Miércoles, 28 de Septiembre de 2016
10:07 CEST.
Literatura

La reputación en el blanco

Para W. Fernández por sus valiosos préstamos

El otro paredón: asesinatos de la reputación en Cuba es un libro que me resultó interesante desde el título. Por dos razones; la primera es la definición de otros paredones que no consisten en el fusilamiento. La posibilidad de destruir individuos sin llegar a su exterminio, porque no solo de muerte muere el hombre.

En El otro paredón… se describe la muerte parcial a la que fueron sometidos hombres y mujeres cuyo patrimonio era codiciado por miembros de los movimientos revolucionarios de la década del 50, que agrupados en torno a Fidel Castro dieron al castrismo su capacidad ejecutiva.

No solo bienes económicos, como describe en su intervención Juan Antonio Blanco en "El fusilamiento de la reputación de los empresarios cubanos. Análisis de los ataques a Amadeo Barletta", sino también bienes morales, narrados por Uva de Aragón en "Fusilamientos de la reputación: la política republicana. Carlos Márquez Sterling y las elecciones de 1958".

Los otros autores del libro son Rafael Rojas, Ana Julia Faya y Carlos Alberto Montaner. Ellos completan un grupo de destacados intelectuales, con no pocas muertes parciales que semejante destaque les ha procurado.

Por su pericia en la investigación social y los estudios cubanos, Juan Antonio Blanco y Uva de Aragón añaden a sus temas de investigación conclusiones importantes para comprender el alcance de la maquinaria de escarnio y sus consecuencias antisociales.

Juan Antonio Blanco describe su investigación para encontrar pruebas de los supuestos vínculos criminales del empresario Amadeo Barletta, quien tuvo una notable carrera de éxito y prosperidad enfrentando la ojeriza de dos políticos como Rafael Leónidas Trujillo y Fulgencio Batista, antes de vivir también el asalto de sus bienes y honor por esbirros del régimen encabezado por Fidel Castro.

En su exposición, el autor denuncia la obra de Enrique Cirules, autor de El imperio de La Habana y La vida secreta de Meyer Lansky, por su falta de apego al rigor investigativo, al menos en el modo en que enfoca la información que tiene sobre el comerciante de origen italiano, y por la ausencia de fuentes en las aseveraciones que hace.

Nota Juan A. Blanco, sin embargo, la intencionalidad política que hay en la difusión de la obra de Enrique Cirules, cuyo libro primero fue publicado en 1991, cuando el Estado cubano padece el descrédito consecuente de sus vínculos con el narcotráfico y toda una trama de crímenes y corrupción acompañante.

La obra de Enrique Cirules está dirigida contra la sociedad republicana, a la que describe como una sociedad de vicio dirigida por fabulosas familias mafiosas. Un empeño sospechoso en el momento en que la dictadura se empeñaba en lavar su imagen tras los desastrosos eventos que derivaron en la Causa I de 1989, que tuvieron en un grupo de penas de muerte —la del general Héroe de la República de Cuba Arnaldo Ochoa Sánchez entre ellas— uno de sus eventos más escalofriantes.

Uva de Aragón se relaciona estrechamente con el tema que trata porque su madre, Uva Hernández Catá, fue la segunda esposa de Carlos Márquez Sterling, el político que se presentó como candidato de la oposición a Fulgencio Batista en 1958. La confrontación implícita con Fidel Castro, al reivindicar una vía de lucha pacífica por la deposición de la dictadura —entre sus lemas de campaña estaba: "Ni con botas ni con balas, con votos"— cuando el líder del Movimiento 26 de julio llamaba a sabotear el proceso electoral, ciñó sobre él la ojeriza de quien sería, poco tiempo después, la máxima figura política cubana por muchas décadas.

Ya en los primeros meses de 1959, Carlos M. Sterling fue privado de libertad por dos meses, sus cuentas bancarias y su bufete de abogados fueron confiscados y principió una oscura trama para destruir su honorabilidad y prestigio social. En junio de aquel año, el periódico Combate pretendió inculparle haciendo públicos tres cheques por un valor total de 150.000 pesos que supuestamente la dictadura de Fulgencio Batista había emitido a su favor, por haberse presentado a las elecciones.

Uva de Aragón describe también cómo la magnífica obra de investigación histórica Los propietarios de Cuba, de Guillermo Jiménez (Editorial Ciencias Sociales, 2004, p. 504), se hace eco de la calumniosa acusación de Combate muchas décadas después y eleva el monto total de la supuesta suma a 250.000 pesos. Moneda que en la época tenía un valor semejante al dólar, cuando no mayor.

Creo que este error manifestado en Los propietarios de Cuba 1958, se debe a lo que Juan A. Blanco define en su intervención como el tercer anillo de la propaganda oficial. Después de replicar el primer y el segundo anillos un mensaje calumnioso, en este caso el emitido por el periódico Combate, dando a la calumnia visos de credibilidad, el tercer anillo corresponde a aquellos que se acercan a la abundante literatura producida a partir de la acusación espuria y la replican, dando por cierto lo que no tiene en su origen nada más que una mentira. Los propietarios de Cuba 1958 es una obra extraordinaria en pos de datos que resultan preciosos para el investigador y público en general, aunque sería importante saber las fuentes de las que extrajo Guillermo Jiménez su información.

