Lunes, 18 de Diciembre de 2017
23:59 CET.
Literatura

Federico García Lorca en La Habana

Deslumbró a los intelectuales y conmovió al público que asistió a sus conferencias y recitales, se reafirmó como el poeta más reconocido y admirado de España, encontró amigos que aprendió a querer por correspondencia y se instaló en una ciudad cuyos portales y patios daban a su casa de Granada. Pero la verdad es que en los tres meses que pasó en Cuba, en 1930, Federico García Lorca halló la verdadera felicidad con los bongoseros de los bares de la playa de Marianao y con los treseros de las cantinas del puerto de La Habana que iluminaban y humedecían sus sones con marejadas de Carta de Oro, un ron puro y regañón que produce, primero, una gran ilusión y, después, una melancolía salvaje.

Así lo recuerda el poeta Nicolás Guillén, su anfitrión natural en ese viaje porque tenían una hermandad en cierta noción de la picardía y el disfrute de la vida y el cubano le debía unos acordes de guitarra a la hora de escribir poemas. Recibió al español como a un hermano que regresa a casa en la mañana del 7 de marzo (Lorca permaneció en la Isla hasta el 12 de junio) invitado por la Sociedad Hispanocubana de Cultura, que presidía el sabio Don Fernando Ortiz.

En la memoria del poeta de Sóngoro Cosongo estaba siempre un García Lorca vivo, intenso, entregado a la aventura de su paso por el mundo como ser humano amante de la poesía y la música que vivía la experiencia en la Isla sin asombro, con la alegría de quien comprueba que lo que había soñado o imaginado sobre ese país era una realidad cálida y luminosa que podía tocar.

Adolfo Salazar, el crítico musical español que coincidió con Lorca en La Habana, apuntala los recuerdos de Guillén. Escribe que el granadino solía pedirle a los músicos en las tabernas que tocasen una pieza que le gustara. "Enseguida probaba con las claves, y como había cogido el ritmo y no lo hacía mal, los morenos reían complacidos haciéndole grandes cumplimientos. Esto le encantaba. Un momento después, Federico acompañaba a plena voz y quería ser él quien cantase las coplas."

Lorca fue el centro de la vida cultural de Cuba mientras permaneció en la Isla. Lo recibieron, lo convidaron y asistieron a sus conferencias los más importantes escritores criollos y algunos extranjeros que estaban de paso, como el escandaloso y controvertido colombiano Porfirio Barba Jacob, que fue su asesor privado en las madrugadas habaneras.

Se le admiró y se le quiso. La prensa reseñó las cinco conferencias que ofreció y elogió su sabiduría, su dicción, el rigor de sus exposiciones. Emilio Roig de Leuchsenring, el historiador y ensayista habanero, le dio un pasaporte etéreo y cariñoso cuando lo incluyó en la tribu de intelectuales isleños en una nota periodística en la que aseguraba que el poeta español estaba completamente "aplatanado", es decir que se comportaba, para complacencia de todos, como un cubano más.

Sus aventuras nocturnas, la diversidad y el desparpajo del pelaje de sus compañías y la sorpresa de sus amaneceres en La Habana, Pinar del Río, Matanzas, Yumurí, Varadero, Cienfuegos o Santiago de Cuba, pasaron a humanizar al visitante frente a los criollos y a darle un valor añadido a su rebeldía personal, la irreverencia y la ruptura tajante con las convenciones y los cercos sociales.

El escritor Juan Marinello habló de Lorca como "un muchacho presuroso y alegre" que llegaba de la Gran Manzana donde había escrito Poeta en Nueva York. El hecho de que en Cuba se le recibiera como a un maestro tiene que ver con la certeza de que estaban en presencia de un verdadero fuera de serie, un poeta sensible y culto, atormentado y lúcido, encerrado en el pecho de joven que cumplió sus 32 años bajo la candela del sol de Santiago de Cuba.

El poeta dejó en ese viaje la huella de su literatura y la marca de sus virtudes y sus manías como persona. Se decepcionó de viejos amigos que conocía por cartas como Enrique Loynaz del Castillo, que le pareció, en persona, un tipo aburrido y desajustado. Al mismo tiempo, se hizo compañero de fiestas y cómplice de su hermana Flor, una muchacha loca que escribía poesía y pensaba que un buen poema era tan apasionante como un carro descapotable. Miraba con sorna porque, según él, hacía malos versos, a Dulce María, la otra hermana de la familia, que se iba a ganar el Premio Cervantes mucho después, cuando ya Lorca iba y venía todos los días a la eternidad.

