Cine

Jaime Soriano Recomienda

'Descubridor de películas B y mujeres A', dijo de él Guillermo Cabrera Infante. Soriano perteneció al grupo de la primera Cinemateca de Cuba, recomendó películas desde las páginas de 'Revolución' y responde las preguntas de Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco.

Desde que lo descubrimos en un programa de mano de la primera Cinemateca de Cuba, empezamos a armar el rompecabezas de su personaje mientras rescatábamos sus críticas en el diario Revolución, como aquella a El médico de Stalingrado de Radványi, que aconsejaba el filme alemán solo a "los cazadores de retazos de noticieros de la Segunda Guerra Mundial que, como apuntara una vez Alfred E. Newman, se van tornando cada vez más borrosos y difíciles de ver por película", o al encontrarlo en Exorcismos de esti(l)o, La Habana para un infante difunto y Cine o sardina, de Guillermo Cabrera Infante.

Si Jaime Soriano Gelardino vertió al español el fragmento de La historia de la Revolución Rusa de Trotski publicado en el semanario Lunes en 1959, exiliado luego en Puerto Rico, conseguiría sobrevivir haciendo de traductor para el diario El Nuevo Día. Hoy pasa los setenta años, y se le sigue viendo entre el público de festivales y salas de cine, conciertos de música clásica y presentaciones de libros.

"Un cineadicto", lo cataloga Cristóbal Díaz Ayala. Pues, consecuente con el crítico que asomó a inicios de los 60 entre el equipo integrado por G. Caín, Ricardo Vigón y Fausto Canel, ha sido el resto de su vida el cinéfilo. Y se atreve a dar un último consejo, tan escueto como las frases-resúmenes que preparaba para la sección "Revolución Recomienda": "La película que hay que hacer y nadie ha hecho es sobre todos aquellos que quisieron hacer cine y nunca pudieron".

¿Cómo explica su tesis de que es tan difícil hacer una mala película como una buena?

Por la experiencia de haber trabajado en varias películas malas y saber lo que cuesta resolver cada detalle de filmación, no importa lo bueno o no que sea el argumento.

¿Qué cintas lo marcaron en su niñez?

El ladrón de Bagdad, El hijo de las fieras (ambas con el inolvidable actor indio Sabú) y Las cuatro plumas de Zoltan Korda, también conocido como "el hombre que glorificó el desierto".

¿Qué cree que lo llevó tan temprano a convertirse en un fanático del cine?

El hecho de vivir rodeado de cines por dondequiera, como eran el Majestic, Verdún, Alkazar, Encanto y Rialto (donde pasaban seguidas las tres películas del Capitán Kid, el Capitán Cautela y el Capitán Furia). Allí fue donde por primera vez oí gritarle al proyeccionista: "¡Cojo, suelta la botella!"

¿Cuál fue su formación cinematográfica?

Haber asistido a los cursos que ofrecía en la Universidad de La Habana el profesor José Manuel Valdés Rodríguez. También tomé antes un curso por correspondencia con el Instituto Cinematográfico Argentino y asistí a las clases del padre Gabriel Sinaldi (donde conocí a mi amigo el gran cineasta cubano Orlando Jiménez Leal).

¿Cómo logró vencer su timidez y acercarse a inicios de los 50 al Colegio de Arquitectos para pertenecer al grupo de la primera Cinemateca de Cuba?

Poniéndome como prueba a mí mismo el atreverme a cruzar la calle para entrar.

¿Qué le correspondía en su puesto de vicesecretario cuando reabre la Cinemateca en 1955?

Darle la bienvenida al público a medida que iba llegando al teatro.

De los clásicos exhibidos, ¿cuáles le costó más trabajo subtitular?

Las películas del director sueco Ingmar Bergman, por el uso del idioma sueco arcaico.

¿Por qué cree que haya impactado tanto a Cabrera Infante esa frase suya: "Y ahora unos minutos mientras preparamos la caída de la casa Usher", en el intermedio de un programa doble de la Cinemateca, al punto de recogerla en Exorcismos de esti(l)o y Cine o sardina?

Por la reacción tan entusiasta del público, que no paraba de reír mientras yo lo saludaba desde la cabina.

Usted fue de los integrantes de la Junta Directiva que apoyó a Guillermo Cabrera Infante frente a Germán Puig, en su posición de suspender el programa de la Cinemateca de Cuba en el Palacio de Bellas Artes y así romper con el Instituto Nacional de Cultura de Batista.

Me parece lamentable que todo eso ocurriera como consecuencia de la politiquería imperante en Cuba en aquel momento. Creo que lo mejor hubiera sido tratar de mantener una posición conciliadora entre ambas partes, ya que en el fondo eran amigos.

¿Cuál es el hecho ocurrido a usted al piropear a una muchacha, que refiere Cabrera Infante en La Habana para un infante difunto cuando lo denomina "descubridor de películas B y mujeres A"?

El hecho de ser un perenne admirador de la belleza, lo mismo al natural que en celuloide.

En dicha novela también se alude al "síndrome de Soriano", que tiene que ver con las artes eróticas en un cine y la irrupción de un acomodador o de la misma policía. ¿Podría explicarnos?

El "síndrome Soriano" tiene que ver con lo que se ha dado en llamar el frottage (dar jamón), una práctica común en ciertas salas de cine habaneras.

¿El origen en La Habana de su apodo "Chori" era por su condición de asiduo al local del conocido timbalero cubano?

Me decían "Chori" por Shorty, debido a mi relativa escasa estatura que me hacía presa fácil de los guapos del barrio.

¿Cómo era su rutina para preparar la sección "Revolución Recomienda" en la página cultural del diario?

Ver y ver más películas tratando de encontrar una frasecita alusiva para cada una.

