Martes, 27 de Septiembre de 2016
01:21 CEST.
Teatro

La Habana aguanta de todo

Tres, dos, uno. Comienza la prueba de suficiencia.

Ni que fuera tan difícil reconocer los referentes culturales que persiguieron a más de una generación de cubanos. Pero para entender una obra que se anuncia como un espectáculo de diseño de vestuario conceptual, que combina la danza contemporánea, la performance, el audiovisual, el teatro y que no cuenta nada, quizás haya que tener ciertas capacidades telequinéticas.

Yilliam de Bala, Roberto Ramos Mori su director, quedó para unos como una obra de teatro, como una coreografía  y para  otros como un ejercicio intelectual de su autor.

La maldita circunstancia de Martí por todas partes resemantizada; la música electrónica apropiándose del discurso de Fidel como gesto de irreverencia/homenaje; la cajetillas populares de los 80, 90 rediseñadas; la propaganda ideológica recontextualizada en una visualidad abigarrada que confunde y no comunica nada.  Todo eso para decir que "El verdadero espíritu santo es la moda".

Ramos Mori, diseñador de Teatro El Público, se expresa desde el posmodernismo, una corriente casi extinta. Olvida que, en un mundo que cree haberlo dicho todo, la escena está intentando contar historias. El resultado de Yilliam… es la nada, un espectáculo a medias tintas que convierte al arte en material desechable, en un hecho monótono.

En fin, forma sin contenido.

Aun cuando no les diera crédito, la coreógrafa Sandra Ramy está por todas partes;  y la proyección escénica de la actriz de El Público que monologa un texto ininteligible por metalingüístico, es excelente.  

Dos días en el teatro Trianón y esperemos que sea suficiente. La Habana no debería aguantar más egolatría de la que ya tiene.

'Yilliam de Bala'

Yilliam de Bala, dirigida por Roberto Ramos Mori, se anuncia como un espectáculo de diseño de vestuario conceptual, que combina la danza contemporánea, la performance, el audiovisual y el teatro.