Domingo, 25 de Septiembre de 2016
17:44 CEST.
El país que desapareció

De calle de los obispos a de los pesos convertibles

Obispo es una de las calles más antiguas de La Habana. Comienza, de forma estrecha, en la Avenida del Puerto, aunque su importancia la adquiere a partir de la calle Baratillo, a un costado del que fuera Palacio de los Condes de Santovenia, en la Plaza de Armas, y se extiende hasta la calle Monserrate, oficialmente denominada Avenida de Bélgica.

Sobre su nombre existen dos versiones: algunos lo atribuyen a que acostumbraba a frecuentarla en sus paseos el obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, quien vivía en el número 94 de la cercana calle de Los Oficios; otros afirman que su nombre es más antiguo, atribuyéndolo a que por el año 1641 vivía en esta calle, esquina a Compostela, el obispo Fray Jerónimo de Lara.

Antes de denominarse Obispo, la calle se llamó Del Obispo, así como también De Su Señoría Ilustrísima y De la Casa Capitular. En el año 1897 se le cambió el nombre por el de Weyler, quien entonces gobernaba la Isla, pero al producirse la evacuación de las tropas españolas, terminada la guerra, fueron arrancadas y destruidas las tarjas con este nombre colocadas en ella.

En 1905, ya en la República, se le denominó Pi y Margall, en honor al defensor en España, durante las luchas emancipadoras, de los derechos y libertades de Cuba. Sin embargo, los habaneros siempre la han llamado Obispo.

A su derecha se encuentra el que fuera Palacio de los Condes de Santovenia, una hermosa edificación frente a la Plaza de Armas, cerca de El Templete, construida a finales del siglo XVIII, con una galería superior de arcos de medio punto y vidrios multicolores donde, al ser vendido, entre los años 1867 y 68, se instaló el Hotel Santa Isabel, considerado entonces el mejor de la ciudad.

Restaurado en 1943, el Palacio fue dedicado a oficinas y almacén y, posteriormente, se ubicó en él el restaurante Mesón de la Flota de La Habana. Vuelto a restaurar en 1996, se reinstaló el Hotel Santa Isabel, donde se alojara el expresidente James Carter en su visita a Cuba.

La calle Obispo  está muy vinculada a la Plaza de Armas, por uno de cuyos laterales se extiende. Esta Plaza surgió durante el primer tercio del siglo XVI, como un espacio para ser utilizado en los ejercicios militares de la tropa, ocupado originalmente por la Plaza de la Iglesia, lo cual hizo que cambiara de nombre. Al aprobarse una concesión para trasladar la Parroquial Mayor a la Iglesia del Colegio de la Compañía de Jesús, y ser necesario construir la Casa del Gobernador y la de los Capitulares, más la cárcel, en edificios adecuados, se realizaron diversas obras que la embellecieron, dotándola de fuentes, arbolado y canteros floridos, convirtiéndose en un lugar de esparcimiento, donde se celebraban retretas nocturnas a las que asistía el Capitán General desde el balcón del Palacio edificado posteriormente.

La construcción de la Plaza, como tal, data de 1841, siendo remozada en 1935, devolviéndole su aspecto original. En 1955 se sustituyó la estatua del rey Fernando VII, que se encontraba situada en su centro, por la de Carlos Manuel de Céspedes, cuyo nombre lleva actualmente la Plaza.

Frente a la Plaza, ocupando la manzana comprendida entre las calles Tacón, Mercaderes, Obispo y O´Reilly, se encuentra el antiguo Palacio o Casa de Gobierno, también conocido como De los Capitanes Generales, de estilo barroco, edificado en 1776, cuyos planos fueron trazados por el arquitecto coronel de ingenieros Antonio Fernández de Trevejos y Zaldívar, con la participación del también arquitecto Pedro Medina.

