Domingo, 25 de Septiembre de 2016
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Cultura

El mercado de la jerarquía

Bajo el titular "Jerarquía y Mercado", la Mesa Redonda de los días 22 y 23 de octubre invitaría a directivos del Ministerio de Cultura, creadores e investigadores para exponer criterios sobre la política cultural, la economía de la cultura, la creación artística y la defensa del patrimonio.

Las dos sesiones, según el consenso de sus expositores, se dedicaban a revisar "las coordenadas que sigue el país en materia de política cultural y comercial, cuánto una se subordina a la otra y cuáles son las esencias que se definen en todo el entramado institucional que le da soporte a la proyección de las manifestaciones artísticas". Los debates en cuestión se abrirían a partir de la interrogante: "¿son compatibles los términos cultura y mercado?"

La opinión ciudadana, más allá de las publicitadas en los comentarios a las publicaciones de los websites oficiales, sirve igualmente como coordenadas para marcar el pulso del país al respecto. Aun cuando estas políticas culturales "se quieran vender como establecidas para elevar la calidad de vida de la gente, ninguno de los criterios que allí se dijeron tuvo en cuenta a las culturas populares", dijo Eduardo Bonilla, quien por muchos años fuera músico y coreógrafo de la comparsa El Alacrán.

Según Bonilla, "en principio, a nadie le importa de verdad lo que pasa con las comparsas, ni de dónde salen los dineros para vestuarios, ni para instrumentos, ni para utilería. Cuando viene alguna delegación de yumas, interesados en la cultura popular, entonces sí que vienen muy amistosos, con todo su protocolo, y te quieren tratar como si te conocieran de toda una vida. Cuando se habla de las comparsas es solo para relacionarlas con la violencia y la marginalidad, como hicieron este año con la comparsa de la FEU. Lo quieran o no, las comparsas son parte del patrimonio cultural cubano; lástima que solo sea cuando les conviene. Cultura popular no es solo Van Van, ni todo aquello relacionado con los negros".

A criterio de Rafael Pérez Malo, vicepresidente del Consejo Nacional de Artes Escénicas (CNAE), "el Consejo tiene, para garantizar una programación jerarquizada, una docena de instituciones que pueden acompañar esa política artística […] y entre éstas la más importante el Centro de Teatro de La Habana […]. El mayor reto es tener instituciones culturales más eficientes, más efectivas y que nunca olviden la vocación de servicio. Tampoco podemos tener un diálogo con los creadores si no les tenemos un espacio para que ellos proyecten sus discursos expresivos".

En contraste a esta opinión se escuchan noticias recientes sobre un conjunto de sucesos que han despertado inquietudes en varios proyectos escénicos como los dirigidos por Raúl Martin y Mario Guerra. En carta abierta, Alberto Curbelo, director de Teatro Cimarrón, revela que "la actual dirección del Centro de Teatro de La Habana —que pasa por su peor momento en las últimas dos décadas— liderada por Marianela Amorós, lleva ¡diez meses! sin aprobarnos el completamiento de la plantilla de actores (particularmente, negros y mestizos) imprescindibles para las reposiciones previstas. También nos bloqueó el completamiento de los cargos vacantes, e igualmente indispensables para asumir el trabajo de la Compañía […]. Desconoce además de la naturaleza de los procesos artísticos, del tiempo necesario para lograr la preparación de un actor que pueda vencer los requerimientos de la puesta en escena".

Mario Guerra, también en carta abierta, denunciaba los escollos que atraviesa su Compañía para llevar al público la puesta en escena de La Misión. "Solo hemos alcanzado a dar seis funciones en todo este tiempo […]. El, o los responsables siguen siendo un enigma. El salón de ensayo donde trabajamos los últimos seis meses antes de estrenar fue una gestión personal. El estreno (solo dos funciones) fue una gestión idéntica a la anterior. Un talle a nivel de socio, de los cuales estamos sumamente agradecidos […]. Por último los encargados de programarnos nos ofrecieron un mes en una céntrica sala de la ciudad […]. El día antes del estreno llegamos a la sala y nos encontramos que no existía nada de las necesidades técnicas (una de ellas sumamente esencial) para realizar el ensayo […] ¿Qué hacer? ¿Se supone que nos quede algo de orgullo? Suspendimos, no sin mucho dolor, la temporada".

El sitio web Cubadebate se hizo eco de las exposiciones de la Mesa Redonda, y en el artículo "Cuba: Política Cultural y Economía de la Cultura", intenta un balance de éxitos, con estadísticas incluidas, alcanzados entre 1959 y 2014. En el documento se reafirma que "el Estado tiene la responsabilidad indelegable de proteger, garantizar y desarrollar la enseñanza artística y el patrimonio que es la memoria histórica de la nación cubana".

Los resultados que devienen de esa responsabilidad indelegable son objeto de preocupación y de dudas, cuestiona el promotor cultural Osmani Espinosa, "en tanto cabe preguntarse quiénes son, dentro del Estado, los que deciden cómo proteger, garantizar y desarrollar la enseñanza y el patrimonio. Creo que mientras el Estado, por ejemplo, no devele aquel proceso por el cual Agustín Acosta no es el Poeta Nacional de Cuba, no se podrá hablar nunca de memoria histórica ninguna. No significa esto cuestionar ahora la figura de Nicolás Guillen, ni siquiera de removerlo de su estatus porque lo hecho, hecho está. Se trata de que todos los cubanos conozcamos ese oscuro evento que tuvo lugar en 1962".

