la acogió con cordialidad durante mayo. Así cambian los tiempos. 

 


[1] Las "Notas al programa" citan la versión uno de El susurro de Tatlin, pero esta nunca llegó a realizarse. Inferimos, por la cercanía, que la referencia (tácita o no) debe ser la versión seis, subtitulada Versión para La Habana.

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Comentarios [ 1 ]

Imagen de Anónimo

Saludos desde Canada.  Nada me ata al teatro pero por curiosidad he visto a “Triunfadela”  gracias a “You tube”. Halle’ el monologo FORMIDABLE. Para aquellos que quieran  distraerse recordando  los Bla, bla, bla,  inutiles del lider y las  mil quinientas tontas reuniones…para seguir en lo mismo…Aqui pasaran un rato divertido viendo y oyendo este monologo…Comienza con  un pequeño corto para recordar aquella “morcilla”…y  Triunfadela comienza en el minuto 15.49… https://youtu.be/wP4G7Mfy2_k