En 1790, aún sin estar terminado, se instaló en él el gobernador don Luís de las Casas, y en 1791 se bendijo la sala que utilizarían los capitulares en sus sesiones, aunque la obra sólo se dio por terminada en 1834 bajo el gobierno del general Tacón, bajo la dirección del coronel de ingenieros Manuel Pastos. Para este momento ya se había trasladado la cárcel hacia una nueva ubicación, por resultar anacrónica su existencia allí. El frente principal del Palacio da a la Plaza y su puerta lateral, de gran belleza, queda sobre la calle Obispo. Cuando, en época de la República, el edificio fue designado como Palacio Presidencial, agregándole un tercer piso de bajo nivel sobre la azotea, ésta era la puerta que se utilizaba. Desde él gobernaron los tres primeros presidentes de la República: Don Tomás Estrada Palma y los generales José Miguel Gómez y Mario García Menocal.

Al construirse el edificio del Palacio Provincial, este último general decidió trasladarse a él y convertirlo en Palacio Presidencial, pasando a ser el anterior Palacio Municipal, sede del Ayuntamiento de la ciudad.

En 1930 fue totalmente restaurado bajo la dirección de los arquitectos Evelio Govantes y Félix Cabarrocas. Actualmente es la sede del Museo de la Ciudad. Está considerado como el máximo exponente de la arquitectura cubana del siglo XVIII. Hoy, en todos los alrededores de la Plaza se instalan vendedores de libros antiguos y de uso, quienes realizan sus ventas durante las horas del día, además de realizarse actividades culturales de diferente tipo, utilizando para ellas la calle de bloques de madera dura construida delante del Museo.

De la Plaza de Armas al Parque de Albear

En la Plaza de Armas, en su lateral izquierdo, Obispo tiene un pequeño parque con una fuente y una edificación donde se encuentran una biblioteca pública, una galería y la Sociedad Cubana de Geología. En el número 61, en el antiguo edificio Horter, está instalado el Museo Nacional de Historia Natural. En la esquina de la calle Oficios, que comienza aquí, teniendo el frente hacia ésta y el lateral de tres pisos hacia Obispo, se encuentra la casa construida en 1668 por el obispo Compostela, como sede del Colegio San Francisco de Sales para niñas huérfanas. Restaurada en 1983, hoy aloja el restaurante La Mina, la denominada Casa del Agua de la Tinaja, donde, al ser inaugurada, los habaneros acudían a saciar su sed atraídos por la novedad, y el restaurante Doña Teresa.

A continuación, en el número 113, una antigua casa convertida en el Museo de la Orfebrería, en los números 117 y 119, la antigua vivienda señorial de Antonio Hocés Carrillo, construida en 1648, restaurada para museo y viviendas y, en los números 121 y 123, otra hermosa casa también del siglo XVII, restaurada y convertida en la mercería La Muñequita Azul.

Cruzando la calle Mercaderes, el conocido Hotel Ambos Mundos, donde el famoso escritor norteamericano Premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway solía alojarse, antes de comprar la Finca La Vigía en San Miguel del Padrón, que se convirtiera en su residencia en Cuba, la Droguería Taquechel, algunos comercios, entre ellos, en el número 161, la panadería, dulcería y cafetería  San José y en el número 161, El Quitrín,  una tienda exclusiva de ropas de hilo.

Enfrente, ocupando la manzana de las calles Obispo, O´Reilly, Mercaderes y San Ignacio, donde estuviera el Convento y la Iglesia de San Juan de Letrán, también conocido como de Santo Domingo, y la primera Universidad, el edificio de arquitectura moderna edificado entre 1956 y 1958 para la Estación Terminal de Helicópteros, nunca utilizado como tal, asignado primero como sede al Ministerio de Hacienda y después al Ministerio de Educación y hoy, después de remozado y reacondicionado, con la campana que llamaba a los alumnos a clases y la torre de la iglesia reconstruida, forrada de cristales que reflejan el entorno, instalada en él la denominada Pontificia Universidad de San Gerónimo, atendida por el Historiador de la Ciudad.

