Cine

Voces del contracine

Al habla con Danae Diéguez, investigadora dedicada a los estudios de género y cine y profesora del Instituto Superior de Arte (ISA).

¿Cómo hacer arte sin memoria? ¿Cómo darle la vuelta a la hecatombe histórica de la sociedad patriarcal, sombría de crímenes, canibalismos y violencia sin final contra esa llamada mitad de la humanidad que es la mujer?

Pasando por la relación entre estilo y moral, espinoso asunto, nos detenemos ante la actitud crítica, lúcida, sensible y rebelde de las jóvenes cineastas que en Cuba dialogan y piensan el mundo y su entorno, cuestionando a viva voz (El grito, Milena Almira, 2004), lo que en muchos sentidos representan imposibilidades culturales.

Las jóvenes cineastas de hoy manipulan lenguajes sin rechazar lo que les antecede. Quizás lo que mejor las definiría sería no quedarse nunca en el mismo sitio: el cine para ellas es un atlas sin fronteras en el que parafraseando a Pascal, "el centro estuviera en todas partes y la circunferencia en ninguna".

Variada, tentacular, la gran movilidad estética conque reflejan, representan, interpretan la realidad, constituye, en el cine realizado hoy por ellas, la más joven y dinámica de las corrientes artísticas del panorama cinematográfico nacional.

Obra de construcción y borrado, como estrategia de afirmación y negación, juega aquí la memoria personal, el abandono de la realidad estática y exterior que ha caracterizado al arte y la literatura occidentales, para aproximarse, sin prejuicios, a un campo de batalla bastante real, a fin de derribar sus propios límites. Sería un error asumir su disidencia, su posible subversión a partir de lo silenciado.

Nunca ha sido fácil

"Nuestro cine en su diálogo con la realidad hace de las representaciones de género un ejercicio continuo de tópicos anclados a un sexismo que pasa muchas veces inadvertido. Un audiovisual que muestre signos que desplacen esos temas ya certificados, significa dinamitar estructuras que legitiman representaciones binarias relacionadas con las feminidades y las masculinidades. Hay un grupo de realizadoras que muestran otros derroteros y se desmarcan de puntos de vistas que han estado habitualmente en nuestra cinematografía y que por lo tanto han definido lo que llamamos 'canon': intentan descolonizar  la mirada que habitualmente ha sido exponente de un imaginario patriarcal como marca pertinaz en el cine."

Danae Diéguez, investigadora dedicada a los estudios de género y cine, profesora del Instituto Superior de Arte (ISA), coordinadora del Grupo Género y Cultura de la UNEAC  y miembro activo de la Red de Mujeres Realizadoras,  accede, a esta entrevista:

¿Qué diferencia a las realizadoras de hoy de las cineastas que realizaron su labor entre los años 70 y 90 del siglo pasado?

El contexto: en esos años se entendía el trabajo de la mujer en el cine como actriz o en oficios como editora, asistente, asesora e investigadora de temas para guiones, nunca como fotógrafas o directoras. Si entendemos al Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) de esa época como una industria que apostaba por la equidad, comprendemos que esa propuesta formal es violentada en la práctica por la subjetividad de quienes ejercen política. La discriminación no es evidente, al menos no se declara, y en muchas ocasiones, ni siquiera es consciente.

Las directoras viven las dinámicas de libertades a las que tuvieron acceso las mujeres en Cuba sobre todo en el espacio público. Sin embargo, en las instituciones, en ocasiones, se reprodujo la discriminación. Uno de sus resultados fue que para ellas resultó difícil acceder a la dirección de largometrajes, por ejemplo.

A esa realidad le hacemos un análisis desde la categoría género y desde un pensamiento feminista y aparecen razones que prueban cómo aún las inequidades sociales existen. Si conocemos que la mujer conquista su derecho al voto solo en el siglo XX, comprenderemos que acceder a roles no tradicionales ha sido una conquista aún en proceso. Es bueno señalar que, en esos años, no se evidencia de la misma manera el acceso a la dirección de las mujeres en las diversas instituciones encargadas de la producción cinematográfica. El ICAIC era un mundo aparte de los Estudios Fílmicos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias o del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT). En la televisión, por ejemplo, tenemos el caso de Teresa Ordoqui y su largometraje de ficción Te llamarás Inocencia (1988); en la Fílmica de las FAR, Belkis Vega, desde mediados de los 70, comienza a dirigir y es además corresponsal de guerra. En el ICAIC, está el caso de Sara Gómez, con su largometraje De cierta manera (1974). Habría que esperar muchos años para volver a ver a una mujer dirigiendo un largometraje de ficción.

