Domingo, 17 de Diciembre de 2017
05:39 CET.
Música

'Parodies', jazz para violín y octeto

Tema

Entre los estudios del musicólogo madrileño Rafael Fernández de Larrinoa hay un interesante rastreo sobre la demolición de fronteras entre el jazz y el clasicismo musical en Europa. Su ensayo nos ilustra por décadas, desde el Rhapsody in Blue de Gershwin, en 1924, hasta la aparición de Gunther Schuller, cómo se van sucediendo una tras otras las escaramuzas vanguardistas que aproximarían las nociones de "centro-periferia" y convertirían la gesta musical afroamericana en promiscua zona franca, susceptible a transculturaciones o experimentos. Sería la llamada tercera vía, iniciada por Schuller, lo que definitivamente uniría los bordes de lo culto y lo popular en el jazz, consolidándolo como mainstream y posibilitando que un Benny Goodman, un André Previn, un Christian Howes, un Igor Stravinsky, un Dave Brubeck y una lista plural infinita transitaran democráticamente por la creciente universalización.

La lectura de Larrinoa sobre el rol pionero de Schuller, no ha sido evento fortuito. Llegué ahí impelido por la sacudida de un álbum de jazz que en estos días va y viene de manera pertinaz desde el estéreo en casa al cd player de mi auto.  Apuesto a no ser el único obseso. Quien escuche Parodies, el más reciente proyecto de Alfredo Triff, se expone a una emboscada que no lo suelta. Y si se trata de un oyente habitual de jazz, mejor que olvide todo paraje conocido porque aquí la descarga desembarca en otro planeta.

Durante sus 61 minutos, será testigo de estructuras musicales que continuamente problematizan el género. Cada tema irá confirmando que la libertad del jazz estriba en su porosidad y capacidad de amalgama, además de las maravillas espontáneas del improvisador. En Parodies, desde el inicio, va a quedar claro que esta expresión musical, como el amor, es abierta y generosa. Todo lo dispensa, todo lo espera. Todo lo transforma.

Improvisación

Al igual que en proyectos anteriores, el autor no puede escapar a su erudición musical y académica. Además de pasión y sensibilidad, Parodies refleja preocupaciones filosóficas a la hora de componer que son prolongaciones del pensador por vocación. Si en el caso de la mística musical de SunRa se revelan las motivaciones interestelares y cabalísticas del excéntrico jazzista, en la impronta de Triff se siente flotar la intransigencia contestataria del dadaísmo. No en vano un reconocido ensayista cubano lo ha apellidado jocosamente Alfredo Dadóvich. Toda su música escrita deplora el convencionalismo tal como lo hicieron los seguidores de Hugo Ball y Tristan Tzara en sus campos respectivos. Esa resistencia al conservadurismo y a la inmovilidad de los legados acompaña a Triff desde su juventud cuando, junto a Mario Daly, Alfredo Gómez y Andrés Sendín, fundó Arte Vivo, aquel proyecto surgido en 1976, cuyo impacto conmocionara al panorama sonoro cubano.

Si en discos anteriores de influencias más vernáculas, el violinista y compositor se desmarcó premeditadamente de ese fenómeno etnocentrista que con toda lucidez el crítico Joaquín Borges Triana ha llamado "narcisismo insular", en Parodies se aventura en raíces ajenas. O no tan ajenas si se toma en cuenta las históricas fusiones del jazz con el componente afrocaribeño. Pero el espíritu del transgresor natural no ha mermado con los años y el compositor se acerca al género con la misma carga anti-fundamentalista que ha desafiado cánones en las expresiones musicales de cuna.

En las 17 piezas que conforman el disco se advierten cruces tangenciales del free jazz, el atonalismo, el jazz sinfónico y hasta de la música concreta, mientras que como telón de fondo se percibe el espectro acústico de la isla. Pero, en todo caso, las fuentes de inspiración son trascendidas y transformadas. Los temas muestran una base armónica específica y los instrumentos emprenden la improvisación sin abandonar la tonalidad. Las polifonías son audaces y la estrategia con que esquiva lugares comunes desorienta a la intuición convencional. Difícilmente la frase musical cumpla con el discurso que la audiencia está aguardando y ese conflicto entre figuración y desfiguración melódica rige a lo largo del disco, reforzándolo en peculiaridad.

El resultado es una extravagancia jazzística plagada de citas disimuladas o "descuartizadas" donde contrastan la intención sutil de parodiar y el propósito de avanzar hacia nuevos planteamientos formales. Mientras corre el disco, nos cautivarán piezas como el danzón con aires de Piazzolla que se desdibuja sigiloso, casi irreconocible, en la neblina de "Obispo y San Ignacio",o la timba subdividida deliciosamente en"Glunk Cannot be Unthunk",ola contradanza que sucumbe a la sofisticada adulteración entre congas en "Estrella de la tarde". Deleite será escuchar al tango habanera correr sinuoso, casi clandestino, tras las cortinas de "999 Calories" o al "Waltz For Igor", concebido como tributo cubista al neoclasicismo de Stravinsky.

