Jueves, 29 de Septiembre de 2016
09:50 CEST.
Opinión

El viaje inverso

De vez en cuando todo retorna a su condición natural: el olvido. Así, la literatura escrita en condición de exilios. Pero también de vez en cuando algo la agita. La convocatoria a un premio, por ejemplo, un premio que viaja en sentido inverso a las balsas y que mira hacia un adentro que ya no reconocemos, hacia una terra que se nos ha vuelto súbitamente incognita. Eso, que en cuestiones de literatura pura y dura es nada, pero que seguimos produciendo como en ciclos para noticieros imaginarios.

Ha sido noticia que se ha convocado desde Miami un "Premio Nacional de Literatura Independiente" para escritores residentes en la Isla. Pongámonos, de entrada, un tanto quisquillosos con eso de "literatura independiente". Comencemos por recordar que cada vez que se le agrega apellido a la palabra literatura, hay casi siempre más de lo segundo y menos de lo primero.

No hay manera de verlo más claro: lo primero que dice la convocatoria es que atenderán a la calidad literaria de los candidatos. Nada que objetar, aunque tampoco se esperaba menos. Pero he aquí que aseguran que cuidarán de premiar solo a aquellos que muestren su "independencia, respecto a las instituciones oficialistas en Cuba [sic]" y que mirarán los "últimos cinco años".

¿Hay modo de medir esa independencia? ¿En base a qué normas se articulará un juicio en torno a lo "literario" y lo "independiente"? ¿Es posible conocer la cantidad de escritores que ganan un premio oficial o que publican un libro en la editorial Letras Cubanas o son miembros de la UNEAC que no están de acuerdo con el sistema, que se guardan para sí sus "independencias"? ¿Cuántos escritores y artistas fueron parametrados y censurados a pesar de su membresía en la UNEAC o de publicar con las editoriales del Instituto Cubano del Libro?

Y luego esa fecha de expiración: cinco años, como quien le pone vencimiento a un modo de comportarse. Tienes un quinquenio para limpiar tu currículum gris, parece sugerir.

Si lo que se desea es premiar a un escritor que destaca más por su activismo político, no valen entonces pomposidades. Concédasele el aporte de un reconocimiento en metálico organizado por una colectividad que le apoya y estimula, es todo. Porque suponemos que no tendrán ninguna dificultad en distinguir entre un activista político que apenas produce un par de malos libros de versos y un escritor de la estatura de Rafael Alcides o Ángel Santiesteban. Que por cierto, también hay que decirlo, si hablamos de ellos es porque buena parte de su obra fue legitimada por concursos o premios oficialistas, sea la Casa de las Américas o la UNEAC, o antologías o membresías generacionales. ¿Pero de qué nos va a servir todo eso en términos de jerarquizaciones estrictamente literarias si se permiten juntar en una misma lista a Ena Lucía Portela, dueña de una sólida narratividad, con la incipiente obra de un autor emergente?

De la no tan precaria sociedad civil del exilio cubano no debería salir la convocatoria de premios literarios pensados como institucionalidad exiliada y menos como reacción ante —o en sustitución de— el conjunto de instituciones estatales de las que hemos sido expulsados. Es asunto mal enfocado,  muestra de poca imaginación y que hace buena la aseveración de que es la típica elección de un grupo o de algunos iluminados. Tienen que aparecer mejores formas de perturbar el  sueño del Estado.

El problema de esa sombra alargada llamada exilio es su pulsión Estado, su deseo de competir con gestualidades propias de aquel: esa ansiedad de totalidad que pertenece al Estado es reclamada por un conjunto de personas y asociaciones fuera de él. Luego vendrán los debates en torno a quiénes segregar, cómo desdeñar los otros exilios posibles, las cuotas de activismo o anticomunismo que posee cada cual, sus vínculos con cuáles movimientos o líderes opositores, si apoya el embargo o no, si publica en tal editorial o revista.

Al final, los años han pasado y los escritores cubanos siguen a merced de dos descampados: la voracidad totalitaria de aquel ancien Estado, y la atomización de una sociedad civil que se muestra incapaz de ir más allá de la producción de discursos. Aunque a la larga puede que su papel no sea otro que ese.

Comentarios [ 7 ]

Imagen de Anónimo

Si la palabra va y viene como el resentimiento, entonces tenemos un buen artículo. Claro, con la objección de que de nuevo, aprovechando la libertad se bombardea la iniciativa de la gente de acá para servicio de la Isla. Es verdaderamente sospechoso porque el buen lenguaje se vuelve galimatías cuando no hay sustento ni conocimiento de causa. Puede la literatura no ser motejada de independiente o de oficial como propone el señor articulista pero atacar un evento que a todas luces y con sus limitaciones fue un éxito. Me pregunto si el autor estuvo presente o solo por referencias mal intencionadas decidió atacar lo que él no fue capaz de crear. ¡Pobre diablo que maneja el lenguaje pero no tiene la sustancia de los que crean con dignidad!

Imagen de Anónimo

El merquenchele del tal Miranda borborrea su estauto despresivo.ni si quiera posee idea de como se gesto el permio VISTA para literaura independiente dentro de Cuba. Pero como toda ardilla de feo, levanto la antorcha de los resentidos. Y los cometaristas anteriores dicen buen articulo. Vaya mierda...

Imagen de Anónimo

Muy bien pensado. A la segregación no se le puede combatir segregando. La oposición a la extrema politización de la cultura no se consigue politizándola en el otro extremo. Es lo mismo, al revés, pero peor: gestores literarios en el exilio que dejan fuera de un supuesto premio "nacional" al propio exilio, con lo cual lo afuerean de la nación. Eso exactamente es lo que hace el Premio Nacional de Literatura en la isla ¿Cuál es la diferencia entonces?

Imagen de Anónimo

Buenísimo! 

Imagen de F.Hebra

 ¡Excelente!, gracias.

Imagen de Anónimo

Muy buen artículo!

Imagen de Anónimo

Muy bueno Michael, excelente. No sé por qué me imagino la risa que semejante chealdá produciria -por ejemplo- en Juan Abreu. Patético. Risible. Provinciano. Supongo que le lanzaria una estruendosa trompetilla al tal Añel.

De estas estupideces son de las que se rien los Edel Morales, baboso donde no hay y el tal Daniel Chavarria, asco de tipejo. Es como si Nicolás Maduro entregará como presidente de un jurado un premio literario a la pureza lingüistica.