Miércoles, 28 de Septiembre de 2016
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Cine

Cuba: una fábrica de humo

El nombre de Leonid López es tan desconocido como su única película: Fábrica de humo. Filmada en el año 2007, de manera independiente y con un presupuesto mínimo, la obra solo fue presentada en un par de festivales de cine. Quienes la vimos fue gracias a sus jóvenes directores que se encargaron de distribuirla, en copias de cd, entre los amigos y gente conocida.

Aunque sé que muy pocos lectores conocen a Leonid López, he querido entrevistarlo porque el suyo pudiera ser el testimonio de muchos realizadores cubanos, en su mayoría jóvenes, que se lanzan a la aventura sumamente riesgosa de hacer un cine emancipado de compromisos ideológicos o políticos, artistas que desafían la censura y se expresan a pesar de las consecuencias.

Más allá de la importancia o la nula resonancia cultural que puedan sugerir el autor y el título, lo interesante es que, en tiempos bien turbulentos, ejercieron el derecho a expresarse libremente y realizaron su obra, nada complaciente, desde la autenticidad y sin pedir permiso a nadie, a pesar de las escasas posibilidades de insertarse en los circuitos de exhibición nacionales cuando una obra no cuenta con un aval oficial.

Escribiste el guion de Fábrica de humo en un momento inmediato a sucesos que imagino marcaron tu vida. Me refiero a esa vorágine de sospechas y persecuciones a raíz de algunas imágenes publicadas en la prensa oficial de Cuba donde aparecías ligado a grupos de oposición. Sé que eso te trajo conflictos, un verdadero infierno para cualquiera que conozca la situación interna cubana. Cuando miro la película no dejo de pensar que algo muy similar a esas decepciones y derrumbamientos del personaje principal estaba pasando con tu vida en esa época. ¿Estoy en lo cierto o te parece que en Cuba todos, de algún modo, estamos en la situación de esos personajes? ¿Es Cuba ese edificio en ruinas, esa fábrica de humo?

Fábrica de humo no fue una gran obra. Pasó inadvertida lo mismo dentro de Cuba que fuera. A otras películas incómodas les ha sucedido lo mismo que a Fábrica de humo. Claro que censurar o diluir películas en nombre de ideologías maltrechas da asco. Pero ponerse en el lugar de los odiados de la tierra por no recibir promoción no me parece justo.

En cuanto a aquellos sucesos, mi amigo Frank [Francisco Morales], de filiación liberal, decidió formar un grupo de jóvenes con más o menos iguales inquietudes. Me pidió ayuda organizativa y ahí se dio mi chance para meter la narizota, y un poco de alma, en hacer algo para remediar un poco este barco que hace aguas desde que salió del puerto. Algunas reuniones, y la última con el cónsul norteamericano de entonces [James Cason] y otros dos funcionarios,  y unas fotos donde, tímidamente, salgo al fondo, fueron la sensación por unos pocos días en la vida de los aburridos paisanos de mi barrio [Reparto Eléctrico].

También hubo un agente [de la Seguridad del Estado] alto y pesado que me hizo el "honor" de una "agradable conversación" y mostrar, mediando en ella, la primera y última pistola  que he visto de tan cerca. Otros sinsabores y malos ratos con mis padres avergonzados y sintiendo la traición del primogénito. Ahora es un sano resumen. Si puedo hacerlo no me marcó lo suficiente.

En tanto marcar al personaje principal de Fábrica de humo, no lo creo. La cerca que pudo rodear a este personaje y a mí estaba antes de los nombrados sucesos, el muro detrás del que se echó  y me eché era ya ese mismo derruido. Sin disimulos, el personaje está modelado de mí, sus padres son los míos, hasta llevan sus nombres, los otros personajes estaban en los alrededores, el país es Cuba. Es una fábula que habla por boca de mi amigo Replanski y mía, con tintes documentales.

El título surgió de la idea, a la que no dimos mucha vuelta en un inicio, de que veíamos a Cuba como una fábrica de humo, y casi a partir de ahí armamos la película. El personaje principal se inventa un centro de trabajo en las ruinas de una fábrica. Allí va día a día a no hacer nada. Su fábrica sería una que no produce nada. En este punto Cuba se dibujaba más o menos clara dentro de aquel lugar. La decoración era la de un típico centro de trabajo cubano con mural de efemérides patrióticas, carteles fidelistas, iconos comunistas y objetos de sentido burocrático. Un lugar sin beneficios monetarios o espirituales, entre consignas huecas y un tiempo sucio. Era el sinsentido de vivir en Cuba del aire y en el aire.

Alguna vez, no hace mucho y ya fuera de Cuba, escribiste: "He cambiado algunas ideas pero sigo creyendo en dos: Creo en lo imprescindible de la posibilidad de elección, pero también que la felicidad es responsabilidad de cada quién y nadie puede otorgarla o negarla". ¿Sigues sosteniendo estas ideas? ¿Hay algo de esto en tu película Fábrica de humo?

