Teatro

Panteón para la izquierda teatral

Una obra teatral y una exposición de carteles intentan revivir en La Habana el discurso de la izquierda radical.

"No entiendo nada. No entiendo nada", me repetía a mí misma mientras veía Hojas de papel volando, una obra de Roxana Pineda (Estudio Teatral,  Santa Clara), en la sala Tito Junco del Bertolt Brecht, como parte de Mayo teatral 2014.

Buscando respuestas, me detuve en el diseño escenográfico, de un simbolismo que resolvía lo enrevesado de un texto poético con destellos de épica, atravesado por la canción de protesta latinoamericana. No encontré nada.

Una tragedia en abstracto. Una actriz que malogra su talento con una obra de excesivo dramatismo. Una actriz con una versatilidad poco usual que canta y se mueve por el escenario como si estuviera atrapada en un corsé textual.

"¡Ay! ¡Cómo me duele el mundo!", era lo que decía cada gesto suyo. Pero ¿qué mundo? Un mundo pintado en rojo y negro, sangre y muerte, con una vocación religiosa de por medio. Y mucho amor con violencia, pero tan abstracto como la tragedia.

Pensé en cuán lejos está Santa Clara cuando el acento de la actriz se sentía más colombiano/ argentino/ chileno/ mexicano que cubano. Pensé también en que el texto estaba situado justo al otro extremo del melodrama barato, un extremo al que solo es posible acceder si se pertenece a una secta ultrasensible y etérea, capaz de entender delirios que no cuentan nada.

En el público había quienes tenían cara de pertenecer; otros, como yo, quedamos fuera.

Pero sobre todo me pareció que con Hojas de papel volando, Mayo teatral intenta resucitar un discurso de izquierda radical que por mucho que algunos se empeñen, apenas jadea en la escena cubana.

Carteles, mejor

Sin embargo, en la sala Manuel Galich de Casa de las Américas, hay otro intento de reavivar al mismo muerto. Solo que esta vez, quizás con mejor fortuna.

Una selección de carteles que muestran uno de los tantos puntos concomitantes entre el diseño, las artes plásticas, el teatro y la riqueza visual que aportan el grabado, las colografías y el dibujo a la promoción. Carteles para mayo quedó inaugurada un día antes de que comenzara la jornada.

Aquí uno puede tropezar con un panorama más amplio, rico en diversidad estética y cultural. Selección que apunta al mismo sitio, a lo que hace Latinoamérica y su izquierda, pero que no deja de parecerse a un panteón.

Del DF, El Tartufo (febrero de 1971), con puesta en escena de Teatro Municipal, traducido en imagen al arte pop; de Colombia, Festival de teatro alternativo (abril de 2006) con dibujos influidos por la estética manga; con la técnica del collage está, A la diestra de Dios padre, del Teatro Experimental de Cali; y de Mario Benedetti, por Teatro estudio colombiano: Pedro, el capitán y yo, con una acuarela que abusa del negro.

De Argentina un dibujo a plumilla para Teatro abierto 1983, bajo el slogan "Por un teatro popular sin censura"; de Teatro Nacional Cervantes, con letras poligráficas, De pie y manos, de Roberto Cossa; y de Osvaldo Dragún, un rostro sobre rojo acrílico, ¡Arriba, corazón!

En la cartelística cubana se combinan diseñadores, pintores, directores: Idania Trujillo con el Trece Festival de Teatro de La Habana; Fabelo con el Festival de 1997 y sus máscaras sobre máscaras; entre los años 65 y 66 están Modesto Centeno, dirigiendo Cosas de Platero, con un grabado como cartel; Millonarios socialistas, dirigido por Mario Limonta, desde la estética del realismo socialista; y entre otros, El robo del cochino, de Abelardo Estorino, bajo la dirección de Gilda Hérnandez, ilustrado por un abstraccionismo geométrico.

Comentarios [ 1 ]

Imagen de Anónimo

Una vez más el teatro es la cenicienta del periódico.