Jueves, 29 de Septiembre de 2016
23:17 CEST.
Música Contemporánea

Estrenos mundiales y solistas de primera línea en el XXVII Festival de La Habana

Con gran protagonismo de compositores y solistas de primera línea de América y Europa, la creación de música contemporánea, en su más estricta actualidad, se daba cita en La Habana, en el XXVII Festival dedicado anualmente a las técnicas de vanguardia, las innovaciones y los riesgos de experiencias artísticas que van de la música electroacústica, ordenadores mediante, al esbozo rápido de melodías y contrapuntos, al breve madrigal asentado en la mejor tradición.

Relevante la presencia del compositor, guitarrista y director Flores Chaviano, tras larga ausencia de los escenarios nacionales (más de 30 años), tiempo en que ha desarrollado una sólida y exitosa carrera, afianzada en España, de reconocimiento mundial. Fundador del Ensemble de Segovia —agrupación de cámara centrada en la música del siglo XX— y de la Capilla Esteban Salas de Madrid —con la que dio a conocer en España la obra inédita de ese compositor barroco cubano—, Flores Chaviano fue acogido con discreción que rozaba la frialdad, por colegas y ex alumnos de antaño, pues fue profesor durante varios años del Instituto Superior de Arte, ISA; e ignorado por la prensa oficial. Trazos sonoros a Machado es una de sus últimas composiciones, dedicada al poeta Antonio Machado, en el 75 aniversario de su muerte, el pasado junio.

La Basílica del Convento de San Francisco de Asís, el Teatro Nacional, la Sala Cervantes, y la Casa de las Américas, entre otras salas, recibieron a instrumentistas y creadores, destacándose estrenos mundiales como V microgramas para guitarra, del ecuatoriano Mesías Maiguashca, ejecutado por el colombiano Ricardo Cuadros Pradilla; Bagatelas I, II, III, de la española Amparo Fabra, preciosa obra para guitarra clásica, a cargo de la guitarrista puertorriqueña Ana María Rosado, impecable, casi perfecta en su ejecución; Orúlgbodú, de Flores Chaviano, para marimba sola; y las obras de compositores bolivianos y españoles, tocadas por el Nuevo Ensemble de Segovia, bajo la dirección del propio Flores Chaviano, con flauta, clarinete, saxo alto, marimba y piano. La serenidad, rigor y meticulosidad del veterano director aseguraron una lectura de gran musicalidad y transparencia.

De Carlos Fariñas, Leonardo Pérez hacía una versión de su Punto y Tonada para que se luciera el cuarteto de cuerdas del Amadeo Roldán, especialmente, el violín de William Roblejo. ReCycle, de Maureen Reyes Lavastida, y la interpretación del Quinteto Ventus Habana, sacaron adelante la electroacústica, compitiendo nada menos que con Juegos y rejuegos del maestro Juan Piñera, los clásicos Fractales (Carlos Fariñas) y Cirkus Toccata de Juan Blanco.

La excelencia del dúo María Victoria del Collado al piano y Alfredo Muñoz, violín, ambos profesores, lograba uno de los buenos momentos del Festival al ejecutar una selección De 20 Prokofianas, de Juan Piñera, mientras Claudia Toledo en el oboe, Dianis Catá en el clarinete y la norteamericana Janet Harris en el fagot, se esmeraban con lo pensado para estos instrumentos por el  compositor LukePfeil. Los italianos Tommaso Benciolini, en la flauta y Adriano Ambrosini, en el piano, sencillamente brillaban con las obras de H.W. Henze (Alemania) y Oliver Messiaen, de Francia. Y si hubo homenajes a Juan Blanco, Carlos Fariñas y Harold Gramatges, también se rindió tributo al centenario del inglés Benjamín Britten.

