Cine

'Meñique', en 3D

La primera película cubana en 3D, de Ernesto Padrón, es una historia de amor con personajes virtuosos.

Dos filmes cubanos proponen los cines de estreno de La Habana. Ambos casualmente inspirados en la literatura: Boccaccerías habaneras y Meñique.

El primero traslada el espíritu del Decamerón a la ciudad, fielmente —un espíritu que perteneció más a Boccaccio que a su realidad, desde luego—, oxigenando la comedia nacional. La segunda es una transformación. Se trata de la versión libre hecha por Ernesto Padrón del cuento Poucinet que Martí tradujo como Meñique. Nuestra primera película animada en 3D.

Llevarnos a esta tecnología hubo de requerir años de esfuerzo, y sin dudas bastante terquedad por parte de los realizadores, acostumbrados como estamos a la pobreza y la inercia. Cuenta el director que antes de empezar fue necesario organizar cursos que formaran nuevos animadores, ya que no había alguien diestro en el asunto. Prueba del empeño también es el hecho de que por primera vez se hiciera en Cuba un story reel, o boceto animado que suele probar la aceptación del público antes de completar una obra, al estilo de Disney.

El resultado es considerable: no parece nuestra primera película en 3D. Salvo algunos momentos breves, desde el punto de vista técnico la obra mantiene una calidad sin objeciones. El ambiente y la caracterización de los personajes buscan además el acomodo a nuestra idiosincrasia. Lo cual, bien dosificado (digamos, con pudor) consigue un encanto digno del Elpidio Valdés —cuya comparación se hace inevitable—.

Llegado al final, el filme pierde un poco el balance. Quizás porque los hechos del original que le sirven para contar otra historia son los menos sólidos. El Meñique de Ernesto Padrón es una historia de amor con personajes virtuosos. Poucinet trata del conocimiento y la virtud. Para adaptar el cuento, entonces, al tema del amor, Padrón tuvo que lidiar con los elementos más extraños, i.e.: el tamaño de Meñique, la intervención de la princesa. El primero es evidente: el Meñique-Poucinet cabe en una bota (¿quién no se inquietó, en la infancia, por la anunciada boda?). Se trata de un error del original en el manejo de un símbolo, que pierde la doble naturaleza necesaria. Poucinet es diminuto para evidenciar que vale más el conocimiento que la fuerza física… Sin embargo, para casarse con la princesa, también debía ser un hombre. Padrón soluciona este inconveniente de manera visual: su Meñique no es tan chico, sino poco más que la mitad de la mujer.

El segundo obstáculo es más complicado. Se trata de la princesa misma, que en Poucinet constituye una recompensa, tal y como el título nobiliario —con la desventaja de que hablaba, y pedía cierto control sobre su matrimonio, cierto capricho de mujer—. El director encuentra para esto una solución ingeniosa: la princesa del siglo XXI tendrá doble identidad, una malcriada y visible, otra virtuosa y oculta. Es de larga tradición en los cuentos folklóricos el enmascaramiento, funciona bien al principio, y elimina el tema de la misoginia, de paso.

El problema aparece al hacer corresponder esta doble identidad con los hechos del cuento original: para justificar la usura en el episodio del gigante, que la princesa de Poucinet pide a Meñique a ver si pierde, la nueva versión tiene que acudir a una cadena de hechizos, peleas, revelaciones… que al final se acumulan de manera inestable. Prueba de que los hechos, en una historia, sí hablan por si solos, y de que las adaptaciones temáticas que quieran aprovecharlos para cambiarle el sentido, son de lo más difícil.

No sé qué de malo tenía la curiosidad como móvil de la acción. Aunque, de todos modos, un arreglo contemporáneo de Meñique tendría que lidiar forzosamente con el personaje discorde de la princesa.

Tráiler de 'Meñique', de Ernesto Padrón

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Comentarios [ 3 ]

Imagen de Pamela Landy

Me parece loable que hayan podido hacer algo así en Cuba. Viendo las difíciles condiciones en las que los artistas se ven obligados a desarrollar su trabajo, me parece un logro extraordinario de todo el equipo y un hito de la animación en la isla. Los realizadores merecen un fuerte aplauso.

Fui al estreno en una de las salas del antiguo cine "Infanta" con mi sobrino, y los niños ven la película y la historia desde su limpia mente. Por cierto, nadie lo aclara: la película está hecha con la técnica de 3D, pero en el cine no se precisa de las gafas para verla, amén de que en Cuba, por el momento... parece, solo algunas salas privadas cuentan con una verdadera puesta en pantalla de películas en 3D... con las gafas.

Salu2, Pam Landy

Imagen de Anónimo

Zoquete ¿tú lo haces mejor? ¿dónde está..?

Imagen de Anónimo

Animacion de los anos 90 , horrible :-(