Miércoles, 28 de Septiembre de 2016
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Cómic

Testigos cansados

El año pasado, la editorial francesa de cómics La Boîte à Bulles publicó dos historias acerca de Cuba y la Revolución. El primero, coeditado por Amnistía Internacional es la biografía ilustrada de una de las víctimas de la Primavera Negra de 2003, Alejandro González Raga. El segundo, otra biografía, aborda la de Benigno, compañero de armas del Che y se basa en el libro testimonial Memorias de un soldado cubano. Los autores y ilustradores de ambos álbumes son jóvenes autores franceses que con sus obras descubren el tema cubano. Y las dos obras son testimonios, basados sobre entrevistas a protagonistas que desde Madrid y París cuentan un pasado matizado por el tiempo transcurrido y por la distancia del exilio.

El recorrido de Alejandro González Raga da una imagen completa de lo que es nacer con la Revolución y vivir en disidencia. González Raga se cría en la casa de una presidenta de CDR de Camagüey: su madre. Se forma en la escuela militar de su provincia hasta que el asma y el amor a la contracultura occidental (Beatles y pelo largo) lo alejan de la ortodoxia revolucionaria. Al final de los 90, tras ayudar a un amigo a montarse en una lancha para partir clandestinamente a EEUU, tiene su primer enfrentamiento con el control policial castrista.

De ahí su acercamiento al ilegal Partido Demócrata Cristiano y al entonces recién creado movimiento de los bibliotecarios y periodistas independientes. Hacía el año 2001, después de una segunda estadía en la cárcel, Alejandro funda su propia agencia de prensa independiente uniéndose después al Proyecto Varela. Por todas estas actividades, deviene persona non grata. El 18 de marzo 2003 acaba súbitamente su activismo y empieza su calvario. Hasta el 14 de febrero de 2008, fecha en que parte de los que sufrieron esa condena fueron moneda de intercambio entre el gobierno español de Zapatero y la Cuba de los Castro: en ese contexto, Alejandro se marcha con su familia a Madrid. Un ersatz de liberación, un exilio forzado.

Siempre habrá alguien para decir que Amnistía Internacional es una organización manipulada por los diabólicos EEUU y que ese relato es la voz del Imperio que fabrica víctimas falsas. Pero a estas alturas, cuando Yoani Sánchez ya no escribe como una semirreclusa en su apartamento habanero, sino que ha hecho una gira mundial, y cuando Robertico Carcassés osó criticar al régimen sobre un escenario en plena Habana, este libro acaba reflejando las evoluciones de la disidencia cubana en la última década.

Además de Amnistía Internacional, ha sido parte del proyecto Reporteros sin Fronteras, la asociación de protección de los derechos de la prensa libre. Y esto podría constituir, de nuevo, materia para las críticas de los enamorados del castrismo a toda costa. Pues hace pocos meses Robert Ménard, que fue presidente de dicha asociación durante años y que apoyó ardientemente la causa de los periodistas presos de la Primavera Negra, fue electo alcalde de Béziers, una ciudad del sureste francés, sin etiqueta de partido pero apoyado abiertamente por el Frente Nacional, la formación de extrema derecha francesa. Entre la defensa de los derechos humanos, la libertad de la prensa, el anticomunismo y la radicalización sectaria de una tendencia política que esta en auge en Francia, parece que existe muy pocos espacio.   

Quizás la forma del cómic ayuda a darle mas perspectiva a un tema tan problemático. Lo que sí es seguro es que a través de ese relato se notan las evoluciones de la cuestión cubana: los disidentes de hoy pueden pedir una salida (lo cual no quiere decir que se la concedan), mientras que los del 2008-2011 fueron deportados de hecho, obligados a abandonar definitivamente su país. Libros como este tienen el mérito de subrayar esa evolución. Aunque eso no signifique que no siga existiendo un verdadero problema con la oposición cubana, la de adentro y la de afuera, y con su percepción drásticamente polarizada por los medios cubanos e internacionales. Entre diabolización y victimización, los relatos individuales aparecidos 10 años después de los eventos ayudan tal vez a avanzar en el camino del esclarecimiento de tan complejo período.   

Es posible que lo mas valioso del libro sean su epígrafe y su epílogo. En el epígrafe aparece una cita de Canek Sánchez Guevara, nieto del Che: en ella dice que hay que desmitificar al régimen cubano y recordar que en Cuba no hay solo una disidencia de derecha, como se tiende a decir en los medios de lo que Canek llama "la izquierda internacional". Denuncia la insistencia de esa izquierda en calificar sistemáticamente a la disidencia cubana como mercenaria, pagada por la CIA o el Gobierno de EEUU, y acaba diciendo lo que nadie dice con claridad: sí hay grupos pagados por la derecha americana, pero existen muchos que no lo son.  