Según Nadia Naranjo Pons, directora de Industria y servicios culturales, "el sistema de la Cultura está conformado por instituciones presupuestadas nacionales y las territoriales, así como por las empresas. Hay un total de 24 empresas, de las cuales solo aportan siete y de estas solo dos —Artex y el Fondo de Bienes Culturales— tienen aportes financieros relevantes".

Es lógico, en tanto Artex y el Fondo, poseen estatus similares como sociedades mercantiles cubanas que tienen como objeto social fundamental la promoción y comercialización de un amplio espectro de productos y servicios de la cultura cubana; con una infraestructura que no son permisivas para otras instancias. "Pero los precios de las ofertas que ahí se comercializan siguen siendo privativos para los ciudadanos cubanos", asegura Alain O'farrill, técnico en explotación del transporte. "Lo que significa que nunca los cubanos tendríamos acceso a determinados productos y servicios de la cultura; suponiendo ello que estas instituciones comercialicen la verdadera cultura cubana, que considero no es el caso, pues sus ofertas están más cerca de la banalidad del suvenir para turistas que de una auténtica expresión cultural nuestra".

"Vi las dos sesiones de la Mesa Redonda [comenta Enrique F. Sayú, trabajador de Aguas de La Habana] y créeme que no encontré en todos esos criterios una pizca de esperanza para lograr que mi nieta, de catorce años, se despegue del Canal Educativo 3 [La Antena] y del Paquete. Confieso que no soy muy leído ni escribido, pero no hay que ser universitario para comprobar que la diferencia entre lo que dijeron en la Mesa Redonda y lo que se ofrece en nuestra televisión es casi infinita. A mi entender allí se hablaba de jerarquía y de mercado para la alta cultura, cosa que me parece fenomenal para los propios artistas; pero no vi mucha insistencia en propiciar un mercado para la otra cultura; entonces ¿y el respeto a los gustos… dónde quedamos los otros?"

Respecto a la llamada cultura alternativa y a su inclusión dentro del trazado de las políticas culturales, sus jerarquías y mercados, el artesano Lázaro R. Pérez plantea que "el panorama no es tan idílico como dibujaron los jefes en la Mesa Redonda. Me toca muy de cerca, por ser rockero y tener afinidades con el rap y la música electrónica, las tribulaciones de las agencias de rap y de rock para sostenerse como instituciones autofinanciadas. Cuando se habla de ingresos y rentabilidades, y que conste que no soy económico, no puede haber una misma aplicación de fórmula para un grupo rockero que para una agrupación como Buena Fe, Gente de Zona o La Charanga Habanera. Nadie se ha preguntado el porqué le quitaron el presupuesto a la revista de rap Movimiento y por qué la agencia de rock todavía no ha podido armar ni la primera edición de su revista Rock del Patio. Sí, se habla de autofinanciarse, pero cuando te buscas un sponsor con alguna embajada u ONG, empiezan las trabas, recelos y aparece, para justificar la historieta, el fantasma de la USAID".

"Jerarquía y Mercado en la cultura cubana", una relación que, todo indica, no ha quedado muy clara para los cubanos al menos a corto plazo, y a pesar de la insistencia de Cubadebate en determinar que "la política cultural ha de estar dirigida a que nuestro pueblo tenga una oferta cultural de calidad, rigor creativo y humanista y la política económica que se diseñe para la cultura deberá responder a esos propósitos y que nuestros creadores, su familia y su pueblo, reciban los ingresos que se merecen por su obra".

Buena suerte en ello.

Comentarios [ 3 ]

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Dejejue dentearíeis y pongnase pa'la jama

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Un secreto muy sencillo: olvidarse del Mincult. Convertirse en cuentapropistas con salas privadas de teatro, galerías en paladares y demás. No hay otra solución que tirar a m al estado.

Imagen de Anónimo

Jerarquía y mercado tienen muy poco que ver entre si. De hecho son dos cosas distintas que funcionan con reglas muy diferentes. Basta comprobar cómo funciona un cuartel y cómo lo hace un mercado de oferta y demanda. Nada que ver. Son instituciones distintas. La jerarquía supone obediencia ciega y al mismo tiempo, falta de responsabilidad. Cuando la jerarquía es asfixiante, las organizaciones pueden quedar paralizadas. En contextos de mucha jerarquía poco importa que el cliente esté satisfecho, lo único relevante es obedecer y hacer creer que se cumplen las normas. En el mercado, la obediencia viene dada por el cliente que paga el precio. La organización de mercado investiga y detecta necesidades continuamente para darles atención. Se orienta por el beneficio. Por supuesto que existe una jerarquía, pero la innovación, la asunción de responsabilidades y el dinamismo, son mucho más importantes. Vamos, nada que ver una cosa con otra. Al castrismo le vendría muy bien dejarse de tanta jerarquía, y apostar más por el mercado. Seguro