Viernes, 30 de Septiembre de 2016
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Festival de Cine Francés (III)

'Amar, beber y cantar', de Alain Resnais, y 26 filmes más

7.000 espectadores en apenas una semana imponían récord de asistencia y confirmaban, gracias a la calidad de algunas de sus propuestas, al 18 Festival de Cine Francés como el mejor celebrado en Cuba hasta ahora.

Aplicando prácticamente la totalidad de las claves y tendencias estéticas del audiovisual de hoy, la diversidad de temas y géneros mostrados en los 26 filmes que conformaban la muestra cinematográfica lograban su finalidad: entretener.

Ganadoras de numerosos premios internacionales —Venecia, Berlín, Césars— son historias que se vencen en el momento mismo de su consumo, obras que difícilmente podemos recordar o imaginar apenas unos días después, ficciones superadas largamente en interés e impacto emocional por  largometrajes documentales como Canta tu prepa primero (2014), ópera prima de David André; El patio de Babel (2013), de Julie Bertuccelli; Homos, el odio (2014), de Éric Guéret; y la espectacular, apabullante Érase una vez un bosque (2013), de Luc Jacquet y el equipo que realizara La marcha de los pingüinos: hermosa, eficaz fotografía de planos y ángulos extremos, que  sitúan al espectador en medio de una trama visual impresionante.

Restaurados para la ocasión, se entregaban a la Cinemateca cubana cuatro clásicos del cine mundial, de directores franceses: Cero en conducta, (1933), de Jean Vigo; La Gran ilusión (1937), de Jean Renoir; Los niños del paraíso (1945), de Marcel Carné; y Casco de oro (1952), de Jacques Becker.

Además, tres experimentados, renombrados directores acudían con lo más reciente de su producción: El capital (2012), de Costa Gravas —a quien se le rindió homenaje en el evento—; Crónicas diplomáticas (2013), de Bertrand Tavernier; y Amar, beber y cantar (2014), de Alain Resnais, su última película, estrenada un mes antes de morir.

Resnais, un ejercicio de estilo

El más personal, enigmático y menos glamoroso de los autores de la Nueva Ola, Alain Resnais —Hiroshima, mi amor (1959), El año pasado en Marienbad (1961), Muriel (1963)…—, entregaba Amar, beber y cantar (2014), para cerrar el ciclo de su vida profesional, a los 91 años, con su habitual maestría.

Se trata de un filme sobre la memoria, el recuerdo de los años de juventud de cuatro amigos, tema caro a este director. Así, se desarrolla a través de evocaciones y sueños, donde el pasado recordado es el presente de los protagonistas. La voz en off, los letreritos al estilo del cine mudo, los bocetos de las locaciones, gráfica insinuante, son recursos que unidos a la excelente banda sonora y la música, logran una mesurada obra de cámara, teatral, musical, popular, que va creciendo hasta su previsible final.

Con Resnais, el arte, rara avis, también estuvo presente, por derecho, en la primera semana de un evento que ha sido bien acogido por los amantes de esta cinematografía. Aún quedan por ver los animados para niños y adultos —donde se lucen los franceses— y varios largos de ficción que son estrenos en el país. Nos vemos.

Comentarios [ 1 ]

Imagen de Amadeus

Menos  mal que no trajeron nada de Erich Rommer, un petardo insoportable.