Domingo, 25 de Septiembre de 2016
11:32 CEST.
Opinión

Escribir y mirar el reloj en Cuba

A principios del siglo XXI el poeta Eliseo Alberto Diego vivía en México y tenía un amigo preso en Cuba. El autor de Esther en alguna parte contaba el tiempo de cárcel que cumplía su compañero de una manera singular. No calculaba los días, los meses ni los años de condena, se empeñaba en pensar en las noches. En una nota que le hizo llegar de alguna manera desde un bar del Distrito Federal le decía con una mezcla rara de humor y consuelo: "Tú tranquilo que ya estás cerca de las 2.000 noches".

Lichy Diego debía conocer, por su sensibilidad y su inteligencia, el tiempo enorme que dura la madrugada en una celda por la que pasan los recuerdos, los amores, la gente querida y lejana en un mismo sueño vertiginoso que se apaga y se enciende acosado por el desvelo.

Recuerdo ahora aquella filosofía porque he leído que este viernes el escritor Ángel Santiesteban pasaba su día número 368, exactamente 15.312 horas, encerrado en una prisión en su país y llevé esas cifras fatales a las noches calladas que evocaba siempre el poeta de Las cosas que yo amo.

En medio de tanta prosa interesada por el intercambio cultural creo que podemos hacerle un espacio a este narrador preso. Un intelectual que no ha dejado de escribir ni de defenderse sin tratar de imponer una escuela o una conducta o de proclamarse campeón ni maestro de nada. Un hombre con una obra reconocida que tiene un nombre y un sitio en la literatura de Cuba y de América Latina con títulos como Dichosos los que lloran y Los hijos que nadie quiso.

Santiesteban, convertido en un maestro de la noche, de la espera y de la reflexión, parece que encuentra en esas oscuridades sabiduría para encarar todos los castigos y agobios que se renuevan todos los días, al alba, con el primer recuento en la galera.

Serenidad y lucidez para escribir este párrafo de rigurosa actualidad: "Estoy seguro que —con mi encarcelamiento— el Gobierno —y particularmente los hermanos Castro—, son los que más han sido dañados, porque dejaron en evidencia la credibilidad del cambio que quieren vender, demostraron cómo pretenden engañar al mundo para obtener financiamiento para la maltrecha economía cubana".

Vive allá en la Isla otro escritor que no tiene reloj, pero le dicen la hora sus amigos y los fantasmas de todos los poetas. Se llama Rafael Alcides Pérez, no quiere medallas ni busca que lo incluyan en las antologías. Escribe poesía y artículos brillantes y rotundos. El poeta de Himno de montaña, La pata de palo y Noche del recuerdo merece un quicio aparte también porque él tiene talento y coraje para decir lo que piensa en cualquier sitio. Y además decirlo bien, en un lenguaje que admiran y respetan los editores, los lectores y sus colegas de España y de otras partes del planeta Tierra.

Cada uno en su sitio, en sus vidas y con su trabajo tienen un lugar que los salva de la seducción de los intercambios culturales con equilibrio de cachumbambé.
 

Este artículo apareció en El Nuevo Herald. Se reproduce con autorización del autor.
 
 

Comentarios [ 5 ]

Imagen de Anónimo

Tremendo. Como mi gato-perro, Raúl ha alcanzado una forma de decir que está entre el mejor periodismo a veces, y a ratos, la mejor poesía, y una manera de ser su palabra en Diario y en El mundo siempre reconocible.

Poeta-certero, o certero-poeta, si de su poesía se hablara. ¿Pero cómo definirlo en el periodismo y frente a artículos como este?

Grande, sin lugar a dudas.

Ojala también salvado de las seducciones

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Estamos condenados, ese maldito pais con el agua por todas partes como decia virgilio.....

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Cuba necesita mas que versos, pluma, poetas e intelectuales, ....

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Gracias poeta, por no caducar y ser nuestra memoria semana tras semana.

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Equelecúa