Entre las calles San Ignacio y Cuba se encuentran el Café París, algunas casas y locales dedicados a diferentes comercios, en el número 206 la tienda Animalia, donde se ofertan artículos y alimentos para animales afectivos, aunque regularmente los alimentos brillan por su ausencia, y ya en la esquina con la calle Cuba, en el número 211, el edificio de estilo neoclásico construido en 1907 como sede del primer Banco Nacional de Cuba —desaparecido por quiebra en 1921—, obra del arquitecto José Toraya, ocupado después por la Secretaría, posteriormente Ministerio, de Hacienda, y que hoy alberga el Ministerio de Finanzas y Precios, responsable de los elevados precios que deben pagar los cubanos por los productos que consumen.

Al cruzar la calle Cuba, en la otra acera y en la esquina, en el número 252, la hermosa casa que fuera de Don Joaquín Gómez, construida entre 1830 y 1845, después y hoy el elegante Hotel Florida.

Continuando hacia la calle Aguiar se encuentran una heladería denominada El Naranjal, en el número 257 el edificio de estilo clásico que fuera la oficina principal de The Trust Company of Cuba, un banco cubano con nombre en inglés, convertido hoy en una amplia Cadeca (Caja de Cambio) y, enfrente, la que fuera importante droguería Johnson, afectada por un incendio y después restaurada como museo.

En la esquina de la calle Aguiar, en el número 301, el antiguo Café Europa, lugar de cita de los bancarios de la cercana calle O´Reilly y alrededores, así como de otros dueños de negocios, hoy restaurado, con sus mesas de manteles verdes, sin aire acondicionado y casi siempre vacío, en el 305, donde estuviera la firma Luis Mendoza y Compañía, el Museo Numismático, con su elevada escalera y reloj y, a continuación, la librería Fayad Jamís, donde además de vender libros, se realizan actividades vinculadas con La literatura, y la ferretería Fiesta. En la otra acera, en el número 306, el edificio donde se encontrara The Central Insurance Co.Ltd. y, en el 316, el restaurante Lluvia de Oro.

A continuación, a partir de la calle Habana, donde antes existiera una agencia de la Western Union, un Telepunto de Etecsa, la empresa de telecomunicaciones, la juguetería Arcoiris, en el número 359, la sección dedicada a los lentes de contacto de la óptica El Almendares y, al final, la tienda Novator. En la otra acera, lo que fuera el Ten Cents, convertido en una desabastecida tienda denominada Variedades, con venta de pizzas y emparedados en pesos cubanos directamente sobre la acera, a través de ventanillas, en el número 360 el establecimiento de artículos musicales Longina y, en el 364, la sección dedicada a los espejuelos, también de la óptica El Almendares.

Al cruzar la calle Compostela, Revert, una tienda de ropa de cama, la mercería La Mariposa, en el número 411 la tienda y el patio-feria de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas, donde se puede adquirir buena y variada artesanía de todo tipo, una tienda de ropas de vestir y una peletería.

En la acera opuesta, la tienda Le Palais Royal, donde estuviera la original Langwich, dedicada anteriormente a artículos para animales afectivos, una perfumería, y un parque donde existiera La Casa de Hierro.

Después de la calle Aguacate, en la esquina, en el número 452, una tienda que oferta electrodomésticos y otros artículos variados, y en el 454 Sol Naciente, dedicada a equipos eléctricos, muebles y útiles para el hogar y, cruzando la calle Villegas, en el número 502, la Humada, que oferta electrodomésticos y artículos de ferretería ligera y también para el hogar, así como un restaurante en el número 505 y la peluquería Estilo en el 510, donde estuvo la óptica El Anteojo. En la acera de enfrente, la tienda La Distinguida, dedicada a la venta de cosméticos y artículos variados para el hogar.

A continuación, en ambas aceras, algunos comercios que aún tienen sembrado en el granito de sus pisos sus nombres originales: Billetería Barazal, La Gafita de Oro, La Rusquella, The Quality Shop, así como algunos espacios particulares dedicados a la venta de cuadros y artesanías y, ya en la esquina de la calle Bernaza, dos librerías: en el número 525 La Moderna Poesía, en su magnífico edificio estilo Art Decó y enfrente, en el número 526, La Internacional.

