Lunes, 20 de Noviembre de 2017
00:04 CET.
Entrevista

«Me gusta pensar en lo posible inalcanzado»

Los jóvenes escritores y artistas acuden a Manuel García Verdecia con dudas e inquietudes. Quien se ha granjeado la confianza por su sapiencia, y sinceridad. Promotor por amor al arte y la literatura, defensor del mejoramiento humano.  

Preguntar siempre es un riesgo, puedes recibir las mil respuestas, herir o fulminar a un ejército. Doy el arma a Manuel y que él ponga los proyectiles. Profesor, escritor, traductor y editor. Licenciado en Lengua Inglesa y graduado de Lengua Francesa. Obtuvo el grado de Máster en Cultura Cubana con su tesis sobre la narrativa de la década del 1930. Ha sido profesor en universidades de Cuba, Canadá, República Checa y México. Su obra ensayística es extensa. Ha publicado libros de poemas y novelas. Ha traducido a Sylvia Plath, Alice Walker y Walt Whitman. 

Naciste en Cueto, háblame de tu infancia, los amigos de entonces y la familia.

Nací en Marcané, en el batey de un central, de lo cual ni reniego ni me arrepiento. Esto me brindaba dos posibilidades: contaba con las facilidades básicas de una ciudad (escuela, hospital, cafeterías, cine, etc.) a escala de un batey y además, a unos pasos, ya estaba la naturaleza varia y estimulante.

El batey estaba muy organizado, se fumigaba (lo que proporcionaba el juego de meterse en el humo), pintaban las casitas, arreglaban el camino todos los años, el tren pasaba puntualmente por la estación, el ingenio pitaba las horas y siempre ibas a su son… Todo el mundo se conocía y, sin que fuera un paraíso (había chismosos, pendencieros, borrachos y picapleitos, como en todas las viñas del señor) pues los vecinos te ayudaban y velaban por ti.

Cada vez que alguien me veía haciendo algo supuestamente impropio, me decía: "Gallego, para la casa", y lo que decía un adulto no se discutía. Simplemente se ejecutaba, pues si renegabas y se lo contaban a tus padres, el asunto se volvía realmente feo. No es que siempre tuvieran la razón pero imponían límites.

El hombre tiene que saber que existen límites, fronteras que no podrás cruzar sin consecuencias. La muerte es el último límite pero no el único. Es lamentable que eso se pierda pues uno tiende a pensar que se puede hacer todo, cuando quieras y donde quieras. Una comunidad de personas no funciona así. Y en el batey, de cierto modo, se lograba una pasajera armonía.

Mi madre siempre fue muy estricta y no daba mucho margen para andar de mataperros. Pero esto te hace también buscar tus oportunidades y, además, apreciar inmensamente tus ocasiones. Cuando no podía ir a corretear o jugar a los vaqueros o a la pelota, pues me iba al patio a imaginar cosas. Creo que ahí nació el escritor. No teníamos televisión, pocos tenían, ni libros que no fueran los de la escuela. Oía los episodios en la radio y también obras literarias adaptadas, como Oliver Twist, Sherlock Holmes o Sandokan. Eso me daba combustible para mi imaginación en solitario.

En el patio reproducía escenas y personajes, combates y viajes, y por supuesto siempre ganaba. En la barbería, que era un sitio fabuloso, como el salón de limpiabotas, oía las mil historias y chismes que se contaban, pero además, me entretenía —a veces corriendo el turno para demorarme— leyendo los muñequitos, donde siempre los buenos ganaban y eso me gustaba, tanto que ha sido mi inclinación moral: ayudar a que siempre ganen los buenos.

Tuve buenos amigos, con quienes jugué, aprendí dos o tres cosas, tomar riesgos, cumplir la palabra, tener sentido de fidelidad, compartir los primeros amores (nos enamorábamos de las mismas niñas y creo que nos iniciamos en el sexo con las mismas vecinas haitianas, bellas y jubilosamente generosas) pero la vida nos dispersó porque teníamos que buscar eso dorado de que todos hablan (sobre todo nuestros padres): un destino mejor.

Ya te digo éramos una familia pobre, mi padre trabajaba en la bodega de un libanés —hombre generoso—, mi madre lavaba y planchaba para mejorar el presupuesto. Éramos cinco hermanos y había que proveer lo necesario. Pero se las arreglaron para hacernos estudiar, llevarnos cada mañana un pan con mantequilla a la boca y cada noche alguna golosina antes de dormir, así como para calzarnos y vestirnos y hacernos saber que éramos pobres pero honrados.

