Sábado, 16 de Diciembre de 2017
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Otorgan a Nat Chediak el premio Lydia Cabrera en Miami

Cuando Aida Levitán me llamó para decirme que le habían otorgado el premio Lydia Cabrera a Nata Chediak me pareció fabuloso.

Lydia fue una de las intelectuales más cubanas y, al mismo tiempo, más internacionales, con mayores contactos con el mundo europeo. A Lydia le hubiera encantado que alguien como Nat Chediak se asociara a su nombre y a su gloria personal.

La importancia de Nat está vinculada a la consagración de otros artistas. Ese es un papel fundamental en el mundo del arte.

El arte necesita cánones. Necesita difusores. Necesita vectores. No basta con el talento de los artistas. Son indispensables los críticos, los animadores, las personas que se convierten en puentes entre los artistas y el gran público.

La gran pintura del Renacimiento es la de Rafael, Leonardo o Miguel Ángel, pero estamos seguros de ello porque el magnífico arquitecto y discreto pintor Giorgio Vasari escribió la Vida de los mejores arquitectos, pintores y escultores de Italia. Sin esa consagración tal vez todo habría sido diferente.

Los conterráneos de Vasari en la ciudad de Arezzo, en la Toscania, lo hicieron gonfalonero. Era el que llevaba el estandarte de la ciudad por su dedicación al arte. Gran distinción.

Nat, de alguna manera, es el gonfalonero del arte en Miami. Su desvelo con el Festival de Cine contribuyó a colocar esta ciudad en el mapa cultural de Estados Unidos. El moderno balneario demostró que podía compararse con Cannes, con Berlín o con Venecia.

El acercamiento al jazz latino de Nat Chediak y a la mejor música cubana y latinoamericana demostró que no sólo tenía un gran ojo para el cine. También tenía un oído muy fino para la música. Bebo Valdés fue un extraordinario pianista, eso lo sabemos, pero quienes lo clavaron en la memoria de los melómanos fueron Nat Chediak y Fernando Trueba.

En ese sentido, su vinculación a Fernando Trueba ha sido muy afortunada. Entre los dos han contribuido a difundir cierta música y cierta historia de una manera eficaz y talentosa que nos ha hecho pasar momentos muy felices a todos.

Ayer le preguntaba al fotógrafo Pedro Portal por qué creía que Nat Chediak merecía este premio Lydia Cabrera. Me dijo algo que me dejó pensando: "porque trajo a Miami cierto espíritu internacional que existía en la cultura cubana, especialmente en La Habana de los años 50. El gusto por la cinemateca, por el mejor cine europeo o internacional, viajó con él a Miami. Y luego la pasión por la buena música cubana y por el jazz latino, acaso la primera manifestación del ser cubanoamericano".

Por todo eso, merece este premio. Es, lo digo con gran admiración, nuestro mejor gonfalonero. El que más alto ha clavado el estandarte del arte en Miami.

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