Elegir te la pone difícil. Ya no es abrir las manos y recibir lo que te asignaron. Te toca pensar cómo quieres verte o a dónde quieres llegar. Cuando menos apunta hacia la idea de que el timón lo debes llevar tú mismo. En cuanto a la felicidad, si el Estado diera racionada la felicidad (quizá lo hacen), una cuota de un kilogramo para cada uno, creo que no pocos lo agradecerían. Pero el caso es que toca buscar la felicidad por cuenta propia y, en Cuba, sin mercados mayoristas. No había pensado últimamente  en las ideas que me apuntas, pero sí, parece que sigo sosteniéndolas.

Fábrica de humo fue una película que escribimos y dirigimos mi amigo Adrián Replanski y yo. Es la historia de un joven en Cuba que, forzado a elegir, se decide por la inmovilidad. Luego resulta que esta inmovilidad se vuelve activa y el joven la defiende, la legitima. En principio creo que quería mostrar lo falso, vano y terrible de las grandes decisiones y promesas. Cómo en función de estas el hombre queda entre ruinas. En el escenario de la película puede caber el mundo: una fábrica que no produce nada. Supongo que las dos ideas anteriores deben ser ladrillos de esta fábrica, pero no sabría muy bien diferenciarlas en el muro.

Salir de Cuba por primera vez, casarte, tener un hijo, vivir en Japón, con otra cultura muy diferente a la cubana, tal vez te ha situado en una perspectiva diferente, te ha facilitado la distancia necesaria para observar a Cuba de un modo distinto. Sé que no eres un político ni nunca has sido de aventurarte con presagios, pero eso me tienta a hacerte preguntas que estoy seguro pueden resultarte molestas: ¿Cómo ves ahora el pasado en la Isla? ¿Crees que Cuba pueda tener un futuro promisorio al nivel de otras naciones que han superado regímenes totalitarios?

Pienso en la Isla y recuerdo la fábula del rey desnudo. Los ladrones roban todo el oro al rey y le entregan un traje inexistente. Podríamos dar un giro a la historia haciendo del pueblo de Cuba el estafado por el rey que le entrega a este un traje de aire. Pero el caso es que la fábula de Andersen lleva la cosa más al extremo. El rey sabe que está desnudo pero por orgullo, por no aceptar su necedad sale sin ropas ante la gente. Los ladrones son instrumentos para mostrarnos la soberbia del rey. Entonces, estando de acuerdo con nuestra inversión, tendríamos que aceptar que sabemos nuestra desnudez y caminamos como si de ropas de oro estuviéramos cubiertos. El rey podría ser el espejo de nuestra tontería.

En cuanto al pasado, he tenido dos momentos importantes de mi vida en Cuba. Uno primero, de sentirme estafado, burlado por un rey que promete ropas de oro y nos deja desnudos para merecer un traje que nunca llega. Otro momento, de percatarme que el resultado de nuestras acciones tiene tanto de torpeza como de perversión el rey, solo que no queremos aceptarlo por no quedar al desnudo doblemente.

En cuanto al futuro de Cuba, ¿será promisorio, al nivel de otras naciones que pasaron por regímenes totalitarios? Un país no es una promesa, ni puede pesarse en balanza alguna. Esas preguntas me parecen tan ajenas como la Declaración Universal de los Derechos del Hombre para un obrero que se mata trabajando y se muere de hambre. En Cuba habría que comenzar, quizás, por tener metas sencillas. Ya muchas personas en la Isla hablan de derechos humanos pero muy pocos saben toda la responsabilidad que implica tener esos derechos.

¿A qué poner trajes de buena costura cuándo ya no sabemos cómo vestir la más simple de las ropas? Habría que preguntarse mucho, investigar adentro y afuera, cada uno en su esfera de la sociedad. Remendar mucho y una vez que se tenga un cuerpo cierto, buscar cambios más profundos. Cuba es aún un país incierto, destripado por los caprichos de un rey, desnudo. Antes de buscar trajes de hilos de oro, tendremos que vencer primero nuestro orgullo, nuestra ceguera altiva.

Comentarios [ 2 ]

Imagen de Anónimo

La entrevista, buena; las respuestas !Soberbias! Los cubanos somos un pueblo harapiento rayando la encuerez y lo sabemos, pero; por ignorancia culpable, cobardía oportunista y por orgullo barato, le damos el saco, el antifaz, la ganzua y la pata de cabra al ladrón Rey para que nos siga despojando y burlándose de nuestra ridícula desnudez. !Tenemos lo que nos merecemos! El Lapón Libre.

Imagen de Anónimo

Muy buena la entrevista, escritor, excelente tema. Ahora QUIZÁS se cumpla la esperanza de que los cubanos de a pie tengan trajes no ficticios. Saludos. (HEREJE33)