Viernes, 30 de Septiembre de 2016
08:40 CEST.
Teatro

'El Decamerón' sin desnudos y sin brillos

En 1969 el dramaturgo Héctor Quintero hizo una versión libre de seis de los cuentos del Decamerón de Giovanni Boccaccio, que fue estrenada en el teatro Hubert de Blanck por el grupo Teatro Estudio. La obra permaneció en cartelera con más de 300 presentaciones, y tuvo gran divulgación internacional. Posteriormente hubo otra versión en 2005, en Miami, dirigida por la actriz cubana Ana Viñas.

Los personajes divertidos, satíricos y eróticos, han resurgido por estos días de la mano de Carlos Díaz con su grupo El Público en el capitalino Trianón, de El Vedado, donde el dramaturgo ha tenido anteriores éxitos con obras del repertorio clásico como La Celestina y Noche de Reyes.

Antes de comenzar, en los casi 30 minutos de espera, se escucha a Los Muñequitos de Matanzas con "El necio" de Silvio Rodríguez, seguido de otros temas de música afrocubana, que conspiran contra un ambiente preparado para dar rienda suelta a la carcajada.

La selección de los cuentos, a pesar de ser acertada, pudo enriquecerse con otros que perfectamente pudieron ser incluidos. El andamiaje de la escena, cargado de un vestuario estrafalario —travestidos con tacones, sombrillas, alas, máscaras, ropa de época contrastando con coloridos diseños anacrónicos— es un sello distintivo del director que ya no nos sorprende. Una escenografía inexistente lo deja todo en función de los actores.

Pero lo que sí nos extraña es la total carencia de desnudos en una obra donde estarían más que justificados. Han sido sustituidos esta vez por diálogos y situaciones de la Cuba actual, con chistes picantes y actitudes grotescas que nada aportan a esta nueva versión teatral. Un personaje como La Negra, se coloca como parche en las historias tan solo para alargar las escenas.

Osvaldo Doimeadiós, a la cabeza del elenco, se destaca en el cuento del hortelano mudo, representando a la Abadesa con comicidad y elegancia. Sin embargo, a los demás actores les falta pasión, y no logran estar a su altura con sus mediocres actuaciones.

No se recurre a  la música, esta vez sustituida por las voces de los actores que intercalan canciones modernas de contenido banal que, aunque provocan la risa, quedan como piezas sueltas en medio de un caos en esta desacertada puesta en escena de Carlos Díaz.

La invitación queda abierta: volver a los textos del autor italiano, que no solo sirvieron para divertir, sino para reflexionar. Dejemos a la risa que venga desde el corazón, duela en el estómago y nos endulce la lengua.

Comentarios [ 5 ]

Imagen de Anónimo

Creo que la puesta en escena es espantosa, posiblemente tanto como la redacción de esta reseña.

Imagen de Anónimo

La puesta en escena me pareció muy buena, respeto la opinión del redactor de la publicación, pero creo que falta un poco más de mente abierta para disfrutar de la obra. El uso de canciones de contemporaneas, no resta y, más bien, suma. Los actores, todos, muy hábiles y con una destreza acrobáticay entrega en escena, digna de los mejores. La fui a ver dos veces y quedé igual de satisfecho: excelente puesta de un muy buen Teatro Cubano.

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Despues de la puesta en escena del Decameron de Hector Quintero en Teatro Estudio,todo lo que se haga tiene que ser muy cuidadoso ya que fue magistral.

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Amenaza con aterrizar en Miami Beach

Imagen de Anónimo

Vi El Decamerón de 1969, me gustó muchísimo, era simpática y para nada obscena. Los diálogos eran muy buenos.