Jueves, 14 de Diciembre de 2017
10:28 CET.
Teatro

Ibsen en nuestra mecánica cotidiana

Cuando existe una dramaturgia bien balanceada en la que se van revelando secretos y motivaciones gradualmente, un estudio profundo de personajes y un director que hace funcionar todo eso sobre el escenario, estamos frente a un engranaje donde todo encaja eficazmente. En otras palabras, estamos frente a una obra como Mecánica, del joven dramaturgo cubano Abel González Melo, quien con esta pieza obtuviera el Premio Nacional de Dramaturgia "José Antonio Ramos" (UNEAC, 2014). La puesta es del grupo Argos Teatro, bajo la dirección de Carlos Celdrán, con actuaciones de Carlos Luis González, Yuliet Cruz, Rachel Pastor, José Luis Hidalgo que alterna con Waldo Franco, y Yailín Coppola.

La obra regresa durante este mes a la sede de Argos Teatro, en Ayestarán y 20 de mayo, luego de su estreno el pasado 2 de mayo. Quienes la han visto, la describen como una versión cubana de Casa de muñecas, de Henrik Ibsen. González Melo, afirma valerse de Ibsen para "desenmascarar la obscenidad". Mecánica prueba que en la sociedad moderna, también en la cubana, cualquiera, hombre o mujer, puede ser una muñeca y cualquiera puede dar un portazo, para salir… o para trancarse dentro.

Celdrán nos propone una escena realista y calculada, que en su precisión me recuerda la de El alma buena de Sezuan, primer trabajo suyo que vi, en 1999. Pero ahora, como sus obras de los últimos años, escarba en lo más profundo del ser humano de la Cuba del siglo XXI. Aquí cada elemento cumple un objetivo. Cuando el protagonista Osvaldo (Carlos Luis González) abre el refrigerador, uno de esos pequeños que he visto en los hoteles… de las películas (ya en el programa se anuncia que toda la acción transcurre en la lujosa suite-despacho del matrimonio Telmer del Hotel Gran Cuba) parece un gesto superfluo, sobrante, destinado a arrancar una exclamación de asombro al público. Lo logra. Ese instante, la visión del contenido del refrigerador, marca la diferencia entre dos mundos: el que vemos sobre el escenario y el nuestro, al menos de la mayoría de los espectadores que no pudimos evitar el "wow".

En 2014, el profesor Manuel Calviño analizaba en su programa televisivo Vale la pena el escándalo de los exámenes de ingreso vendidos y afirmaba que ya no podíamos aspirar a la igualdad. Lo sabíamos, llevamos año viendo, padeciendo y sobre todo, adaptándonos, a la desigualdad. Lo asombroso era ver a alguien afirmarlo en un programa de nuestra televisión oficial (sinónimo de única). Me percaté entonces de que la palabra igualdad ha ido desapareciendo paulatina e irreversiblemente del discurso oficial cubano.

Aquí todos saben que algunos viven en otro mundo, y no hablo del médico que cumplió misión y pudo reparar su casita, comprarse un carrito o un plasma. Pero estamos inmersos en nuestra propia mecánica de supervivencia, sin tiempo para preguntarnos cómo funciona esa otra mecánica de quienes viven a todo tren.

Esta Mecánica nos muestra un mundo de gente que se quita el estrés con whisky, se da el lujo de botar unos spaghetis con camarones y vegetales, y cuando se enferman de los nervios "tienen" que viajar a Europa. Y viajan como turistas, con su propio dinero, sin que ningún extranjero los invite ni cubra sus gastos, y además, se compran ropa.

No se trata de ministros (al menos no en la obra), sino de directivos del turismo. No confundir con quienes viven de propinitas (que con el tiempo permiten comprarse un plasma o un aire acondicionado). El sector del turismo también es una sociedad dividida en clases, y entre estas hay una lucha sangrienta. En este mundo, la mecánica es la del chantaje y la traición.

Pero la dramaturgia de González Melo no se limita a mostrarnos este mundo, sino que disecciona y hurga en sus personajes, al punto que al avanzar la obra vemos que todo este lujo y este confort tienen agarrados a los personajes por el cuello. Por momentos se percatan, pero la opción, para el que queda fuera, es largarse en una lancha. Vivir como vive el pueblo no es alternativa viable. Como si la única forma de conformarse con vivir como el pueblo, del que no se sienten parte, fuera no conocer algo mejor. "Para que mis hijos vivan como Dios manda…" hay que robar, chantajear o partir. A su manera, también están jodidos. Aunque muchos dirán que es mejor estar jodidos con el whisky en la mano y nevera repleta, que comiendo picadillo de soya.

Mecánica muestra que, a pesar de tantos años de ¿socialismo?, el cubano tiene un potencial enorme para adaptarse (y agarrarse) a la buena vida.

Aquí no hay buenos ni malos. O al menos, no hay buenos. Hay víctimas. De la propia codicia y la doble moral, del miedo. Hay que lucir bien ante el Partido. Un partido que es como una amenaza esparcida en el aire, presente y vigilante todo el tiempo. Un partido al que debes pertenecer para ocupar determinados  puestos de dirección. Nuestra sociedad cambia al punto que la mujer asume el apellido del hombre "…para que todo fuera más fácil con los alemanes". Todo cambia, pero bajo el control del Partido.  

De las actuaciones qué se puede decir. Que Yuliet Cruz se ha vuelto predecible. Desde que aparece en escena sabes que su trabajo será, cómo mínimo, excelente. Carlos Luis resulta flojo, superficial e inconsciente. Justo como lo requiere su rol. Rachel Pastor y José Luis Hidalgo, aún sin alcanzar la intensidad de los protagonistas, no dejan qué desear. Yailín Coppola es otra cosa: una actriz llena de energía, carisma, histrionismo. Todo para que el público simplemente goce con cada entrada suya en escena.

Mecánica es una obra para no perderse, aunque durante los dos últimos fines de semana sus presentaciones se hayan visto afectadas, primero por la visita del papa Francisco, y ahora por la competencia de otros eventos culturales. Es también una obra que tiene el mérito de inquietar y despertar preguntas sobre el destino del país, de nosotros como personas. Si así viven quienes dirigen el sector del turismo, cómo entonces viven los ministros, nuestros gobernantes, aquellos que por tanto tiempo nos exigieron austeridad.

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Comentarios [ 2 ]

Imagen de Anónimo

Por que no la graban y la sube a Youtube?.....de esa forma todos podemos verla...digo...todos los que tenemos internet....

Imagen de Anónimo

Que Pena que no la pueda ver. Excelente pieza según la crítica. Trabajos como estos se necesitan.