Domingo, 25 de Septiembre de 2016
22:35 CEST.
Arte y sociedad

Corazón babilónico

La casa/galería El Círculo acogió dos eventos en uno: la exposición de poesía visual Cicatrices, del poeta y periodista independiente camagüeyano Francis Sánchez, y la cuarta entrega de la revista Identidades, publicación de la Plataforma de Integración Cubana.

A la convocatoria acudieron poetas, raperos, músicos, colaboradores y periodistas, quienes dialogaron en un ambiente de "energía positiva", como dijera uno de los visitantes.

Cicatrices

Cerca de 20 obras de mediano formato en las que predominaba el blanco y el negro, el juego tipográfico, el collage y el montaje entre otras técnicas, dominan los dos salones de la Galería. En un video, el propio Sánchez declaraba sus razones poéticas, su manera de escritura en movimiento.

Son variadas las estrategias seguidas por el artista: desde la analogía perturbadora ("La pipa de Stalin") hasta la confusión de las jerarquías lingüísticas —"La isla aisla" / "para, paria, patria" / "gri, gri, gri" / "el exhilo"—, o la cartelística en su acción de irónico mensaje. Hay vértigo y contaminación de imágenes en piezas cuya obviedad conforma un sistema de alarma temprana.

Consciente del lenguaje, abierto a la experimentación, la obra de Francis Sánchez es instalación poética, algo dadaísta y predicadora, en un mundo profundamente marcado por el cuestionamiento posmoderno del sujeto, mediático, virtual.

Identidades: polifonía del presente

En su cuarto número, Identidades se divide en seis secciones: "Raza, clase y género en Cuba y el mundo", es la sección de mayor peso dado el número de trabajos (doce) y la variedad de las temáticas abordadas. Le sigue el programa "Democracia deliberativa" con dos trabajos: uno sobre el encuentro sostenido en Pittsburgh, Estados Unidos, por el historiador y politólogo cubano Manuel Cuesta Morúa con los académicos del Carnegie Mellon University; y otro sobre el proyecto Consenso Constitucional y su productivo paso por el país.

La sección "Culturales", centrada en el rap y el hiphop cubanos, contiene un artículo de la escritora y periodista Verónica Vega —"La maltratada alternatividad en Cuba"— y la videasta y promotora cultural Mirian Real, directora de la revista Hip Hop Misceláneo; un análisis o inventario patético de la actividad estatal en estos predios. Cierra la sección "El que no tiene de congo tiene de carabalí", sobre l el negro como imagen de una raza en el discurso de identidad del arte cubano, un excelente trabajo del crítico José Clemente Gascón Martínez.

También está "Africaméricas (II)", que incluye tres trabajos, y la sección "El valor de la memoria", donde destacamos la fuerte reseña crítica de Boris González Arenas sobre La callada molienda, libro de entrevistas de Maylan Álvarez, acerca de la reestructuración de la industria azucarera, con la paralización y desmontaje de más de 50 ingenios azucareros en los años 90.

Cierra el número la Actualidad Latinoamericana, dedicada esta vez a Colombia y las conversaciones de paz que se sostienen en La Habana.

Entre la vida y el arte

El poeta Amaury Pacheco, los raperos de Estudiantes Sin Semilla y el ilustrador y poeta Yasser Castellanos (YCER) abrieron el festejo de la palabra en una performance poético-musical a capella: disfrutado por todos el spoken word.

Como no existe un punto privilegiado desde el que se pueda hablar, hablan todos, por turnos, en una babilónica polifonía de lenguajes, donde la memoria juega un papel importante, aunque con diferentes matices. En Amaury Pacheco es acelerada sucesión de imágenes, pensamiento y sentimiento aunados. Como Mallarmé, cree que "el verso y en el fondo todo lo escrito, por haber nacido de la palabra hablada, tiene que pasar la prueba de ser dicho y recitado". Performático, con huellas de Juan Carlos Flores en sus textos, Pacheco debe acompañarse de un CD más que de una obra impresa. Aún así, pronto irá camino a la imprenta su primer libro, Kandonga.

Los raperos comentan, describen, relatan ("eso es real"). Son económicos con las palabras, exactos en los detalles, y sin abusar de frases callejeras se expresan, sintetizan, armonizan y comunican verdad como belleza. La verdad del mirar sin que se pierda la magia. Son extremos en esa literatura oral: se fragmentan, se reparten, se derraman en los escuchas. Son intrépidos al trabajar a la vez, con la mayor desmesura, la mayor moderación. Se dejan absorber por ese ritmo que transforma la escritura en vida y la vida en escritura.

Y nos vamos

Sin lugar a dudas, la casa/galería El Círculo va consolidándose como un espacio alternativo cultural, donde el Arte está en primera persona: solo hay que recordar las exposiciones de País de Pixeles (I y II) para tener un botón de muestra. Hay una exquisita atención al detalle por parte de los anfitriones, los artistas Luis Trápaga y Lía Villares. Y sobre todo una excelente disposición de la galería, luminosa, espaciosa, que admite sin problemas pintura, fotografía, instalaciones, esculturas. Todo un logro del talento, la inteligencia y el querer decir. Esperemos más y más seguido.