Híbridos

De los encuentros teóricos toca destacar Hibridación en la música contemporánea, de la compositora Amparo Fabra, profesora de la Universidad de New Jersey. Hibridación… es el término que están utilizando los investigadores norteamericanos e ingleses para lo que popularmente designamos como fusión. "A partir de la década de los 50 del pasado siglo ─dice Fabra─ esa es la característica sobresaliente y que hoy continúa: la mezcla. Antes de los 50 predominaba la unidad de estilo, serie de rasgos comunes que unificaban a los compositores, definían escuelas. El poliestilismo es lo nuevo, la mezcla de diferentes lenguajes, el collage."

"Se experimenta con todo", afirma Fabra, poniendo como ejemplo a Paco de Lucía, flamenco-jazz, "un híbrido total por lo que tuvo que salir del país, pues no se le reconocía: había resistencia al cambio". Al igual que con Piazzolla y el tango, al romper la tradición en el género. "Cuando el trío de Paco de Lucía improvisa sobre la partitura de Bach, la frase es más libre, y aunque se reconocen las armonías, logran un producto nuevo al improvisar sobre ellas."

Sobre el vocabulario utilizado por los musicólogos para categorizar, etiquetar al respecto,  están la alusióny la cita. "La alusión, cuando copias un poquito de alguien, un fragmento y lo pones en tu pieza. La cita ya es otra cosa, se convierte en un recurso compositivo, es un reconocimiento a otro autor. Se puede construir una obra sobre citas. Aquí la continuidad es lo interesante, como logran darle unidad a estos fragmentos y producir algo nuevo. Cuando Satie copia a Chopin, hace una burla de estilos. El rock, jazz, country se mezclan con la música india y tenemos 'música del mundo'. La música electroacústica con la música clásica, es ya música del siglo XXI, sinfonía de medios, collage de todo."

Los chicos del ISA

El performático director catalán Josep-María Balanyá creó con estudiantes del ISA una obra conjunta: Azul, perfumado, podrido, basada en las improvisaciones de sus instrumentistas (piano, violín, flautas, gaitas colombianas, clarinete bajo, fagot y voz), obra de espectacular impacto sonoro que nos recuerda que la música es un continuo siempre vivo: inteligencia, frescura, virtuosismo y riesgo técnico caracterizaban la vibrante ejecución de la Orquesta Interactiva del ISA.

Vigilia de la guitarra

Creativos e inspirados, los guitarristas mostraban lo más avanzado del repertorio del instrumento en Casa de las Américas,  con obras que incursionaban por igual en lo más acendrado y raigal de su sonoridad. En la música electroacústica: guitarra y cinta de ordenador. La vitalidad, libertad y erotismo de la guitarra se hacía escuchar en Flor del Sancayo, del peruano Edgar Valcarcel;  Ofrenda, del chileno Edmundo Vásquez; Seis tientos, del argentino Gerardo Gandini; en el homenaje a Villalobos del colombiano Blas Emilio Atehrtua; los cubanos Tania León, Eduardo Martín…

Música, y musiquita…

Hubo poca música decorativa, amorfa. Pero hubo. Predominaron las composiciones abiertas, sincréticas, acumulativas, concretas, hechas de fragmentos, de archivos sonoros, de timbres, motores, radio, de gritos de niños, del cimbreante sonsonete callejero. Fluidas y a veces inesperadas, las transiciones apuntaban a una experiencia global, un  presente perpetuo. Hubo fantasmagorías centelleantes, vertiginosas (Piñera, Mesías Maiguashca), solemne (Valcarcel); irónica (Edmundo Vásquez). Muchos convencieron por su formación y solidez más que por su innovación o riesgo. Hubo directores invitados de gran despliegue gestual, enfático. Hubo, cómo no, "cubismo" sonoro, sonidos crudos "espontáneos", masas sonoras cuasi obscenas, acentuados, sensuales silencios.

El Festival de Música Contemporánea de La Habana es, por derecho propio, cita imprescindible en el calendario internacional de festivales. Pero sobre todo, una cita con personalidad propia, que ha sabido flexibilizar su convocatoria en un encuentro de escuelas, muestra de la permeabilidad de las fronteras culturales.

Comentarios [ 1 ]

Imagen de Anónimo

Muchas gracias a la autora por este magnífico resumen.