Mi padre era muy cariñoso, suplía financieramente y nos daba afecto. Nos sacaba a pasear y nos dormía en una mecedora silbando danzones. Mi madre imponía la disciplina y llevaba la casa cantando boleros, todo cubanamente musical. Con ella no se jugaba, pero nada te faltaba. Como buenos hermanos nos fajábamos pero nos divertíamos y queríamos bien. Esa fue una etapa ardua pero amable de mi vida.

 ¿Crees que es una utopía el cambio, los sueños y la esperanza que te han acompañado durante años en este país?

Nunca me ha gustado la palabra utopía. Incluso, hay que recordar que su uso original era irónico, para hablar de cómo eran las cosas en un lugar que no existía (su etimología) de modo que por carambola se critica el statu quo del presente. Pienso que muchos terrores y excesos se han cometido en pos de la utopía, muchas energías y masas de seres se han dilapidado en su búsqueda. Entonces me he preguntado, ¿por qué el hombre debe esforzarse, dejar los huesos y los sueños en el camino hacia algo inalcanzable? ¿Qué tal si nos proponemos volar en vez de caminar o vivir en el agua como los peces o trasladarnos a la velocidad de la luz o, lo ambicionado, ser inmortales?

Eso podría ser parte de la utopía sin embargo a nadie se le ocurre. Me parece que es mejor luchar por lo posible. No sabemos si hay luego otras vidas. Solo conocemos esta y quienes parten se guardan muy bien el secreto, no nos envían señas para alentarnos. Entonces, ¿por qué perder la vida luchando por lo imposible o, peor, lo inexistente?

Me gusta pensar en lo posible inalcanzado, la posibilidad distante pero conseguible. Es necesario pensar alto, pero con la conciencia de nuestras facultades reales para lograrlo. Es más humano y estimulante. El hombre que se encamina hacia una meta que puede lograr y una vez allí se impone otra y luego que la conquista otra más y así continua y sucesivamente, conoce la satisfacción de la realización y la plenitud del despliegue de sus potencialidades.

Vencer metas conseguibles le da al hombre no solo satisfacciones materiales sino éticas y espirituales. Ve un propósito para esforzarse y luchar. Hemos estado envueltos en fines que rebasan nuestras fuerzas y nuestras posibilidades. Hay que ser más humildes. Dice Octavio Paz en un poema: "el bien, quisimos el bien: enderezar el mundo. No nos faltó entereza: nos faltó humildad". Es así, yo también me dejé llevar por el idilio de la sociedad perfecta, luego por el idealismo de revertir eso, y siempre fui apaleado, denigrado o apartado. Ahora me doy cuenta de que mi contribución al mejoramiento humano de que hablara Martí es mi mejoramiento personal.

Trato de ser cada día una mejor persona con quienes me rodean y con el entorno donde existo. Y eso no es una utopía, es algo posible porque lo voy verificando. No pretendo ser un santo, pues para eso Dios dejó a aquellos el cielo y nos puso a nosotros en la tierra. Solo deseo ser un hombre de bien.

Perteneces a una generación muy violenta, y disgregada por el mundo. ¿Me puedes hablar de esos años en que se reunían en cualquier parte para hablar de literatura?

De los años de mi generación se ha hablado bastante. Sufrí que me picaran el pantalón por estrecho, que me mandaran a pelar, que no pudiera oír lo que quería (aunque nos la arreglábamos, un amigo tenía un pequeño radio portátil y oíamos emisoras extranjeras con la música del momento), que tuviera que repetir ideas que no entendía, que no pudiera decir lo que pensaba sino lo que los otros querían oír… En fin, pero eso también te forja una manera de relacionarte con el mundo, estableces "universos paralelos": uno en la calle, otro con la familia, otro con los amigos…

La música y la literatura fueron los tutores de mi educación sentimental. Escribíamos cosas que generalmente nos leíamos unos a otros y olvidábamos. Iba a casa de Ramiro Gutiérrez, trovador beatlemaníaco, con Alcibíades Zaldívar, que ya habían hecho un combo, como se decía, y rasgueábamos la guitarra y cantábamos todo lo que oíamos: Beatles, Dylan, Serrat… Intenté entrar en la Nueva Trova y quedé de candidato, pues no dominaba bien la guitarra aunque cantaba sin dar espanto.