Pero el tiempo pasó, surgieron las escuelas de cine y llegaron las nuevas tecnologías que son las que en definitiva han permitido que la mujer esté protagonizando uno de los movimientos artísticos más dinámicos de la cinematografía nacional. Continúa siendo la llegada al largometraje un punto desde donde pudiéramos hacernos muchas preguntas que revelan la inequidad para acceder a, sin embargo es el documental el género que les ha permitido visibilizarse como creadoras. El canon sigue siendo el largometraje de ficción: solo el largo las viste de "largo". A pesar de ello, pienso que el documental es un género per se que si lo estudiamos desde la perspectiva que propongo enuncia unas variedades de estilos, discursos, procesos de representación que nos ayudan a entender los  posicionamientos estéticos y éticos de las mujeres como realizadoras, y dos, reivindicarlo como género.

Sé que muchas personas creerán que el documental siempre ha sido reivindicado, pero si la lectura que hacemos es cómo el canon legitima, siempre la mirada apuesta al largometraje de ficción como non plus ultra. En la reescritura que propongo al canon insisto en el género documental no como el camino para llegar a, sino como un proceso de creación rico en sí mismo. ¿Desde qué posición de hegemonías reverenciamos un género por encima de otro? ¿No son esos estamentos jerarquizadores también muestras de relaciones de poder que dictan calidades y discriminan de forma inconsciente? Si es el documental el género desde el que ellas más han hecho visible sus discursos, entonces hay que releerlo desde esa doble condición.

Como mi lectura es feminista me cuestiono, más allá del enfoque de género —que aclaro tiende muchas veces a ser 'desproblematizador'— los criterios de valor que legitiman; porque sé que en la insistencia a jerarquizar hay estructuras patriarcales que organizan el mundo y el cine no está ajeno a esas dinámicas, mucho menos el cine cubano. Si hablamos de las más jóvenes, hoy hacen del documental y de otros géneros audiovisuales un espacio de libertades temáticas inusuales en sus predecesoras. Están marcadas por un punto de vista muy fresco, a veces los temas se repiten, pero el posicionamiento desde donde se narra es una arista sobre la que hay que reflexionar.

¿Estarías de acuerdo con que el cine de las mujeres es más intimista, sensible, que alude a conflictos que poco o nada tienen que ver con el lenguaje y el ambiente de épocas de cambios económicos y sociales profundos?

Son esencialismos. En términos de teoría de género, afirmar esto sería contraproducente. Existe un aprendizaje cultural y las mujeres somos deudoras de ello. La categoría mujer(es) es una categoría que es diversa, múltiple. ¿Qué es ser mujer? Es absurdo pensar que el cine de mujeres es íntimo, etcétera…: eso nos ancla en el famoso binarismo que nos encorseta en un "deber ser". Ah, sí, nos corresponde revisar en "el cine de mujeres" donde están las aristas que nos permitan cartografiar signos, estilos, miradas. Ese análisis nos lleva a caminos tan intensos como el de perfilar cómo han sido construidos los sujetos femeninos en la nación cubana y sobre todo el de desmontar cómo el patriarcado ha leído lo femenino como una categoría esencialista

Si las mujeres están conscientes de estas perspectivas cuando hacen su obra, sí pueden derribar esos contenidos de estandarización con los que hemos crecido, esos que nos inundan por todas partes y que están en lo simbólico totalmente naturalizado, la Historia del Arte nos la han contado desde definiciones que muchas veces sedimentan un inconsciente patriarcal.

Nos corresponde desmontar esas "verdades" naturalizadas. Hacer visible la creación de las mujeres y sus prácticas culturales, estudiar sus propuestas y redefinir el canon, en tanto es también un paradigma que muestra discursos hegemónicos.

En un texto que publiqué hace un tiempo escribí: "Nuestro cine debiera reinventarse, pero para ello, debe ser releído y restituido el diálogo incesante de los realizadores y las realizadoras con el canon. Un diálogo participativo, sin sesgo discriminatorio, y que, por ende, se plantee el dinamismo ad infinitum entre el centro que «legitima», «regula» y dicta criterios de «calidad» y la periferia que reconquista, desde esos espacios de peaje de invisibilidad, nuevos y perennes modos de representación que, afortunadamente, ponen en crisis el criterio de verdad".

Durante dos años dirigiste el encuentro Mirar desde la sospecha, con frecuencia mensual, en la Sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), sobre cuestiones de género y su tratamiento en el cine cubano. ¿Cuáles han sido las experiencias? ¿Hubo incomprensiones, censura?

Éramos un equipo que coordinaba los debates. No solo cine: era sobre género y su relación con la cultura, desde una perspectiva feminista. Hay quienes le temen a esa palabra —todavía—, a esa complejidad, a esa mirada anclada en el pensamiento feminista. Por eso insistimos en esos debates sobre la necesidad de prepararnos y entender realmente qué significan los feminismos. Nuestras experiencias fueron muy buenas: desde contar con un espacio fijo, de 2011 a 2012, donde pudimos discutir cosas que no se habían tomado en cuenta en la política cultural del país. Y aunque contamos con el apoyo de la institución (UNEAC), escasa fue la presencia de decisorios. Pensemos que este no es un tema en abstracto, pasa por el universo de las inequidades sociales y trasciende el hecho artístico. Luego, quisimos extender el encuentro a provincias y empezamos a dar talleres;  para el grupo fue un paso importante: Camagüey, Sancti Spíritus, Las Tunas, Holguín y Granma (Televisión Serrana), allí nos acogieron y pensamos continuar este año  con estos talleres de  género y creación.

