Viernes, 30 de Septiembre de 2016
21:26 CEST.
I Festival Habanarte

Lo oficial del goce

Ambicioso, pretencioso, concebido igual que la monstruosa, monumental autopista que se dirige al futuro infinito visionada por el escritor Jorge Lage en La autopista: the movie, el I Festival de las Artes y la Cultura Cubana, bajo el lema "Todo el arte de una vez", se extendió durante 11 días por salas, teatros, sitios patrimoniales, estudios de grabación, talleres de artistas plásticos, centros de exposiciones, museos, escuelas de arte… Sirvió, más que para acceder a  zonas de descubrimiento y conquistas del espíritu, para poner a prueba el valor instrumental del arte en la sociedad

Pulsaron en ese empeño el Ministerio de Cultura y la Casa del ALBA, en maratónica alharaca, dirigida fundamentalmente al público extranjero —en su mayoría turistas y empresarios venezolanos—, espectadores privilegiados de 10 festivales en uno solo: Habanarte.

Sueño de funcionarios y burócratas, la idea de fusionar los eventos culturales internacionales no es nada nueva, y en esencia va dirigida a hacer desaparecer los acostumbrados eventos de carácter anual o bianual para concentrar gastos en lo que desde ya se anuncia como "la vitrina de la cultura cubana".

Todo el arte sin programas de mano

A pesar de la reticencia de algunos directores de compañías y grupos (Miguel Iglesias, Danza Contemporánea, Guiñol Nacional, Centro de Desarrollo de las Artes Plásticas), artistas e intelectuales cedieron al correcorre  del autoritario entusiasmo ideológico, para mostrar "de un golpe" la producción cultural y literaria del país.

Casi todos expusieron lo que ya tenían montado: en teatro hubo reposiciones como Delirio Habanero, de Alberto Pedro, bajo la dirección de Raúl Martín. El Ballet Nacional, Danza Contemporánea, el Conjunto Folclórico y la Compañía de Rosario Cárdenas, entre otras, ofrecieron coreografías reconocidas y ovacionadas internacionalmente, espectáculos muy bien recibidos por el público del patio, ávido de disfrutar obras que muchas veces han tenido su estreno "afuera" antes que en el país. 

Las artes plásticas se lucieron con su VI Salón de Arte Contemporáneo, dedicado al universo digital, con 600 obras y 103 artistas participantes en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, la Fototeca y el Centro Wifredo Lam. Esta última institución con la muestra Otras narraciones, dedicada al trabajo de animación, spots, videoclips y videoarte, muy incómoda de visualizar de pie, con ausencia total de asientos para un más demorado visionaje.

El Museo Hemingway recibió la visita de los nietos del autor de El viejo y el mar, en año cerrado de conmemoración de la entrega del Premio Nobel. Y los cinéfilos tuvieron en el multicine Infanta y en la Sala Charlot 18 títulos de cinemateca, muy bien seleccionados, desde el primer corto sonoro, Maracas y bongó (1932), de Max Tosquilla, hasta Suite Habana (2003), de Fernando Pérez.

De todas las artes sobresalió, cómo no, la música en mayúsculas: desde la inauguración del evento, a cargo de Issac Delgado, en El Sauce, hasta el cierre, en la Casa del ALBA, con José María Vitier y sus estrenos de estudios lorquianos. Sin dejar de lado el concertazo de Descemer Bueno en el Karl Marx, junto a La Colmenita que le acompañaba en su gran éxito del momento, "Bailando".

Según los coordinadores, el próximo año va a repetirse esta barbaridad. Sin transporte, sin aseguramiento técnico en no pocos lugares, sin programas de mano para orientarse en el caótico devenir donde dos conjuntos de danza pueden ofrecer sus espectáculos el mismo día y a la misma hora, prácticamente uno enfrente del otro (Danza Contemporánea, Compañía Rosario Cardénas), el público habanero, que no el extranjero, quedó bien chasqueado: no se puede ver "todo el arte" al unísono, en paralelo o transversalmente, si queda en manos de los burócratas.

Habría que dejarlo en manos de sus hacedores, los artistas. Que ellos decidieran y programaran. Así ganaríamos todos.

Comentarios [ 2 ]

Imagen de Anónimo

Cada dia mas circo y menos pan.

Y Silvio Unplugged?

Imagen de javier monzon velazques

Azucena al parecer no tiene problemas con la magra cartilla de racionamiento, ni con la carencia de medicos en los centros hospitalarios, ni con, etc., etc., etc., y se ocupa de vender nimiedades culturales, cuando al pueblo lo afectan carencias vitales. A los cubanos les importa un bledo toda esa "culturosidad" que "ofrece" el regimen; quiere Jama como pedia Panfilo. A lo que se refiere Azucena en el articulo es el clasico "pan y circo"de los romanos , pero sin pan.