Sábado, 16 de Diciembre de 2017
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Cine

La Bergman en su centenario

Muchos solo la recuerdan por la memorable Casablanca, (1942, Michael Curtis) al lado de Humphrey Bogart, olvidando la excelencia de interpretaciones en teatro, cine y televisión que le valieron tres Oscar, dos Emmy y varios Globos de Oro, sin contar los premios europeos: Ingrid Bergman, actriz sueca nacida en Estocolmo un 29 de agosto de 1915,  ícono de la cinematografía mundial del siglo XX, arriba al centenario con la  modestia y delicadeza de una irradiación sostenida en la organicidad de la ilusión: hacernos viajar en el tiempo y espacio, pura magia.

Huérfana de madre cuando tenía dos años de edad, Ingrid fue criada por familiares a la muerte de su padre, 11 años después. Para combatir su extrema timidez decide hacerse actriz: "Soy más yo misma cuando soy otra persona". Da sus primeros pasos en el cine a los 16 años, pero su verdadero amor era el teatro.

A los 18 es elegida entre cientos de aspirantes para estudiar en la Real Escuela de Arte Dramático de Estocolmo. Al jurado, según cuenta la actriz, tiempo después, les encantó "su seguridad e impertinencia, su talento innato". Su primera película fue Munkbrogreven de Edvin Adolphson, sin embargo es Gustaf Mulander, quien la dirigiría en siete filmes, el que la lleva a ser declarada promesa del cine sueco, en 1935.

En 1937 se casa con el dentista Peter Lindström y viaja a Estados Unidos en 1939 para realizar la versión en inglés de Intermezzo, bajo la dirección de David O. Selznick.  Se convierte en estrella al protagonizar Casablanca, en 1942, al lado del actor Humphrey Bogart. Nominada al Oscar en 1943, la María de Por quién doblan las campanas, lo obtiene por primera vez con La luz que agoniza  de George Cukor, en 1944.

Se convierte en una de las primeras rubias de Hitchtcock, al trabajar en Spellbound (1945) y luego en Encadenados (1946). Con el maestro del suspenso realizaría Atormentada (1949). En este año Ingrid se dirige a Italia, para rodar Strómboli, a las órdenes de Roberto Rosellini. Iba por unos cuantos meses que se convirtieron en siete años, seis películas y una catástrofe artística y financiera para ambos, Rosellini y ella.

La relación sentimental y posterior matrimonio con el director italiano le costaron ser declarada persona non grata en Estados Unidos, el reproche de la Iglesia Luterana de Suecia y el odio fanático de miles de espectadores, sobre todo norteamericanos, que le escribían cartas insultantes.

En 1956, Rosellini le permite filmar con Jean Renoir Elena et les hommes y el éxito regresa. Ese mismo año protagoniza Anastasia en Inglaterra, filme por el que ganaría su segundo Oscar.

Ingrid hablaba fluidamente cinco idiomas: sueco, inglés, italiano, alemán, alemán y francés, lo que le permitió hacer giras exitosas de teatro por Estados Unidos y Europa de 1950 a finales de los 70, con obras de Eugene O'Neill, Maxwell y Robert Anderson, Ibsen, Turguéniev, Bernard Shaw y Somerset Maughan.

La asombrosa, brillante temporada de 1956-57 en París, con Té y simpatía de Robert Anderson, es uno de los hitos de su carrera teatral,  según las reminiscencias de los críticos.

Bergman vs. Bergman

Tres años más joven que Ingrid, a Ingmar Berman, el gran director sueco, le seducía poder trabajar con la mítica actriz, lo que logra en 1978, casi al final de la vida de Ingrid, ya enferma de cáncer. Fue en Sonata de otoño, según algunos una de las mejores interpretaciones de la Bergman, por la que fue nominada nuevamente al Oscar.

El encuentro de los dos fue decepcionante para el director, según cuenta en sus memorias: fue difícil para él hacerla actuar ante las cámaras de acuerdo con sus propósitos, sus intenciones. La enfermedad hacía parecer lela a la actriz, que olvidaba diálogos o se iba fuera del marcado del cuadro.  

Igual que hiciera con el actor y director Víctor Sjöstrom, uno de los arquitectos del cine sueco y uno de los maestros indudables del arte fílmico de todos los tiempos, a quien Bergman  rindió homenaje al hacerle actuar a los 78 años como protagonista de Fresas silvestres (Sjöstron murió poco después de concluida la filmación), Ingmar Bergman pretendía  homenajear a la gran actriz. Y resultó ser una desilusión.

Ella moriría cuatro años después de haber realizado esta película.

El final

La Bergman trabajó hasta el final de su vida (cine, teatro, televisión). Falleció en Londres, bajo los cuidados de sus hijas, las gemelas Isabella e Isota Rosellini, el día de su cumpleaños, en 1982. Tenía 67 años. Su último papel fue el de Golda Meir en el  telefilme Una mujer llamada Golda,  por el que recibió un Emmy ese mismo año de 1982 y un Globo de Oro, póstumo, en 1983.

Tres directores marcaron su carrera de manera determinante: Gustaf Molander —seis películas—, Roberto Rosellini —siete películas— y  Alfred Hitchtcock —tres películas.

Casi perfecta, misterio magistral de los cinéfilos, la Bergman permanece todavía en el mundo.

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Comentarios [ 6 ]

Imagen de Anónimo

Hay que tener buen grado de retraso mental para no conocer su origen en Estocolmo !!!!!

Imagen de Anónimo

Anon 30 ago 5:07 p.m.No coma tanta m... de objetor sistematico. Estamos hablando de Ingrid Bergman, a boca llena. Donde esta la version cubana? Vaya a que le den por el prohibido.

Imagen de Anónimo

Los cubanos como siempre tan admiradores de la cultura occidental, ignorantes y despreciadores de su propia cultura. Ahora mismo no recuerdo el nombre de la mas famosa actriz cubana, ohh si, perdon, lo que pasa es que La Bergman nacio en Cuba!!

Imagen de Anónimo

¡Maravillosa actriz! Su libro de memorias desgrana todas sus vivencias, lo que más me llamó la atención fue el consejo que da a las personas que se divorcian: No utilicen a sus hijos como armas o forma de trueque.

Imagen de Anónimo

Sin dudas la mejor actriz que ha dado Cuba: mucho mas grande que Mirta Medina.El Mongo

Imagen de Anónimo

Realmente Ingrid fue una actriz muy competente. No se pueden olvidar otros títulos de pelis protagonizadas por ella, como fueron "Luz que agoniza (1944)" de George Cukor al lado de los eficientes Charles Boyer y Joseph Cotten, "Juana de Arco (1954)" de Rosselini, "Anastasia (1956)" de Anatole Litvak junto a un brillante Yul Brynner, o el drama "No me digas adiós (1961)" de Litvak acompañado de Yves Montand. Simpática interpretación tuvo en la comedia "Flor de cactus (1969)" de Gene Saks junto al cómico Walter Matthau y la debutante Goldie Hawn. Ya en el ocaso de su vida el género de drama romántico lo podía interpretar como la mejor, un ejemplo fue "Secretos de una esposa (1970)" de Guy Green con el experimentado Anthony Quinn. Sus premios y nominaciones en su carrera solo fueron superados por los alcanzados por Katharine Hepburn.