Fui conociendo a la bohemia holguinera. Noctámbulos de los parques, que bebían y leían. Las cafeterías no trabajaban de continuo, así que había unos "tiros" de refresco a granel y medallones —algo espantoso pero entonces con el fuego del hambre era maná— y en espera de esos tiros pues hablábamos de literatura, música, cine. Esto muy importante, los cines aún funcionaban y había un Cine Club Universitario donde vi todo el cine, los grandes momentos —expresionismo, neorrealismo, nouveau vague…– pero también lo mejor del cine socialista: Fabry, Jancsó, Wajda, los Konchalovsky, Tarkovski…

Eso nos dio una tremenda impulsión estética, sobre todo de cómo nombrar lo innombrable. Los fines de semana íbamos a "motivos", les llamaban, pequeñas fiestas familiares con alcoholes caseros, donde se bailaba y se pasaba el rato. Lo importante era que ibas relacionándote con los inquietos. Como había nacido fuera de Holguín no conocía a muchos de los escritores. Conocía bien la ciudad y tenía amigos, pues veníamos todos los veranos a pasarlos con mi abuela materna en una paupérrima casa de guano de un barrio marginal, Pueblo Nuevo, pero ellos estaban muy distantes del ambiente fáustico de la creación. De modo que en aquellas incursiones nocturnas nos fuimos relacionando.

Conocí a Carlos (Carlín) Jesús García, Pedro Ortiz, Orestes Madrigal, Gilberto González Seik, Alejandro Querejeta… Venían entonces autores de La Habana, que no estaban en buenas estaciones con los burócratas de entonces, entre ellos Eliseo Diego, Cintio Vitier y Fina García Marruz, Manuel Díaz Martínez, César López, Pablo Armando, José Soler Puig (de Santiago) y estos escritores ya hechos nos daban consejos y abrían espacios. Lo peor era que si no escribías de lo que se escribía no te publicaban ni te daban un premio. En todo libro debía haber textos dedicados a la epopeya. Además, a uno le hacían ver ciertos nombres como los grandes modelos —después supimos que no lo eran— y eso creaba confusión, desgaste y un poco de desaliento. Pero ibas escribiendo y probando fuerzas.

Yo escribía poesía, pero como sabía que había una batería fuerte de poetas, pues no la mostraba. Me establecí a través del cuento, con menos aprendices, y el ensayo, aún más deshabitado. Obtuve premios en encuentros de talleres literarios municipales y provinciales y algunas menciones en los nacionales. Ya era menos desconocido. Hasta que en el año 1986 se hace la primera convocatoria al Premio de la Ciudad y ahí, bajo el impulso de Alejandro Querejeta, me lanzo en ensayo y tuve la suerte de que me premiaran. Fue mi primer libro. Cuando salió publicado, que Carmen Mora organizó la presentación en los corredores de la ciudad, por primera vez me sentí escritor. Ya no estaba jugando.

¿Escritor, editor, traductor, profesor, crítico, cómo se define Manuel García Verdecia?

Un curioso persistente e insatisfecho.

 ¿Cuándo y por qué comenzaste a hacer tus primeras lecturas, y cuáles fueron esos libros y esos autores?

Como te decía, mi familia era pobre y no había lugar para libros. Lo que más veía era la revista Bohemia, muy buena entonces. Pero tuve una madrina, una verdadera hada, Carmucha Villegas, que tenía una posición solvente, pues su esposo, mi padrino Rafael Rodríguez, tenía un buen puesto en la oficina del central. Ella tenía una heterogénea pero surtida biblioteca. Allí deletreé con la sensación de quien roza los grandes misterios, nombres como los de Cervantes, Dostoievsky, Balzac, pero también Salgari, Verne, Dumas, Rice Burroughs, Doyle…

Mis primeras lecturas, creo que como todos, fueron las de la escuela y las grandes novelas de aventuras. Veinte mil leguas…, Sandokan, Los tres mosqueteros y, sobre todo Robinson Crusoe. En la soledad de mi patio, me sentía, yo era, Robinson. Creo que es la gran metáfora de la autosuperación. Esos libros echaban combustible a mi imaginación. El despertar de la imaginación es principal para alguien que algún día se dedicará a la creación, sea de una nave cósmica o un libro de poemas. Mi mundo interior siempre ha sido más inabarcable que el exterior.

