Martes, 27 de Septiembre de 2016
01:21 CEST.
36 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano

La memoria como ejercicio y la nueva herejía de Molina

La memoria como sobrevida, y la complicidad del presente para arriesgarse a la indagación del pasado, configuran el hilo narrativo (y antropológico) de los documentales Velas —de Alejandro Alonso— y Viaje al país que ya no existe —de Isabel Santos— presentados en la Sala 2 del multicine Infanta, en la cuarta jornada del 36 Festival de Cine Latinoamericano.

La ruptura familiar, que ha tenido en las migraciones masivas una de sus causas principales, deviene punto de partida en Velas. En apenas 20 minutos, a través de la fotografía como sujeto lírico y entidad dramatúrgica, el documental —casi fábula— intenta relatar la melancolía de dos ancianos que han quedado a la saga por las convulsas circunstancias que implica el fenómeno migratorio. Melancolía, y también soledad, aliviadas en el acto de dictarse a sí mismos, y en voz alta, una carta para la familia radicada allende los mares.

"Aquí hay tiempo de sobra para pensar", afirman en un fragmento de la carta. Pero no logramos nunca tener la certeza de si ese "pensar" supone un desgarramiento o es acaso una metáfora para matizar la convicción de que ese "tiempo" es lo único que tienen para aferrarse al aquí (la Isla y la existencia). Sin embargo, no hay pesimismo en la voz narrativa; ni la aceptación de la realidad se traduce en fatalismo, aunque esta afirmación entrañe toda una contradicción. A la imagen de la anciana, devastada e inmóvil por la separación, se contrapone la del anciano que a sus 80 años aprende a cocinar y a lidiar con las obligaciones domésticas. Al final, para ambos ancianos, la memoria es por sobre todo lo primero. Es esa, precisamente, la moraleja de Velas encerrada en la pregunta que cierra la carta: "¿Qué será de las fotos cuando no estemos?"

"Yo quisiera que Cuba sea, con su socialismo, como es hoy Vietnam": esta es la confesión final de Iván Nápoles —director de fotografía que junto a Santiago Álvarez,  40 años atrás, filmara la guerra y la reconstrucción del país asiático— en Viaje al país que ya no existe.

El documental —que es a un mismo tiempo la crónica del regreso a los escenarios de sus más entrañables imágenes— se argumenta desde el relato, las vivencias y anécdotas de Nápoles como corresponsal de guerra de un país que, sobre los escombros del pasado, ha erigido un presente diametralmente distinto. Pasado y presente —en negro y blanco uno; a color el otro— superpuestos en una misma línea narrativa sirven a una historiografía que, más allá de los matices políticos que por lógica debe entrañar toda lectura desde Cuba sobre la epopeya vietnamita, muestra los avances sociales y económicos, aunque igualmente se considere justa la sospecha de una realidad maquillada.

"Viaje al país que ya no existe, es también un homenaje personal a esa generación del ICAIC, por el cual tengo un sentido de pertenencia muy grande y donde he hecho toda mi carrera como actriz", confesaba Isabel Santos en la presentación.

Sobre una historia de amor, que en la sencillez narrativa y visual tiene su mejor acierto, trata  Sarima a.k.a. Molina's Borealis 2, historia que conforma la nueva saga de Jorge Molina, y presentada en el cierre de la jornada dominical en el multicine Infanta.

Con las interpretaciones de Leticia León, Raúl Capote y René de la Cruz, Borealis 2, al decir del propio director, "pertenece al tríptico de la etapa rosa de Molina. Es también un tributo a la ciudad de Gibara […]; y son historias de amor que estoy rodando, para después descender a los infiernos con una serie que se llamará El día que maté a Lady Gaga, y que será un trabajo más bizarro dentro de mi estética".

En Borealis 2 ciertamente le sobran minutos a varias escenas. La extensa escena de sexo, que pudo ser resuelta desde la composición fotográfica, o sugerida desde la dramaturgia, poco aporta a la historia si tenemos en cuenta que se trata de un material de solo 21 minutos.

En esta "fábula" sobre el amor, desde la perspectiva herética que distingue la obra cinematográfica de Molina, las líneas entre realidad y ficción se superponen, pero sin pedantería. Coquetea incluso los presupuestos narrativos del "sueño dentro del sueño". De factura simple, no simplona ni simplista, Borealis 2 bien podría ser un ejercicio de cómo se cuenta una historia con pocos recursos y sin estridencias a destiempo.

Comentarios [ 2 ]

Imagen de Anónimo

como que qué le ha pasado??? los años compadre... ya tiene 53 septiembres... ya esta durita

Imagen de Anónimo

C.O. Jones! que vieja está Isabel Santos, ¿qué le ha pasado a esa mujer?