Viernes, 30 de Septiembre de 2016
13:00 CEST.
Fotografía

Dos miradas que merecen atención

La Fábrica de Arte Cubano (FAC), proyecto cultural concebido por el músico X Alfonso, incentiva a buscar alternativas dentro de un mismo local, exposiciones de arte, conciertos, cine, teatro, conferencias y videos.

Ahora llaman la atención dos muestras fotográficas totalmente opuestas, pero de temáticas que las hacen merecedoras de observación y reflexión.

La primera, Dormir con, pertenece a dos fotógrafos: el argentino Enrique Rottenberg, radicado en Cuba, guionista, director y productor cinematográfico con varios premios en la Academia de Cine Israelí; autor además de la novela La mujer de su vida. Y su colega, el cubano Carlos Otero Blanco, especialista en fotografía nacional subacuática, galardonado con múltiples premios en esta categoría, como el del Campeonato Mundial de Fotografía Subacuática L´Estartit de España, y el concurso FOTOSUB de 2008 y 2009, que se realiza en Varadero, Matanzas.

Ambos creadores recorrieron la Isla para recoger imágenes de dormitorios, sitios habitados por cuerpos y almas, donde ocurren capítulos de la existencia, como las enfermedades y los estertores de la muerte, y se desarrollan acciones tan cotidianas como el descanso, la lectura, ver películas, escuchar música, hacer el amor y otros juegos humanos.

En cada uno de estos cuartos retratados se distingue la particularidad, hablan los objetos, se destacan los gustos y las carencias de sus dueños. Algunas habitaciones son coquetas, muchas destilan miseria, y otras son casi infrahumanas. Lenguajes que permanecen y nos dan una señal: destino, soledad, alegría, depresión, éxito, o melancolía.

Colores y texturas, luces y sombras, recrean el halo enigmático de los que no salen en la fotos —aunque ellos sí están—, a pesar de que no los veamos: hay una verdad en saberlos percibir. Sus habitantes nos miran desde otra perspectiva: la dimensión secreta del vínculo con el espectador.

Las habitaciones están enmarcadas en un país fragmentado, donde sus ciudadanos viven inmersos en extremas diferencias sociales. En cada uno de esos espacios vacíos —en apariencia—, se distinguen las personalidades fantasmas y sus silencios, que a su vez forman parte de su estructura, pero de una estructura que muestra sus lados más viscerales.

Por su parte, Glamour and Decay, del fotógrafo Javier Bobadilla, se permea de la influencia del ilustrador, pintor, fotógrafo y cineasta norteamericano Andy Warhol, destacado cultivador del movimiento pop art, que combinó el arte con producto industrial, promoviendo la modernidad y el consumismo, elevando el producto vendible a un nivel de lectura artístico, con sus series de latas de sopa Campbell, de botellas de Coca-Cola, de billetes de dólar, y su díptico de la actriz y sex simbol Marilyn Monroe.

El estilo publicitario, el eslogan y la promoción de un producto, son los propósitos del artista cubano. Llegar al espectador a través del lenguaje subliminar, atrapar con algo que tenga gancho: una prenda en un cuerpo, destacando el cuerpo a la par del fetiche escogido. Bobadilla combina en cada foto pequeños discursos del artífice del pop, palabras significativas que desnudan a Warhol, dándole la propiedad de un actor en su propio escenario, mientras expresa códigos, ideas, de manera juguetona o escéptica, pero consciente de un objetivo glamoroso.

Sean pues, bienvenidas las miradas de estos artistas, en uno de los ámbitos culturales más concurridos de La Habana.