Al cruzar la calle, en lo que fuera el local de la Casa Vasallo, dedicada a la venta de artículos deportivos, el restaurante La Piña de Plata, la Casa del Ron y del Tabaco y, ya en la esquina de Monserrate, el conocido bar-restaurante Floridita, la llamada cuna del daiquiri, lugar frecuentado también por el escritor Ernest Hemingway en sus andanzas habaneras y donde, en su honor, se ha colocado una estatua de bronce con su figura en la banqueta de la barra que solía usar. El daiquiri de ahora, elaborado en serie en ruidosas batidoras, ha perdido la característica que lo personalizaba para cada cliente. Al otro lado, el pequeño parque con su fuente y la estatua en mármol del coronel ingeniero Don Francisco de Albear, constructor del primer acueducto de la ciudad, aún en explotación y considerado una de las siete maravillas de la arquitectura cubana, realizada por el escultor José Villalta Saavedra en 1895.

La calle principal del casco histórico de La Habana Vieja

La calle Obispo, que en la época colonial estuviera asociada a dos obispos y a la administración española, con el paso del tiempo, junto con su vecina O´Reilly, que formó parte del centro financiero y de la banca, se convirtió en la meca del comercio y la moda, posición que mantuvo hasta los años veinte, cuando éstos se desplazaron hacia la calle Galiano y sus alrededores. Aún así, mantuvo su importancia como calle comercial durante los restantes años de la República.

En ella primero se utilizaban las monedas españolas de oro y de plata, los luises franceses y los dólares norteamericanos y, a partir de 1914, la moneda nacional y los dólares, que eran equivalentes en su valor.

Con la irrupción del socialismo entró en franco estado de deterioro, al desaparecer las empresas y los comercios, algunos convertidos en ruinas, ofertándose en los que sobrevivieron los pocos artículos existentes en pesos cubanos hasta que, higienizada,  restaurada y embellecida por la Oficina del Historiador de la Ciudad, con la sustitución del asfalto por adoquines y la reparación de sus edificaciones, llevándolas a su estado original, se transformó en una calle principalmente turística, donde la mayoría de sus comercios y establecimientos sólo aceptan pesos convertibles.

Hoy, revitalizada comercialmente, recorrida por nacionales y turistas cada día, ostenta el raro privilegio de ser la única calle que se adorna con guirnaldas de luces de colores y motivos alegóricos en época de Navidad, algo que no sucede con ninguna otra. Forma parte del enclave turístico de la Habana Vieja, con mejor suerte que su vecina O´Reilly, en bastante estado de deterioro, independientemente de algunas edificaciones rescatadas y que actualmente se encuentra en reparación.

Aún así, ha sufrido la agresión regular de varias empresas estatales (electricidad, teléfono, gas, acueducto, alcantarillado), que realizan reparaciones de sus sistemas, rompiendo lo que acaba de ser restaurado —calle y aceras—, en una cadena de absurdos que parece no tener fin, ya que, a pesar de las protestas y señalamientos, lo continúan haciendo. En ella se ha tratado de mantener o de restituir los nombres originales de los establecimientos, dejando atrás aquella demencial práctica "orwelliana" de denominarlos con una letra y un número (Establecimiento H-210) que, además de confusión, trajo la desnaturalización de los mismos, la cual fue seguida por la práctica "patriotera" de adjudicarles nombres relacionados con hechos o personajes históricos: Baraguá, Hatuey,Yara, Titán, Maisí, etcétera.

A pesar de sus vaivenes, la calle Obispo continúa siendo la calle principal del llamado casco histórico de la Habana Vieja.

Comentarios [ 2 ]

Imagen de Anónimo

No se si me equivoco, pero me parece recordar que la tienda de efectos deportivos que estaba frente a la Moderna Poesía, se llamaba Montero Sports y no Casa Vasallo, que pudiera ser un nombre anterior. 

Imagen de Anónimo

Un excelente y detallado trabajo, como a los que nos tiene acostumbrados su autor. Su amor por la Habana, tan opuesto a los sentimientos de los destructores que llegaron en 1959, es algo palpable y conmovedor.

Arnaldo de Armas