Miércoles, 28 de Septiembre de 2016
14:20 CEST.
36º Festival del Nuevo Cine Latinoamericano

Sala llena, sala tomada

Largas filas a la entrada de las salas; algunos despelotes multitudinarios: Fátima o el Parque de la Fraternidad, (sala 1); muestra del animado japonés, (sala 3, entrada libre), multicine Infanta; impacientes espectadores que no respetaban credenciales ni los llamados "pasaportes" ante la inercia organizativa en los cines; problemas técnicos con el DCP del cine Yara: sonido deficiente o nulo en los cuentos que conformaban el más sobresaliente, hasta ahora, de los filmes en exhibición, Relatos salvajes, (¿No dieron un seminario?, preguntaban los espectadores a los proyeccionistas); casi una hora de espera para visionar Vestido de novia, ópera prima en competencia de la realizadora cubana Marilyn Solaya, quien trata descarnada, valientemente el tema del acoso a los gays, travestis y transexuales en los años 80 y 90, aunque deja entrever que los gritos de ¡libertad, libertad! dados en el Maleconazo del 94 solo competían a este sector de la sociedad. La intolerancia estatal, vista de esta suerte, diluye cualquier otro cuestionamiento.

En fin, bajo la fina llovizna decembrina, marcha el 36 Festival de La Habana, con la recobrada fiebre de sus mejores, primeras ediciones, efervescencia que se había perdido años ha y que reverdece este año con inusitada fuerza, dada la presencia fiel de los amantes del cine y  la no menos sombría de los convocados por el Ministerio del Interior (MININT), para gritar vivas a Fidel ante cualquier manifestación equívoca: sala llena, sala tomada.

De lo visto

Alfred Hitchcock en La Rampa con su tercer filme, El inquilino (1926), silente, y considerado por el propio director como el primero porque contiene todas las marcas y recursos que conformarían su estilo como  mago del suspenso. Con la presencia del curador jefe del British Film Institute (BFI), Robin Baker, esta obra maestra, de 90 minutos de duración,  rescatada gracias a las técnicas digitales, era acompañada por la música escrita para la obra y se revelaba como uno, entre los tantos buenos momentos que están teniendo lugar en el evento.

El magno proyecto del BFI, Hitchcock 9, para restaurar 9 de las 10  películas silentes de Hitchcock (una está perdida, El águila de la montaña), provocaba tristeza en los técnicos de nuestra cinemateca, relegada a guardar revistas, diarios, guiones pero no dedicada a la conservación y restauración de las películas nacionales, patrimonio que se está volviendo "vinagre" en los laboratorios aunque sea esta la razón de ser de la institución.

El ardor (2014), coproducción de Argentina, México, EEUU, Francia y Brasil, del director Pablo Fendrik, un oeste regional,  atraía por su impresionante fotografía de la selva amazónica; mientras la mexicana Cuatro Lunas (2013), de Sergio Tovar, iba ganando el aprecio de los cinéfilos que la repetían y la recomendaban: trata igualmente del tema del diferente. Y aunque muchos dejaban para después del Festival la producción nacional (ante la certeza de que las películas extranjeras solo podrían verse durante la fiesta de la imagen), los filmes cubanos avanzaban en los primeros días, pues eran de los primeros programados. Vestido de novia, de Marilyn Solaya, se vislumbraba como uno de los favoritos, sobre todo por la actuación de Laura de la Uz, actriz fetiche de Fernando Pérez, quien está en el mejor momento de su carrera artística, en tanto Fátima o el Parque de la Fraternidad, de Jorge Perugorría basada en un cuento de Miguel Barnet, era uno de los peores recibidos. Del cine independiente norteamericano llegaban Jim Jarmusch, siempre bien recibido, y Sara Driver con El tren misterioso (1989).

Siguen los encuentros especiales, las conferencias magistrales y las rondas con los directores latinoamericanos y sus proyectos futuros. Los críticos de cine (filial FIPRESCI), debatían sobre la necesidad de una Ley de Cine para Cuba y se asesoraban con las experiencias latinoamericanas al respecto. Pero la Ley de Cine, como la Ley de Prensa, se añejan, esperando, marcos jurídicos, legales que solo son posible con el cambio de la Constitución. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Hay una excelente retrospectiva de la cartelística cubana de los 60-70: los 25 carteles más reproducidos y publicitados de la época de oro del cartel cubano en el ICAIC, temáticamente agrupados alrededor de Harakiri, de Antonio Fernández Reboiro, "el mejor que ha producido el ICAIC". Mientras, Rafael Morante exhibía "La vuelta al cine en 35 carteles".

Y nos vamos

El público, sus largas filas para ver buen cine una vez al año, sigue siendo el  mayor espectáculo del Festival de Cine de La Habana, su esencial característica,  la diferencia respecto a otros festivales internacionales del mundo. Los extranjeros cazan a los cinéfilos, los registran en sus cámaras como algo exótico, insólito dado el siglo que transcurre.

Aún faltan varios días y algunas sorpresas para cerrar el 36 Festival. Nos vamos. Y nos vemos.

Comentarios [ 1 ]

Imagen de Anónimo

.......el mejor cartel de todos los tiempos: Lucia de Martinez!!!!!!..........