Además de la encomiable obra citada, Guillermo Jiménez es un actor importante en el libro Un asunto sensible (Mondadori, 2009, España), notable investigación del historiador y abogado español Miguel Barroso, que explora y expone las maniobras del castrismo en otro fabuloso acto de destrucción de reputaciones. La obra de Barroso escruta los sucesos alrededor del juicio a Marcos Armando Rodríguez en 1964, el "juicio de Marquitos", que terminó con la eliminación física del acusado, supuestamente delator de los revolucionarios ultimados en la calle Humboldt tras haber participado en el asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957.

El mismo juicio sirvió para destruir las figuras de Joaquín Ordoqui y Edith García Buchaca, dos comunistas del viejo partido que desempeñaban importantes cargos de dirección en el gobierno castrista. Meses después del juicio, Ordoqui y García Buchaca fueron condenados a prisión domiciliaria, que en el caso de Ordoqui duró hasta su muerte, cerca de una década después.

De este juicio también se derivaron importantes consecuencias para Guillermo Jiménez. El autor de Los propietarios de Cuba 1958 fue un hombre del Directorio Revolucionario que en el momento del "juicio de Marquitos" ostentaba, según Miguel Barroso, el grado de Comandante en la sección de contrainteligencia del Ministerio del Interior. En el primer juicio contra Marcos A. Rodríguez, porque fueron dos, Guillermo Jiménez testifica junto a sus compañeros del Directorio Revolucionario en contra del acusado. Convocado el segundo juicio a instancias de Fidel Castro, los miembros del Directorio Revolucionario son compulsados por el fiscal a moderar sus mismas declaraciones del juicio anterior y, según hace notar el autor de Un asunto sensible, solamente Guillermo Jiménez se comporta de modo honorable rechazando las malinterpretaciones de su declaración precedente.

Por prestarse poco para el juego orquestado por Fidel Castro, que significó, según Barroso, el eclipse definitivo del Directorio Revolucionario como organización, Guillermo Jiménez perdió su trabajo y desde entonces, con menos de 30 años y hasta su jubilación, fue el responsable de una fábrica de betún, después de haber sido miembro activo de la insurrección contra Batista y probar con creces, años más tarde, su capacidad investigativa al realizar un libro como Los propietarios de Cuba 1958.

Pero el proceso de destrucción de reputaciones descrito por Miguel Barroso corresponde ya a una segunda etapa del castrismo, aquella en la que Fidel Castro destruye a los afines que le estorban, eclipsa organizaciones que acompañan la revolución y convierte el caudal revolucionario en un quieto movimiento domeñado.

Los testimonios descritos en El otro paredón son mucho más próximos al primero de enero de 1959 y no corresponden con rivalidades dentro del nuevo grupo de poder, sino que están dirigidos a robar burdamente los bienes y el prestigio individual de una sociedad que ignoraba que era la última vez que podría exhibirlos.

Una segunda razón

Comencé este artículo diciendo que por dos razones el título del libro El otro paredón: asesinatos de la reputación en Cuba, me resultaba estimable.

La segunda es la presencia de la palabra reputación. Palabras como reputación, probidad, honradez, decoro, pueden ser usadas para describir acciones colectivas, pero son mucho más precisas cuando acompañan a personas individuales. Remiten no a la acción de grupos, de la que tanto ha abusado el castrismo, sino más bien a individuos, hombres y mujeres específicos que por su acción merecen la estimación diferenciada y el respeto propio.

Para Fidel Castro, y la institucionalidad que refleja su índole, ese individuo es un estorbo. De ahí que el asesinato de la reputación a que alude El otro paredón, me merece dos significados, se asesina la honra de los individuos que el libro describe, pero también se asesinó la honorabilidad, el decoro y la reputación, como atributos posibles.

Comentarios [ 5 ]

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Estimado Anónimo 23 Marzo 2.00pm, mi mejor recomendación no es lo que yo pueda escribir sobre el tema ahora, mi mejor recomendación es que lea el libro; el lenguaje es claro, conciso y potable. A veces "reseñas" como esta espantan a los lectores en lugar de atraerlos; el discurso cantinflesco y hueco nunca es un buen aliado de los lectores 

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En este artículo solo se menciona de pasada a C. A. Montaner, y ese señor es muy importante por su constante labor como formador de la opinión pública, como educador de las mayorías, a través de sus columnas leídas por unos 6 millones, conferencias, libros, etc. Montaner no será un erudito, pero un eficiente comunicador capaz de traducir las complejidades políticas y económicas en un lenguaje asequible al ciudadano común.

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Anonino 4:47. Reconozco que pase trabajo para tomar "el hilo" de lo que quiso expresar pero si usted tiene una opinion y puesto que trabajo en el proceso editorial, seria bueno que escriba sobre el "asesinato" de la reputacion, credibilidad y honradez por parte de los Castro a aquellos que se quisieron quitarse del camino, sea para apoderarse de sus bienes o por "politica de estado" tema conocido pero poco publicado, al menos hasta donde yo se. 

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En el los procesos ¿jurídicos? menores también se aplastaba la reputación a otros niveles, cuando los del Comité  o alguien en tu trabajo ambicionaban algo tuyo o por pura y mezquina envidia te abrían un expediente.

Salió una caricatura en una publicacion humorística, satírica, en que el personaje vestido de cowboy y con una pistola en la mano decía:  él es más rápido que yo pero le voy a embarrar el expediente.

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si esto pretende ser una reseña del libro, no lo logra. Le falta organización de ideas, ofrecer datos editoriales, comenzar con una presentación general de la obra, no mezclar descripción con supuestos análisis de contenido...en fin, la "reseña" parece un guión de cine del gran Mario Moreno. Trabajé en el proceso editorial de la obra y tengo derecho a opinar