Comentarios [ 8 ]

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Anónimo - 24 Mayo 2014 - 10:21 am: en la Cuba hipócrita de hoy cualquiera mete la pata, cualquiera que esté relacionado con las instituciones oficiales, más tarde o más temprano termina haciendo algo que no quiere, o que al menos no sabe de qué se trata. El feminismo de esta persona pudo haber sido su propia carnada, puesta por figuras mediocres y políticamente mongólicas como Marilyn Bobes, o convencida por estas de la "culpabilidad" de Ángel Santiesteban, sin pararse a pensar que todo no era más que un juego del oficialismo para legitimar la aberración judicial, como ha hecho tantas veces (no olvidar el fusilamiento de los secuestradores de lancha), y quizás ni se ha enterado (o no ha querido enterarse) que en la misma ciudad por esos días se estaban golpeando damas de blanco, mujeres tan mujeres como la que supuestamente "golpeó" el escritor. Lamentablemente para ella, su nombre quedó en la infame carta que, en efecto, promovió el vomitivo Ubieta antes que nadie, porque ese era su propósito, la propaganda en contra de Ángel Santiesteban-Prats. Puede que en algún momento se arrepienta o se retracte, pero no la firmó por principios, sino, suponiendo que en efecto es una buena persona, por desinformación, por seguir la corriente a la cubana costumbre de levantar la mano para todo.

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Anónimo 24 de mayo, 10.21 am, esta señora firmó esa carta condenando a alguien que ya había sido condenado por la justicia. El juicio a Santiesteban, sea éste culpable o no, no fue demasiado limpio, y todas esas firmantes, incluida esta señora, publicaron su carta cuando ya él había sido condenado. Comportamiento miserable el de esta señora, por muchos principios que diga tener, como ya dejó dicho un artículo en este diario: 

http://www.diariodecuba.com/cuba/1362891297_1117.html

Y, ya que hablamos de principios, ¿donde está la condena pública a la violencia policial y parapolicial contra las Damas de Blanco y otras mujeres opositoras? Ah, para esas mujeres ella no tiene principios...

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Anónimo - 19 Mayo 2014 - 9:40 pm, si Danae firmó esa famosa carta fue por principios e los que creer y por ende defiende en cualquier ámbito. Ella, como muchos cubanos dentro y fuera, defiende a ultranza los derechos de la MUJER, y si creyó en la culpabilidad de Angel en ese sentido no tiene nada de particular que haya firmado la carta en cuestión, pero te aseguro que nada que ver con el excremento Ubieta.

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A ella en específico no la catalogaría de baja catadura moral, o de hijeputancia manifiesta como las líderes de la susodicha carta, quizás sí de puerilidad, y de no buscar la información necesaria antes de ponerse a firmar cosa alguna. Estoy seguro de que, siendo la feminista que es, se la comieron por una pata con el cuento de que Ángel Santiesteban golpeó a la listilla de su ex-mujer. Si de algo pecó fue de comemierda, porque bruta ni inculta es. Afrontémoslo, incluso en la carta de fusilamiento a los negros de la lancha, hubo quien ni siquiera estaba bien informado de lo ocurrido y quedó manchado para siempre; tenemos un país lleno de gente desinformada que a veces obra mal de buena fe, o que mete la pata por cuenta de sus relaciones - o como en este caso - de su activismo. No la defiendo, pero creo que en Cuba hay ya demasiada gente que, sin ser hijeputa, incluso siendo buena gente, pueden, alguna vez, cometer hijeputás.

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Esta señora se prestó para la campaña contra Ángel Santiesteban, después de que éste fuera sentenciado. En ese comportamiento se dibuja su baja catadura moral.

http://www.diariodecuba.com/cuba/1362891297_1117.html

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Diéguez estuvo entre las intelectuales oficialistas que firmaron la carta de condena al escritor Ángel Santiesteban (encarcelado en proceso amañado por el gobierno), publicada en el blog del despreciable esbirro Enrique Ubieta, según este mismo diario: http://www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1362855503_1114.html

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El trato cercano con Danae es muy agradable, la conozco de ambientes más relajados, informales, donde no se habla precisamente de estos temas: una conversación entre amigos comunes, una salida al teatro... Y sé de primera mano que es una mujer de una sensibilidad y un talento evidentes, basta dialogar con ella apenas unos minutos.

Confirmar que esa sensibilidad y ese talento se pueden traducir en ideas profundas, coherentes, que se oponen al esquematismo y a los estereotipos es una de las más grandes satisfacciones que recibo en estos días. Necesitamos más Danaes entre los pensadores e intelectuales cubanos, contar con ella ya es al menos una gran ventaja.     

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Bueno, pero qué clase de entrevista es esta, una introducción enorme por la redactora y luego deja cortado el contenido, porque ese final no puede definirse de otra manera: cortado.