¿Qué problemas te ha ocasionado ser un intelectual?

En primer lugar, una inagotable cifra de angustia. Todo intelectual se alimenta de su angustia. No hay en la historia de la humanidad un genuino intelectual feliz, pues el que está conforme y en paz con su tiempo y su contexto no necesita mortificarse pensándolo y tratando de transformarlo.

Además de esto, una buena porción de incomprensión, de arrinconamiento, de enfrentamiento, aunque a veces, se dan momentos de simpatía y relumbra una sonrisa. He perdido muchas oportunidades de hacer lo que el común, compartir con mi familia ciertos goces triviales pero amables, tener más descanso y menos raptos de ira. Pero no escogí ese camino. Creo que alguien nos da ese destino. Solo lo asumo con responsabilidad pues no se puede hacer mal lo que se acepta bien. Y así será hasta el día de las cenizas.

¿Cuáles fueron y son tus deseos y aspiraciones como ciudadano cubano?

Soy dialéctico, creo que encarno algún avatar griego. Los sueños de hoy no son los de ayer, ni las aspiraciones. Y es así porque de otro modo no hubiera evolución. El hombre no puede vivir en un universo cambiante con patrones mentales o espirituales permanentes.

Al principio aspiré a ciertos logros sociales que la práctica posterior me ha demostrado no valían la pena. ¿Quién es nadie para arrogarse el derecho a decidir lo que es bueno o útil para otros? Los ingleses tienen un refrán que es toda una lección de pragmatismo social: "One man's meat is another man's poison". Y sí, la buena carne de uno es el veneno de otro, cada cual debe decidir su propia felicidad así como su camino hacia ella. La sociedad mejor será la que organice las condiciones para que cada uno pueda hacer su destino de elección.

Me quedan algunos sueños, para los míos y para mí, en esas coordenadas fundamentales: vivir en la verdad, tener posibilidades de autorrealización, vivir de mi trabajo, según mi poco o mucho talento, sin tener que depender de nadie ni afiliarme a nada para poder ser.

Nunca me ha gustado la incondicionalidad, por extraña al hombre e inmoral. Soy un hombre absolutamente condicional: lo que va en contra de un ser humano, cualquier ser humano, no cuenta con mi participación.

¿Hasta dónde crees que se han cumplido?

He tenido ciertos cumplimientos. He podido vivir decentemente en mi país, a pesar de muchos males y dificultades, y lo he hecho sin renunciar a mis conceptos y sin hacer daño a nadie. He alcanzado a tener una amable familia y a escribir y publicar algunos libros donde no rindo pleitesías a nadie ni inclino mi voluntad. Y sigo en la arena.

¿Escribir te ha cambiado como ser humano?

Me ha hecho más humano. Siempre vi como un singular misterio el hecho de que, según los Evangelios, Cristo escribiera en la arena solo una vez y lo borrara. Algo muy grande necesitó entender para ponerlo por escrito. Escribir es una posibilidad de ser más analítico, más profundo, más sistemático, más responsable, porque lo del plomo de lo escrito pesa y queda. Además porque no termina en lo que expones en el papel sino en lo que traduce el que lee. Entonces circulan ideas y eso me hace pensar que debo exponer lo que es sustancial y significativo para mí y los otros, para mi espacio y otros espacios, así como para mi tiempo y la posteridad. Todo esto te hace más humano, o sea, más racional y sensible.

¿Consejos a los jóvenes escritores?

Dos: primero, verificar si de verdad necesitan, no pueden vivir sin,  escribir (no por ganar premios o hacerse de "quince minutos de fama").

Segundo, si lo primero es afirmativo, pues hallar la voz que le dicta qué decir y que solo pueden decir ellos porque lo han sentido y vivido ellos, lo cual es irrepetible.

Todo lo demás es paja.

¿Crees que para el escritor como para el artista un deber de honestidad es disentir, o somos unos perturbadores por oficio?

Disentir es como todo, un acto y un derecho humano. No hay que disentir por disentir, pero sí tiene que haber la posibilidad de disentir cuando no se opina igual. De las grandes disensiones surgen los mejores consensos. No me interesa andar buscándole la pulga al perro. Mi interés es de mayor horizonte, la vida, el hombre, el tiempo, las relaciones de aquel con este… Pero si hay algo que entorpece mis empeños y posibilidades o los de mis prójimos pues debo disentir. Es mi deber y mi derecho

¿Qué criterio tienes de los críticos y la crítica literaria escrita en Cuba hoy?