En el epílogo, los autores y la editorial proponen un corto texto que titulan "La ambivalencia de Cuba", y en él se habla de la represión, del control, de lo raro que resulta para cierta opinión el seguir denunciando injusticias cuando los "antiguos presos" ya se encuentran supuestamente a salvo, en Madrid, testimoniando de lo duro que es cualquier exilio.

También se explica con excepcional buena fe que si todos los disidentes de la Primavera Negra han sido formalmente liberados en el verano 2011, ello no cambia el hecho de que siguen sin existir en la Isla derechos de asociación y de expresión, y continúa allí la intimidación contra quienes alzan su voz.

El texto explicita que siguen pasando hechos como el arresto brutal de decenas de personas en un día, como lo que sucedió en el 2011 cuando falleció el controvertido disidente Orlando Zapata Tamayo o después de la muerte de Oswaldo Payá en el verano de 2012.

En la biografía gráfica de Benigno también hay matiz y distancia: de hecho, en las últimas páginas que sirven de epílogo al recuento, los autores no solo proponen unas líneas sobre las situación actual de Cuba, anotando que "la revolución democrática tan esperada en Cuba no parece estar a la orden del día", sino que también hacen una nota sobre la situación de los países latinoamericanos entre los 70 y los 80 y la represión de la Operación Cóndor. En este caso se trata de intentar hacer una crítica mas consensual, sin que se pueda decir que denunciar las derivas castristas convierta necesariamente en ardiente partidario de EEUU.

La vida de Benigno ilustra otra cronología, paralela aunque anterior a la de González Raga. El libro comienza cuando el joven Daniel Alarcón se enrola en las fuerzas revolucionarias de la Sierra, uniéndose a los barbudos después que militares de Batista hubiesen asesinado a su joven novia embarazada. El (no tan) cómic narra su trayectoria de combatiente, de compañero de Camilo, del Che y de Fidel, hasta su calvario en la selva boliviana y su huída del escenario que fue trampa mortal de Guevara.

El libro narra en otro epílogo su regreso a Cuba y sus años de propagandista del régimen, Benigno acaba describiendo lo que él considera una traición de Fidel Castro, quien en su opinión habría abandonado voluntariamente a aquellos combatientes en Bolivia. Al decir esto añade que no deja de ser revolucionario, a su manera. Él no piensa haber traicionado a la Revolución. Otros sí lo habrían hecho.

Los dos textos se terminan con la visión de hombres avejentados, en casas o cafés de capitales europeas, melancólicos pero dignos en sus testimonios, ya despojados de la vergüenza que pudo implicar en algún momento —según ellos— la desilusión revolucionaria. Tal vez estos testigos cansados sirven de metáfora para el agotamiento no solo de la Revolución, sino también de la cuestión cubana en general. Estos relatos de la desilusión suenan como la puesta en memoria de algo que todavía no ha acabado. ¿Será esa la incómoda peculiaridad del tema político cubano? ¿La extensa duración de un final que no acaba de terminar y de un régimen que deviene memoria, sino historia, antes siquiera de haber fenecido?

Dos biografías cubanas dibujadas

Dos testimonios, el de un prisionero de la Primavera Negra y el de un hombre de la tropa de Ernesto Guevara, han sido contados en cómics en Francia. Lo cuenta Romy Sánchez en Testigos cansados.

Comentarios [ 4 ]

Imagen de Anónimo

Excelente análisis.

Imagen de Anónimo

Lamento decirles que estos comics son "bien franceses". Les explico. En estas historietas se dice que los personajes cubanos son de izquierda y socialistas y que se sienten traicionados por Castro. Hasta ahi llega la "critica" francesa a la dictadura cubana. Asi que el anonimo Anónimo - 15 Nov 2014 - 11:07 am. que dice ser de CENTRO DERECHA no tiene ninguna posibilidad en los medios culturales, editoriales o universitarios franceses. Hay que ser de izquierda moderada y frustrada: "bien pensant" se dice en la lengua de Proust...como en estos comics...

Imagen de Anónimo

Que aburridos y feos deben ser ambos comic.

Imagen de Anónimo

 la principal funcion de los cubanos que viven en países importantes del mundo moderno como Francia es ...1- denunciar y explicar con profundida y claridad el desastre del socialismo .....y ...2-estudiar bien esas sociedades democraticas y hacer apuntes que puedan servir a la hora de aplicar las mejores reformas democraticas en la Cuba sin los castro. CENTRO DERECHA CUBANA