Los críticos han hallado y hallarán todavía muchos asuntos trascendentes que estudiar sobre esa estancia del poeta español en Cuba. Creo que, para aquel hombre que se presentaba sencillamente como Federico García, lo más importante de la visita de Lorca fue que le pudo ofrecer un tiempo de felicidad personal, de ventura en su vida privada que estuvo en su memoria hasta el día en que lo asesinaron, seis años después de que se retratara con su traje blanco junto a un niño habanero que vendía periódicos y le escribiera estas líneas a sus padres: "La Habana es una maravilla, tanto la vieja como la moderna. Es una mezcla de Málaga y Cádiz, pero mucho más animada y relajada por el trópico. El ritmo de la ciudad es acariciador, suave, sensualísimo y lleno de un encanto que es absolutamente español, mejor dicho, andaluz. La Habana es fundamentalmente española, pero de lo más característico y más profundo de nuestra civilización. Yo naturalmente me encuentro como en mi casa".


Este artículo apareció en El Mundo. Se reproduce con autorización del autor.

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Comentarios [ 23 ]

Imagen de Anónimo

Gracias por este artículo. Y su obra póstuma "El público" fue empezada en La Habana y casi concluida alli. La leyó en la casa de los hermanos Loynaz en la calle Línea pero Dulce Maria le dijo que era un disparate. Ella guardaba los casos y copas donde bebieron sus invitados ilustres como Juan Ramón Jiménez, Gabriela Mistral, el Conde Agustín de Foxa y muchos más pero ignoro donde fueron a parar después de su muerte.

Imagen de Anónimo

Para anónimo de 16 ago 2.05 pm, Juan Marinello cuenta como Lorca y Porfirio Barba Jacob,que era maricón superloca, estando en un bar del puerto,este último le dio una mordida en el brazo a un cantinero y entonces los sacaron a los dos a patadas de allí,eso lo leí hace unos años en la Gaceta de Cuba.En cuanto a si Lorca estuvo en Santiago de Cuba, hay todo un misterio alrededor, al parecer nunca fue, pero eso es tan decepcionante debido a su famoso poema,que sus muchos admiradores lo han inventado. Se habla en un libro que se editó hace unos años y que tengo en Cuba pero ahora no recuerdo la autora.El cosaco.

Imagen de Ernesto Gutiérrez Tamargo

Rectifico errata: "En Defensa de la Hispanidad" (Ramiro de Maeztu).

Imagen de Ernesto Gutiérrez Tamargo

Exquisita reseña, querido Raúl: emotiva, elocuente y entrañable de un Lorca que se encandiló con una Cuba que ya murió  (fagocitada por la anticubania de los Castro). Hubo otro escritor español --nada parecido a Lorca (que mataron por desidia los del bando franquista)--, Ramiro de Maeztu  (al que los comunistas de Carillo asesinaron en Aravaca, Madrid) [--ya sabes que la Guerra Civil Española tiene repartidos a pares sus víctimas de un lado y otro--], que también quedó impregnado de Cuba en su viaje y que al regresar a España escribió el mejor ensayo del hispanismo moderno: "En Defensa de la Huspanidad". Cuba, la que murió, era capaz de inspirar lo todo. La actual, lo abominable todo. Queda con bien. Te felicito. Iremos a Santiago... como Lorca.

Imagen de Anónimo

Felicito al poeta Raúl Rivero por este resumen tan lírico como informativo. Hay un folleto del maestro Carlos Ripoll sobre el mismo tema que tiene tanta información de primera como hay en este ensayo.ENRICO MARIO SANTÍ

Imagen de Anónimo

Todo asesinato de un ser humano es condenable y triste muy triste pero el asesinato de Federico Garcia Lorca dejo en el mundo una tristeza tan grande que solo de pensar en eso mis ojos se llenan de lagrimas. Lo triste y decepcionante y cruel es que siguen las dictaduras cegando la vida de gente irrenplazables.

Imagen de Anónimo

Hay una resen~a de una conferencia que dio FGL en la Habana donde de pronto acbada esta empezo a llover un diluvio tropical. Dicen que el se fue a los ventanales y estaba absorto comteplando en silencio esa obra de la naturalez.

Imagen de Anónimo

Hay que tener talento para decir algunas verdades con tanta suavidad. Felicidades Rivero.KT

Imagen de Anónimo

Gracias, Raul Rivero por esta entranable cronica.  De un magnifico poeta a otro.  Enhorabuena!

Imagen de Anónimo

Es Enrique Loynaz Muñoz.