Desgraciadamente en todos estos años se ha estimulado más la exaltación de lo que debe ser que la crítica de lo que en verdad es. Todo está bien. Eso es un aspecto de la vida general que se ha infiltrado en todo. Se dice lo que los demás quieren oír. De modo que también se ha pasado a la crítica. Todo el mundo es bueno o, al menos, solo se habla de lo que se puede alabar.

He visto en otros países amigos que se dicen las cosas más duras sobre temas de la vida diaria y luego siguen siendo amigos y compartiendo como si nada hubiera sucedido. Incluso, lo ves en tu familia. A veces te enfadas con tu hijo y lo amonestas con acrimonia, pero ¿lo dejas de amar por eso? Eso en nuestra cultura actual no se entiende así. Si expones un criterio contrario sobre la obra de un amigo, inmediatamente te ponen en el círculo de los enemigos. Entonces no hay una crítica como pensamiento analítico honrado y sustentado que ayude al escritor y al lector a establecer sistemas de valores.

Hay alianzas y compromisos, de modo que distinto del aforismo, los exponentes son más amigos de Platón que de la verdad. Realmente tenemos divulgadores, reseñistas, apologistas, pero contados críticos. Además, si los hubiera tendrían que ser orales, pues no hallarían medios que los circulen. Ojalá todo fuera como en la pelota. Es donde único existe critica de verdad en el país.

¿Te atreverías a definirme críticamente el momento por el que atraviesa la literatura cubana hoy?

Me atrevería pero no sé si podría. Mucha gente por vanidad habla de la literatura cubana de hoy, la poesía cubana de hoy, el cuento… ¿Qué por ciento de la literatura cubana de hoy conozco? ¿Es la literatura cubana de hoy la que se publica, la que se divulga, la que se exalta? ¿Cuánta excelente literatura cubana de hoy no duerme en gavetas o está en las colas de las editoriales?

De lo entre lo que se publica y alcanzo a conocer, opino que hay piezas notables. En general, los autores se han hecho menos dependientes del padrinazgo y de la autocensura resultante de la censura. Los autores se atreven más. No obstante, creo que nos faltan audacias, más profesionalidad, más cultura. El lenguaje se ha vuelto tautología de la conversación de esquina. Pero hay autores y obras notables.

En poesía te pondría como ejemplos El tercer libro de la ciudad, de César López, Sinergos, de Roberto Manzano, la obra de Lina de Feria, la obra de Reina María Rodríguez. En narrativa, la obra de Ena Lucía Portela, de Jorge Ángel Pérez, de Leonardo Padura. Ya te digo, solo conozco un fragmento de la literatura cubana actual. Soy un lector, no Dios ni tan siquiera Eliot.

¿Qué significado tiene para ti la familia, los amigos y el país?

Empiezo de revés: el país es un espacio físico. Adquiere sentido en la medida que allí has transitado y has tenido amigos y familia lo que le insufla una significación peculiar. No soy patriotero. Como Martí, para mí, patria es humanidad. Creo que todos los países son iguales, pero en el tuyo has dejado sudor, sangre, saliva, semen y llanto. Te has segregado en él y ya él lleva una parte tuya. ¿Cómo abandonarlo sin abandonarte?

Los amigos, los sinceros y honrados, que no te abandonan ni te juzgan ni te miden por otra cosa que por tus sentimientos y la familia son la verdadera patria. Una patria de los afectos y el espíritu.

¿Existe algo que lesione la palabra y la amistad?

La mentira y la traición. Nunca hubiera podido ser espía. Me costaría un enorme sufrimiento denunciar a alguien a quien he mirado a los ojos, con quien he compartido palabras o un vaso de agua. Para mi la honradez es una categoría vital suprema.

Háblame de tu situación actual.

Es de lo que menos me gustaría hablar. Se reduce a sobrevivir y tener algunos momentos gratos en esa "conversación con los difuntos", según Eliseo Diego, que es leer o escribiendo cuando me lo permiten las preocupaciones, los temores por el futuro de mi familia y los ruidos atómicos del vecindario.

¿Eres parte de una generación perdida?

No creo que perdida, sí frustrada, fastidiada. Nada se pierde, en eso soy un poco budista, pues nuestros fracasos alumbrarán los alcances de otros. No lo veremos pero será.