En el desfile de temas, las exuberancias y tensiones entre los giros no cesarán de turbar la comodidad del oído. El subjetivismo de "Aurora Borealis", sin renegar del lirismo, se aleja de las soluciones facilistas a un tema poético. El discurso de "Pulp of Bliss" se multiplica en ambigüedades como uno de esos rostros hermosamente deformes e imponentes de Francis Bacon. En "The Prisoner’s Dilemma", se advierten frases fugaces de "Los tres golpes" de Cervantes pugnando por no dejarse atrapar en evocaciones ordinarias.

Todas las piezas del álbum destacan por su exotismo mostrando las posibilidades del jazz para expresar lo aleatorio del pensamiento abstracto en el lenguaje musical. A la rara belleza del conjunto se le añade otra virtud: si bien la batuta-violín pauta con pulso magistral el derrotero de las estructuras, cada intervención instrumental en las polifonías o en los solos marca su propio feudo, posibilitando que brille el trascendentalismo de cada virtuoso que participa del proyecto.

Al protagonismo violinístico de Triff se ha sumado un equipo eminente que incluye músicos de la talla de Raúl Murciano al piano, Alex Berti en el contrabajo, René Luis Toledo en la guitarra, José Valentino en la flauta y el saxo tenor, Cisco Dimas en la trompeta, Carlos Averhoff en el saxo tenor, Horacio "El Negro" Hernández y Robby Ameen en la batería, Sammy Figueroa en la percusión y el inolvidable Daniel Ponce con las congas en sus últimas grabaciones. La agrupación configura una cofradía que se apresta a digerir la propuesta alternativa del autor para después imprimir huella memorable a la parte individual que les toca.  Cada instrumento se entrega al empeño de generar nuevas texturas, dejándose encaminar por el frenesí del violín hacia la improvisación que es el eje fundamental de este trabajo. Llegada la hora, acometen el fraseo bordeando el discurso más "free" dentro de la tonalidad, sin temor a las fricciones rítmicas ni a las fantasías más osadas.

Coda

Una vez más Triff quiebra la brújula con su imaginación musical. En el caso de este último disco, el contrapunto entre la pureza salvaje de la instrumentación del jam session y el elevado nivel conceptual allanan el camino hacia regiones inexploradas en el género. La inspirada cubierta del disco, creación del diseñador Luis Soler, muestra una certera imagen del autor, violín en ristre, en reconcentrada entrega introspectiva. Es claro aviso de los laberintos insospechados que ha transitado la musa.

Luego de escuchar el álbum, me pregunto si en el panorama discográfico cubano o de otras latitudes se inserta un experimento comparable con Parodies. Como Schuller en su tiempo, ahora Triff y sus colaboradores se ubican con este trabajo fuera de etiqueta en una zona de penumbra. Les toca conectar con un segmento afín a la cultura jazzística sin remotamente pensar en la comerciabilidad del resultado estético. Hay que tener agalla y ganas de hacer arte para acometer esta producción con tan pocas probabilidades de lucro. Por fortuna, he tenido el placer de constatar entre amistades bohemias que, una vez adquirido el disco, lo hacen sonar frecuentemente en sus horas meditativas porque los temas logran despeinar el curso de las ideas y les convierte en “cerebros libres”.

Se me antoja asociar esta aventura con una de mis lecturas de adolescencia, The Murder of Roger Ackroyd de Agatha Christie, hábil narración en primera persona donde en final sorprendente el asesino resulta ser el sujeto que hace el relato. Un clásico literario con trama de imposible imitación que alteró convenciones preestablecidas. En la grabación de los temas de Parodies, el "descuartizador" de Douglas Road —léase Alfredo Triff— y sus talentosos secuaces, someten a ensañamiento desconstructor las tendencias tradicionalistas y neotradicionalistas del género. Tal vez ello explique la irreverencia del dígitus impudicus de Triff que remata la contraportada del disco. Pero, sorpresa para los que esperaban un crimen, porque aquí no hallan cadáver ni morgue. Este cuerpo se levanta y anda. Un jazz diferente, vital, poderoso, pleno en sonoridades de última hora, emerge y escala hasta la cúspide del buen gusto. Cabe entonces la asociación inicial. Semejante a la novela de Christie, es probable que Parodies sea otro desconcierto irrepetible.

Alfredo Triff: 'The Prisoner's Dilemma'

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Comentarios [ 6 ]

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Flaco felicidades en tu disco nuevo,is awesome.Flaca los AMOXiomara Laugart 

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Un gran disco y el escucharlo te deja con una gran experiencia musical.Demi

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Un gran disco sin concesiones comerciales .  Simplemente por hacer buena musica.  Felicidades.Arturo Rodriguez

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El Flaco al violín, Rossie a sus versos y Jesús a su prosa....así todo queda equilibrado. Un abrazo amigos....se os quiere . 

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Felicidades al maestro Alfredo Triff. Definitivamente hay que escuchar el nuevo àlbum. Juliana Ortiz

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Jesus, es un deleite leerte.  Que bien escribes hombre!  Cuanta erudiccion, belleza, hondura.  Es una clase magistral! Felicitaciones al "Flaco" por su inimitable creacion.  Me vino a la cabeza una frase mientras escuchaba "Parodies":  filosofia de vida en movimiento.  Mua...AT