¿Qué aportaba el equipo de críticos de cine de Revolución al ambiente cultural cubano de inicios de los 60?

Una visión más moderna de lo que era y debería ser el cine. El esfuerzo por hacer algo distinto de lo hecho hasta ese momento.

¿Todavía sigue prefiriendo la partitura de Perry Botkin en Homicidio por contrato antes que la de Bernard Herrmann en Vértigo?

La partitura de Bernard Herrmann en Vértigo es una de mis favoritas de todos los tiempos.

¿Con cuál de los miembros del equipo coincidían más sus opiniones?

En aquel tiempo yo era más coincidente con Orlando Jiménez Leal que con otros del equipo. También era muy afín con un cineasta cubano ahora olvidado en Miami: Plácido González Gómez, "Placidito", autor de Uno el Solitario.

¿Es cierta la anécdota que cuenta Cabrera Infante en Mapa dibujado por un espía de que usted llevó a los dos Guillermo (padre e hijo) y a Sabá a dedicar una misa por el descanso de la difunta Zoila Infante en la Iglesia Mundial de la Salud del Alma de El Cerro?

No recuerdo ese hecho, pero me parece ciertamente digno que se haya producido.

¿Continúa hoy día siendo un creyente?

Quiero ser algo más que un simple creyente, quiero estar abierto a toda realidad espiritual.

¿Cuándo y cómo salió de Cuba?

En la primavera de 1965, gracias a que el cónsul de México en Cuba se llamaba igualmente Jaime Soriano. ¿Interesante, verdad?

¿No se sintió tentado a regresar a la crítica cinematográfica, ni siquiera a la "cápsula crítica"?

No quería ir una y otra vez al cine con la obligación de escribir algo al respecto. Y si se refieren a "Revolución Recomienda", eso es algo que nunca tuve oportunidad de ejercer en ningún otro periódico que haya trabajado.

¿Cómo llegó al papel del propagandista religioso en El súper de Orlando Jiménez Leal y León Ichaso?

Por una cuestión de empatía con los realizadores y el personaje en sí. Creo que de todo lo que he hecho hasta ahora, es lo único que va a quedar. Recuerdo desde que entré en la película diciendo: "El propósito eterno de Dios va triunfando ahora, para el bien del hombre…", cerrando con aquel: "¡Aún estoy vivo!" (si bien esto último fue extraído por mí del final de Calígula de Albert Camus, obra que en su momento dirigiera en el teatro Adolfo de Luis).

 ¿En qué más trabajó Jaime Soriano todos estos años?

Me desempeñé como Kelly Girl y otros oficios idóneos. Igualmente trabajé como bailarín de cabaret y stripper, con relativo éxito…

¿Qué lo animó a propiciar que por los altavoces de un hotel de San Juan se escuchara la música de El ladrón de Bagdad mientras Miklós Rózsa cruzaba el lobby?

Era el mejor homenaje que en aquel momento se podía rendir a alguien como Rózsa, teniendo en cuenta la oportunidad única de contar con su música a la mano.

¿Por cuáles músicos del cine nunca ha dejado de sentir admiración?

Aparte de Rózsa, diría que Max Steiner, Dimitri Tiomkin y Erich Wolfgang Korngold (el verdadero ídolo musical de Placidito).

¿Lo retrata Cabrera Infante al llamarle "el eterno outsider del cine"? ¿Qué ventajas tiene esa posición?

A lo que Cabrera Infante se refería era a que las películas que Valdés Rodríguez exhibía en la Universidad de La Habana, yo las veía parado afuera, desde una ventana. Y la ventaja: que no estoy obligado a adoptar ninguna posición con respecto al cine.

¿Cuál es el final que menos desea para su vida?

Ambicionar algo que no haya podido tener.

¿Qué exige Jaime Soriano a los amigos?

Que lo llamen por su nuevo nombre: Leonardo Soriano.

¿Y qué cree deban perdonarle los amigos a Jaime Soriano?

Precisamente, tamaña pretensión.

 


Esta entrevista fue realizada el pasado febrero. Los autores quieren expresar su gratitud al crítico y periodista Pedro Zervigón y al musicólogo Cristóbal Díaz Ayala, sin cuya ayuda esta entrevista no habría sido posible.

Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco son los autores de Sobre los pasos del cronista. El quehacer intelectual de Guillermo Cabrera Infante en Cuba hasta 1965 (Unión, La Habana, 2011) y Buscando a Caín (ICAIC, La Habana, 2012).

Comentarios [ 4 ]

Imagen de Anónimo

No resta ninguna validez a la entrevista, que es muy buena, pero Adolfo de Luis protagonizó Calígula con Adela Escartín, pero la dirección fue de Francisco Morín.

Imagen de Anónimo

Conocí a Soriano fugazmente en casa de José Hernández Artigas, apodado El Loco. En aquel momento, por lo que habló, dio a entender que tenía interés en el misticismo. Me alegro que esté vivo y coleando. Más nunca supe de él.

Imagen de Anónimo

Uno de los oficios que desempeñó Jaime Soriano en San Juan fue el de actor de comerciales, el cual le hizo famoso entre los taxistas de la capital boricua.  Jaime protagonizó a una suerte de "hombre siniestro", a lo Prohía, que se movía de palma en palma tras el estribillo que decía: "ron Llave sabroso y suave, ron Llave sabroso y suave".  Tal parece que este era el ron favorito de los taxistas sanjuaneros y, cada vez que Jaime se subía a un taxi en SJ era inmediatamente reconocido por los choferes.  Lo que no se sabe es si el reconocimiento le valía para que no le costara la carrera. Gracias por esta entrevista sobre uno de los individuos que más sabía (y sabe) de cine en Cuba (y Puerto Rico).

Imagen de Anónimo

¡Tremendo personaje!