¿Tienes algún compromiso como intelectual cubano con la sociedad o la política?

Tengo un compromiso con mi tiempo y con mi obra. Mi tiempo porque nadie escapa a él y solo tienes esa posibilidad. Mi obra, porque es la que me extiende y me defiende en el tiempo. Lo demás es circunstancial y circunstanciado.

Claro que estoy atento a lo que pasa a mi lado y con suma honradez participo. Uno no puede evadir la sociedad ni la política. Te encierras en tu casa pero en un anuncio de la radio, un apagón, lo que te pertenece por racionamiento, lo que te limita por una resolución, siempre te alcanza la política. No puedes escapar. Entonces debes asumirla, pero no como un político, sino como un paciente, alguien que padece una enfermedad y quiere curarse.

¿Qué opinión te merecen los dictadores y los regímenes totalitarios?

Una desgracia y una pérdida de tiempo para la humanidad en su marcha hacia el mejoramiento.

¿Y la censura?

Una impotencia para la cual no hay Viagra. Desdice mucho del censor y su entorno. Pero a la creación la estimula y la hace buscar cauces de expresión. Sería interesante estudiar cómo ayudó la censura a desarrollar los recursos del arte y la literatura. Lo que sí es definitivo y está sancionado por la historia es que siempre se imponen los censurados y se desechan los censores. Giordano Bruno es más visible que todos sus censores juntos.

Para concluir, ¿cómo definiría Manuel García Verdecia a Manuel García Verdecia?

Un hombre honrado que solo quiere vivir en paz según sus ideas.

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Comentarios [ 8 ]

Imagen de Anónimo

Manuel, para tu problema de estómago, en un litro de agua una clara de huevo, beber como agua corriente. También la zanahoria es buena, comer o batir, etc.

Imagen de Anónimo

¿Y ya se cayó el comunismo en Cuba? Demasiada tautología, pero ni un centímetro, ni una célula, ni un átomo, un neutrón, una mitocondria al menos de cojones. Viles. Me avergüenza que haya cubanos tan pendejos, de que sean cubanos. Y este tipo nació a unos milímetros de Birán. ¿Y qué de la bestia? Por Dios.

Imagen de Anónimo

Manuel, un hombre que menciona a Cristo debe saber que los santos antes de alcanzar el cielo, viven y desviven este calvario y paraíso que es el mundo. Cristo quizá dibujó o escribió, no es nada esotérico: lo vivió. Es lo fundamental. 

Imagen de Anónimo

Demasiados rodeos para decir Un par de boberías. Ni que fuese André Gide. Pero no es por falta de talento, se ve que hay mucho. Es por exceso de miedo. Hace UNOs años entrevistas así había que leerlas entre líneas. A estas alturas resultan penosas.

Imagen de Anónimo

Soso y medio. Ni una sola idea inteligente en todo ese palabrerío. Ni una. 

Imagen de Anónimo

Magnífica y muy disfrutable entrevista. Qué bién haría (a lo cubanos y al propio diario) que DDC continuase publicando cosas como estas. Ayudaría y mucho, a exclarecer esa "gran distorción" que nos agrupa y confluye desde lo más elemental de nuestra identidad nacional. Enhorabuena al "Gallego" Manuel y a Vilches.robert c. diaz (Holloway road, London) 

Imagen de Anónimo

HOLGUINERO DE JIGUA AL MARAñON:Pues a vilche le ha dado por presentar a todo los tracatanes UNEACOS: primero se tiro con frank castel y al otro dia lo puso juventu rebelde, ahora trae a verdecia, que de vice de la uneac, censurador en holgui, amigo de lurde gonzalez y triana, ha debenido en quien habla de censura. no somos bobos los holguineros por el mundo, aunque no estemos ni en la habana ni en miami ni madrid, DDC debiera respetar un poquito mas a sus lectores, no creen?el rosario de cositas de verdecia daria para llenar esto? que pasa ddc?

Imagen de Anónimo

Excelente confluencia: el entrevistado y el entrevistador fueron purgados de la UNEAC como parte de un proceso de delaciones, orquestado por Jorge Hidalgo (quien luego sería un corrupto y también tronado)buena oportunidad que nos da DDC de saber de los destinos de los masacrados.Vilches se merece respetos, al igual que el entrevistado.