Viernes, 15 de Diciembre de 2017
14:51 CET.
Música

El poder del idioma español

No se llama de verdad Juana Bacallao. No sabe cantar ni bailar, desafina y se le olvidan las letras de las canciones o las confunde y las reinventa. Aprendió sola a tocar el piano y las tumbadoras. Es una antigua empleada doméstica que se sube a los escenarios y hace cualquier cosa. Por eso mismo, ahora a los 95 años, recién casada y llena de ilusión, es la última diosa viva de los cabarés cubanos de toda la vida y una leyenda de la música popular del Caribe.

Nació en el barrio de Cayo Hueso, en la zona de Centro Habana, en un familia pobre y la bautizaron como Neris Amelia Martínez Salazar, pero el compositor Obdulio Morales la escuchó cantar un día en la casa donde trabajaba como criada y la convidó a que estrenara en un espectáculo una guaracha llamada "Yo soy Juana Bacallao", escrita para una voz como la de ella. Con esa canción se volvió a bautizar y le faltaba otro: Juana la Cubana.

En los años 50 hizo su carrera en los clubes de segunda, tercera y cuarta categoría de la capital cubana, con ese público selecto y pendenciero que marcó definitivamente su estilo en escena. Aunque estuvo muchos años prohibida en la televisión durante las dictaduras de Fulgencio Batista y de Fidel Castro, poco a poco llegó a los programas musicales más importantes y a la pista de Tropicana, donde compartió actuaciones con Nat King Cole, Bola de Nieve, Lucho Gatica, Cantinflas y Chano Pozo y otros artistas de aquellos mundos.

Ha trabajado, además, en México, España, Venezuela, Estados Unidos y República Dominicana.

Es famosa por su afán de vestir con elegancia y se dice que su atuendo lo han diseñado siempre las envidiosas amantes de su maridos oficiales. También se vanagloria de ser una artista culta y que domina a la perfección el idioma español.

En ese sentido se perfila su único encuentro con Fidel Castro. Se dice que estaba de visita oficial en Cuba la gran cantante mexicana Toña La Negra y pidió actuar junto a Juana Bacallao. Le avisaron a la cubana y se presentó en el teatro donde estaba Castro en primera fila.

La artista llegó tarde y, por lo tanto, hizo esperar una media hora al dirigente, a la invitada extranjera y al público. Juana Bacallao llegó resuelta al micrófono y le dijo directamente al entonces presidente del país: "Disculpe mi tardanza, pero estoy un poco nerviosa porque es la primera vez que actúo para usted y sus secuaces".

Ese momento se considera la primera crítica directa, aunque inconsciente, de un artista al jefe del régimen. Juana Bacallao con sus historias de irreverencias inocentes es, de todas formas, en los escenarios y en las calles, un recuerdo remoto de la libertad.

Juana Bacallao: 'Que me digan fea'

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Comentarios [ 24 ]

Imagen de Anónimo

No se pero el post destila una envidia con tufo racista. Yo he visto espectáculos de Juana Bacallao y han sido muy divertidos. Mis respeto a la reina de las noches habaneras. Es música popular cubana Raúl Rivero.

Imagen de Joshua Ramir

es bien simpatica Juana, siempre bromeando, mucho doble sentido y habla popular, jamas una mala palabra... como dice el Rudy ''una artista del relajo...'' y a que cubano de antes o de ahora no le gusta el relajo (con orden)?... bajame la tribu asere!!!

Imagen de Anónimo

Siempre me he preguntado si podía existir alguien a quien le gustaran los pujos, payasadas, chusmería y berridos presentados como arte de esta señora....Pues sí, parece ser que exite alguien y "alguienes".¡Qué gente, caballero, pero qué gente!***cabuya***

Imagen de Anónimo

Este bello artículo de Raúl Rivero me ha traído a la memoria otra empleada doméstica, negra y gorda de voz maravillosa: Fredesvinda García Herrera, musa de compositores famosos como Ela O'Farrill y de escritores de la altura de Guillermo Cabrera Infante. También como Juana Bacallao, con quien guarda algunas simetrías, aunque no de carácter, transitó por pistas de segunda y tercera categorías hasta llegar a estrella del show del cabaret Capri y en televisión donde cantó junto a Beny Moré y Celia Cruz en un memorable Jueves de Partagás. A Freddy le encantaba la vida bohemia, algo que atentaba contra su delicada salud, ésto unido a su sobrepeso y otros excesos terminaron con su vida prematuramente en la cúspide de su fama en julio de 1961.

Imagen de Anónimo

Un dato importante que olvdia el artìculo es que su padrino de buutizo fue el gran cubano Juan Gualberto Gòmez 

Imagen de Anónimo

Senores el cubano es chusma y le encanta bromear.hasta el mas fino de los finos es un relajo.y siempre se le sale la chusma en algun momento.es algo nuestro.ademas como de ia mi mama hemos desarrollado ese sentido del humor pa no volvernos locos.mi mama decia hay que reirse pa no llorar.a la senora que dios le de muchos anos mas de vida.es una gloria de la cultura cubana.nada que nacio conbuena estrella de sirvienta a estrella.dios tiene todo escrito y programado para cada ser humano.

Imagen de Anónimo

Juana Bacallao fue la primer PERFOMANCERA cubana... Los demás, son imitadores... ¡Cómo me guta hablal epañol, Goldo!

Imagen de Anónimo

Yo soy un hombre culto, digamos un comemierda(al de las 4:00 PM&B)

Imagen de Anónimo

Hoy hay gran reparto de javitas para las ciberclarias de estos comentarios, a correr pa Villa Marista chivatones, a recoger las sobras que le da la dictadura. Mientras escriben, Antonio Castro, el hijo de la hiena de Biran, esta disfrutando de los millones que le han robado al pueblo cubano. Ya vieron el video del hijo de puta en Turquia?

Imagen de Anónimo

Realmente los programas de la TV en Miami (no sé en otros lugares) conducidos por cubanos y para un público cubano y aspirando a seducir a los latinos, practican un humor del peor mal gusto y facilismo. No sería exagerado afirmar que, salvo honrosas excepciones, se trata de mediocres payasos sin aparentemente nada que decir, excepto sus grotescos disparates. No creo que la Bacallao desentonara en esa corte de los milagros, de hecho sería una nota auténtica y de real locura, no como esos espantosos bufones de la televisión, incluidos sus gritones conductores, dispuestos a cualquier ridículo por una suma negociada de dinero.