Domingo, 25 de Septiembre de 2016
10:51 CEST.
Espectáculos

'Rent', una mirada

Como ya es sabido, el Gobierno permitió finalmente que Rent, el musical de Broadway, fuera estrenado en Cuba. Lo que muchos no saben es que los días 22 y 23 de diciembre se realizó un preestreno para amigos, familiares y prensa, y que el 24 fue su estreno oficial, al que claramente solo se pudo asistir mediante exclusivas invitaciones. El lugar fue colmado por las "vacas sagradas" de los diferentes sectores de la Cultura. Ahora, las presentaciones continuarán hasta fines de marzo.

La exclusividad de esta noticia no es algo de lo que se pueda presumir. Pero qué hay de los detalles, eso que queda entre lo legal, el éxito, la cultura y la propia noticia.

Rent se estrenó en el teatro habanero Bertolt Brecht.

Con más de 10 años en taquilla, giras mundiales y reposiciones en más de 40 países, la compañía Nederlander Worldwide Entertainment se aventuró con esta propuesta presentada por el joven director Andy Sr. Junior. Anteriormente, los magnates del Teatro Musical habían visitado la Isla con el espectáculo Embajadores de Broadway —presentado en el 14 Festival de Teatro de La Habana, en octubre de 2011—, que no gozó de tanta aceptación. Tuvo que ser Rent lo que finalmente abriría de par en par las puertas de lo que pudiera ser un nuevo camino cultural entre Cuba y EEUU.

El equipo cubano —entrenado y supervisado por los enviados norteamericanos— estuvo guiado por jóvenes como Reynier Rodríguez (director) y Diana Rosa Suárez (directora Musical).

Si se tuviera que definir en una frase el proceso de montaje del musical, la descripción más adecuada sería, sin duda, la de que fue un "sacrificio por amor".

En la Cuba de hoy hay poco acercamiento al musical como género teatral. Apenas existen actores con una preparación adecuada, o sea, que sepan bailar y cantar con el profesionalismo requerido para una obra de Broadway, hecho que complica el asunto desde el propio casting. Fue necesario convocar no solo a actores, sino a músicos, específicamente cantantes, a los que en ciertos casos se les hizo difícil la coreografía o la actuación, igual de importantes que la voz. También para muchos actores el tema del canto se convirtió en toda una agonía.

¿Los ensayos? Largas y extenuantes jornadas de trabajo en el conocido y temido noveno piso del Teatro Nacional (temido por sus largas escaleras, a oscuras en algunos pisos, a la espera eterna de un ascensor que vuelva a funcionar). Las clases de baile significaron un considerable esfuerzo físico y, luego, las de canto exigieron una completa disposición y concentración tanto de "alumnos" como de profesores.

El camino estuvo plagado de piedras, como las partituras incompletas, quizás por carecer de una particella definitiva a elegir, aunque finalmente la versión cubana se aferró lo más que pudo a la versión original.

En el camino se fueron haciendo adaptaciones, tanto en la escritura musical como en el libreto, para lograr la concordancia y asimilación del idioma inglés sin alejarse de las letras originales de las canciones. En fin, una tarea nada fácil, sobre todo por las discrepancias existentes en un grupo que involucró a personas de diferentes profesiones.

Factor fundamental resultó el tiempo, que también jugó en contra. En solo tres meses se debían eliminar miedos, frustraciones y barreras de cualquier índole. Por suerte, Tecnoescena "se puso las pilas" y la parte del vestuario que no se importó de EEUU, se confeccionó entre los talleres de 5ta y D.

En cuanto a los actores, habitualmente se someten a un proceso de ensayo y montaje de entre cuatro a seis meses. Escuchando a los norteamericanos, concluimos que el entrenamiento del personal dependió del trabajo diario individual, de la responsabilidad frente a la obra, de días libres sacrificados en pos de aprenderse una coreografía o una canción.

Es decir, no habría habido Rent sin ese equipo de profesionales que tanto hizo tras bambalinas, esfuerzo no muy común en el teatro cubano actual. El resultado fue sacar adelante un sueño al que se ofrendaron dos días libres por semana y noches en vela en busca de vías de entendimiento y soluciones a cada contrariedad.

Comparar el show de aquel Nueva York de 1995 con el de la Habana 2014 es un error. Como quizás lo haya sido el tratar de reproducirlo sin contextualizarlo, a pesar de ser una puesta conocida mundialmente y a la tradición a que nos acostumbraron los dirigentes del Teatro Musical, de reproducir sus obras una y otra vez manteniéndose fiel al original. Según especialistas: "pudiera por ello perder riqueza la puesta, mas no en su totalidad".

Rent puede marcar un punto de renovación en el teatro cubano y en un público ajeno a los musicales. Los obstáculos son grandes, así como el desconocimiento. Pero es justamente ese proceso, que hoy consideramos complejo, el que debería actuar como cimiento de una generación que quizás un día recuerde con risa la complejidad de los primeros tiempos.