Martes, 27 de Septiembre de 2016
19:54 CEST.
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En la espera

"Hacer esperar: prerrogativa constante de todo poder", escribe Roland Barthes en sus Fragmentos de un discurso amoroso.

Esta es una aserción que permite intuir las sutilezas de las relaciones poder-subordinación infiltradas en la dinámica del juego amoroso.

Si hay un erotismo en el poder, no radica solamente en el placer de quien cree poseer el control, sino, complementariamente, en la complicidad gozosa y angustiada del subordinado. Quien hace esperar, busca infiltrar la disciplina en la vivencia del tiempo. Quien espera es todo deseo, toda impaciencia. El tiempo es su enemigo. Y sin embargo, es en el tiempo donde inscribe su fidelidad, su dolorosa aquiescencia, su reconocimiento del otro.

Hay algo especular en la espera.

Pero, con el tiempo, también el tiempo pierde su poder de seducción. Tiempo que se desgasta a sí mismo, tiempo que se niega. Tiempo que envejece. El pasado ya no es objeto de la nostalgia, sino de una incómoda tolerancia. Se convive con él como con un huésped molesto. El futuro ya no es una posibilidad excitante. Ni siquiera estimula su imposibilidad, antes llena de promesas. Con el tiempo el presente deja de ser el tiempo de la espera —de la esperanza— y se vuelve una presencia estéril.

La paciencia no es ninguna virtud. Cuando no es simulación es disciplina. O si no, pura indiferencia. Llegados a ese punto, ya las dos partes en esta erótica del poder son incapaces de reconstruir el deseo. Y sin deseo no hay rebeldía.

Las revoluciones, por poner un ejemplo, son el fruto de la impaciencia. Los líderes de las revoluciones son expertos en transmitir el sentimiento jubiloso de impaciencia ante la historia. En las revoluciones —durante las revoluciones— a través de las revoluciones, el tiempo es consumido orgiásticamente, casi inconscientemente. El tiempo es gastado con un ímpetu —un desespero— adolescente.

Después del desespero viene la espera. La espera como estado de cosas, como forma de realidad. La espera como ritual, todavía esporádicamente festivo. La espera cada vez más tímida, más doméstica. La espera disciplinada, organizada. Y al final llegan la desesperanza y la paciencia, con su alevosa dosis de resignación.

Y, sin embargo, en la desesperanza pudiera encontrarse el germen de una especie de libertad paradójica. Una vez emancipado del futuro, el desesperanzado ya no le resulta útil al poder. Es más bien la evidencia del inevitable fracaso del poder, de la desarticulación de una imagen del poder que estaba sostenida en la fascinación por el futuro, fascinación solo posible mediante una rigurosa economía del tiempo.

El fracaso del poder siempre es económico. Su falla es administrativa. A esa falla responde el desesperanzado con despilfarro, improductividad y una subversiva falta de racionalidad en el consumo —en el consumo del tiempo, incluso. Perder el tiempo no es una costumbre, ni una tendencia de ciertos grupos o ciertas sociedades. No es tampoco resultado de las condiciones climáticas o geográficas ni, mucho menos, una determinación étnica o nacional. Perder el tiempo, cuando se hace de manera colectiva, es poner en escena (en el escenario de la historia) el principio de la desesperanza y el fin del desespero. Esta ociosidad teatral implica, con el derroche del presente, la aniquilación del único bien prometido desde el poder: el futuro.

"Si no me preocupo más por 'lo que será' sino por 'lo que es", resumía Bataille en La parte maldita, "¿qué motivo tengo para conservar algo?" Y cerraba su razonamiento: "Una vez que ha desaparecido la preocupación por el mañana, lo único que me gusta es este consumo inútil. Y cuando consumo sin medida descubro a mis semejantes lo que soy íntimamente".

 


Este artículo es la primera parte de un texto que apareció en el blog Página en blando. Se reproduce con autorización del autor.

Comentarios [ 4 ]

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LOS SENTIMIENTOS REPRIMIDOS,a millones de cubanos nos llevaron amancornados miles de veces a las plazas a gritar como energumenos YANKI GO HOME.Ahora miramos al norte con nostalgia e impaciencia y pensamos con las ideas reprimidas todavia,pero pensamos,YANKI REGRESA,lo de Yanki go home,nos lo imponian a sangre,fuego,carcel y represion,regresa yanki querido que tu siempre fuistes mi amigo.

PD/no se te olvide la billetera y la libertad en que vives,que con esas nosotros volveremos a ser libres y felices

el bobo alipio*'+

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Espléndidas fotos y espléndido texto. Felicitaciones a Damaris Betancourt y a Juan Antonio Molina, magníficos trabajos los de ustedes.

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Extraordinario texto !

Felicidades a JAP. Diario de Cuba cada día mejor!

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Belo Texto e lindas fotos de Damaris. Moçambique solidário com a luta pela  liberdade de expressão, na ilha irmã; Cuba Livre!