Teatro

Dos experimentos y una obra

Marianela Boán, Teatro de Ciertos Habitantes y Teatro de la Luna salen airosos en La Habana.

Diez días, trece obras para siete escenarios habaneros, espacios de intercambio y una escapada a Camagüey, Cienfuegos y Santiago de Cuba. La propuesta de Mayo Teatral, aunque menos numerosa por los criterios de selección, pareció de más calidad que el pasado Festival de Teatro. En medio de la grisura que rodea el panorama cultural cubano, Casa de las Américas intenta brillar.

Experimento 1

Marianela Boán se presenta con la Compañía Nacional de Danza Contemporánea de República Dominicana; y sin embargo, el Mella estuvo casi vacío.

"La Boán no ha muerto", así grita Sed desde una tierra de nadie.

No es teatro, pero no se puede decir que sea danza exclusivamente. La coreógrafa explota a los bailarines que dejan de ser solo personas con músculo y elasticidad, con técnica y movimientos armónicos, para convertirse en actores que cantan, proyectan sus voces y, además, bailan.

Se centra en una interrogante y logra responderla con el movimiento. ¿Por qué hay patrias que aúpan, consienten, miman a tiranos? Y la respuesta es: la gente adora las dictaduras. Y comienzan con la que se imponen desde el cuerpo, la belleza. Para, después de la transformación, quedar extrañados de sí mismos.

La libertad tiene su precio. Parece que es más fácil complacer al poderoso. No desentonar. La proyección de una foto colectiva los descubre en pleno acto de desconocimiento.

La mirada a la dictadura que propone la Boán no se traiciona, pero no denuncia. Muestra solo la situación. No obstante, aun cuando los textos sean de Trujillo o de Balaguer, aún cuando el contexto sea la República Dominica, las huellas que dejan la necesidad del agua y las dictaduras son universales.

Experimento 2

Funciona. Todavía funciona el cine mudo. Y no hablamos del aparato de proyección, que a estas alturas debe ser digital, sino a la capacidad de asombrar y comunicar a la vez.

El automóvil gris, filme de Enrique Rosas estrenado en 1919, vuelve a hacer reír. No importa que la narración, en un inicio, sea en japonés. Teatro de Ciertos Habitantes, de México, regresa a lo básico. Una pantalla, un pianista, una voz en off y dos actrices. La pantalla es la que más dice.

Pudiera ser una simple experimentación sobre la escena, pero es más un gusto por el blanco y negro, o por la imagen documental, que una vez fuera arte y que ahora se convierte en testimonio de una época. Una propuesta estética donde la ingenuidad no solo lo dan la historia contada con pelos y señales, sino los cortes o los fade out demasiado largos como recursos más socorridos.

Sonidos onomatopéyicos incluidos, las actrices van experimentando con las imágenes lo que se supone que digan los actores de El automóvil gris. Se crean una historia que puede tener mil variantes a partir del abc dramatúrgico: un grupo de malvados que hace de las suyas y que al final son apresados.

La obra

Raúl Martín apuesta por el buen gusto. Corre el riesgo que le digan que está evadiéndose de una realidad que necesita de un teatro incisivo, para hacer teatro.

Matrimonio blanco es una adaptación cubana del original escrito por el polaco Tadeusz Rozewics.

Al principio todo parecía un absurdo. Raúl Martín utiliza la cuarta pared como si fuera una cámara cinematográfica. La primera toma son Paulina y Bianca que despiertan y el público las observa en contrapicada, como si ellas realmente estuvieran acostadas y nosotros en el techo de la habitación.

Cuando la cámara/ cuarta pared vuelve a su verticalidad, somos testigos del dilema de las "tetas" de la vaca y de la "ubre" de la cocinera. Luego se presenta el conflicto.

El mensaje de Jesucristo llega a todos por igual. Los personajes confiesan sus pecados. Bianca no quiere ser una hembra; el padre persigue a la cocinera; la madre es una taza de porcelana y el abuelo, pedófilo, exhibicionista, aprovecha la soledad del confesionario para masturbarse.

El mensaje de Teatro de la Luna también es claro. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Acósalo. Importúnalo e intenta respetar la diferencia. Por eso propone un "mariage blanc" para Bianca y la fórmula es "abre las piernas y ya", a ritmo de guaguancó.

Una propuesta teatral sólida que pretende, ante todo, contar una historia sin perderse en disquisiciones filosóficas. Rara avis en la última escena cubana.

Comentarios [ 1 ]

Imagen de Anónimo

Para los criticos de teatro Cubano el trabajo teatral solo incluye al director o al escritor.  En las ultimas "criticas" teatrales nunca se menciona el nombre de los actores mucho menos se hace un analisis de su trabajo.  Tal parece que no existieran y que el teatro solo es el texto o la dirccion teatral.  Recuerden que detras de un personaje siempre hay un actor.