Literatura

Uno como nosotros

Se cumple el centenario de Onelio Jorge Cardoso, y el centro que lleva su nombre prepara un gran homenaje.

Evocar las hermosas criaturas que nos ha legado la obra de Onelio Jorge Cardoso (1914-1986), se vislumbra cordial cita de amor en este 11 de mayo en que se cumplen los cien años de su venturoso nacimiento en Calabazar de Sagua, al centro de la Isla.

Atentos, tensos, fuera de sí estarán Juan Candela, el Caballito de Coral, Isabelita, Moñigüeso, Mi hermana Visia, Nino, el inefable Mario Benjamín Velarde, la incansable Francisca y el Zonzo, entre otros, porque los festejos los llevarán a las fábricas de tabacos, en casi todas las provincias, donde lectores de tabaquería dialogarán con sus preocupaciones, carencias y sueños. Luego, asistirán a paneles y conversatorios con los más jóvenes escritores del país y por último, en septiembre, acudirán al encuentro internacional con estudiosos y literatos de países de todos los continentes, en homenaje sin par que le ha organizado el Centro que lleva su nombre y que a su vez celebra asimismo sus quince años de fundado.

Fiel cronista de carboneros, pescadores y campesinos, fueron temas esenciales del autor la denuncia de la injusticia social, realidad lacerante de la época en que comienza a escribir —años 40, 50 del pasado siglo— así como la necesidad de preservar la ilusión, los sueños, la fantasía ante la enajenación en que se encuentra el hombre en su vivir cotidiano. Leit-motiv de su vasta producción artística lo será la tesis sobre las dos hambres del hombre: la material y la espiritual, que en "El caballo de coral" tendrá su plasmación más certera, ya propuesta en "El cuentero".

Periodista, como Lino Novás Calvo, trabajó en Bohemia, y allí fueron publicados muchos de sus cuentos, antes de ser recogidos en libros. También la radio nacional contó con sus libretos en programas de gran audiencia. De Taita, diga usted cómo (1945) a La cabeza en la almohada (1983), hay casi cuatro décadas de obra literaria recogida en libros y casi cincuenta desde la aparición de su primer cuento en la revista Social, en junio de 1936.

El primer libro de relatos se publicaría en México, en 1945, con prólogo de José Antonio Portuondo e ilustraciones de Jorge Rigol, fino dibujante de gran rigor artístico. En este, se incluían "El homicida" (1940); "Taita, diga usted cómo", (1942); "Nino" (1944) y "Una visión" (1945). Dada su exigua tirada, constituye hoy una rareza bibliográfica.

Hasta 1958 no veremos su segundo libro, editado por la Universidad Central de Las Villas, con el título El cuentero. Quince relatos seleccionados por el propio Onelio, como "los más logrados hasta ese momento". Aparecerían allí algunos de las narraciones más significativas de nuestra cuentística nacional, textos que se hombreaban con los mejores que se estaban escribiendo entonces en Latinoamérica. Están presentes, desarrollados con esplendor verbal, los temas caros a su narrativa; su manera de decir concisa e intensa, puente tendido hacia el corazón del lector en estilo ya inconfundible: peculiar mirada poética, intimista, tierna y compasiva dirigida con buen humor a personajes y seres humildes de los pequeños pueblos, su vida de frustraciones en mundos cerrados.

Al decir de los estudiosos de su obra, este libro marcaría un hito en el panorama literario nacional. Le seguirían El caballo de coral (1960), también editado en Las Villas ―Departamento de Cultura del Gobierno Municipal de Santa Clara―, volumen de cuatro nuevos cuentos: el que da título al libro, "Memé", "La rueda de la Fortuna" y "Los cuatro días de Mario Benjamín". En 1964, La otra muerte del gato, incluye, entre otros, "Un brindis por el Zonzo" (1962), así como "Moñigüeso" y "Teresa", estos escritos antes de 1959. En 1966, Iba caminando.

Del ámbito rural, se va desplazando el creador hacia el urbano, privilegiando lo psicológico sobre lo anecdótico. Comienzan sus narraciones para niños, temas sobre la infancia: "El canto de la cigarra", "El cangrejo volador",  "La serpenta…"

Satiriza formas de vida, hábitos de pensar y conductas condicionadas por "una ética del pasado": condena el egocentrismo desmedido, el despotismo, la autosuficiencia. En "Estrabismo", reflexiona sobre el adecuado ejercicio de la autoridad, a través de la caracterización psicológica de tres personajes simbólicos: el infeliz, el acomplejado y el "cuadrado".

En Abrir y cerrar los ojos (1969) y El hilo y la cuerda (1974), continuaría su crítica social, su preocupación ética, la sátira de situaciones y personajes del cotidiano isleño. En El hilo y la cuerda aparecen "Caballo" y "Francisca y la muerte", donde la utilización del símbolo alcanza su nivel más alto como realización artística para afirmar que la voluntad del hombre es más fuerte que la muerte. "Caballo" le traería zozobras y desasosiego intelectual al molestar a las autoridades culturales del momento, que acusaron a Onelio de caracterizar y hacer burla en ese cuento de Fidel Castro. La sangre no llegó al río, quedándose en escaramuza sin mayores consecuencias. Pero el escritor, ya avisado, fue cauteloso en lo adelante. Amargado, su próximo libro se publicaría casi diez años después: La cabeza sobre la almohada (1983). Le quedaban tres años de vida.

Contiene La cabeza… dos nuevas narraciones para niños y en los dedicados a los adultos, se mira al pasado prerrevolucionario desde la perspectiva del presente. Así, el tono de la denuncia —"La cabeza en la almohada", "El corazón adentro" y "Dos tiempos de mentir"― es muy diferente al de la etapa de El cuentero. Se pronuncia contra prejuicios, supersticiones, la maledicencia y exalta la amistad.

Humanista "comprometido", la calidad de su obra, sincera, rigurosa, va hacia lo universal por ascensión, bajo el peso de la realidad histórica y cultural heredada. Si describe mundos de violencia, simulación y "ninguneo", desnudez y desamparo es porque son mundos, para el escritor que "se pueden redimir". Situado por derecho entre los primeros de su género en Iberoamérica —donde se lucen Borges, Quiroga, Cortázar, Rulfo, Guimarães Rosa, García Márquez y muchos más—, Onelio Jorge Cardoso se constituye en contemporáneo de todos los hombres. Uno como nosotros.

Comentarios [ 7 ]

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Borges está por encima de todos esos narradores, pero sus relatos no son superiores a los de todos los narradores del siglo XX de todas las lenguas. Porque hay un Kafka, por ejemplo.

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Onelio fue, sin duda, un buen cuentista. Pero jamás, ni él ni ningún otro mencionado, como Julio Cortázar, que era excelente, se podrá comparar con Borges. Jorge Luis Borges era genio. Su cuentística, parodiando al suizo, no es de este mundo. Sus relatos están por encima de todos los escritores del siglo XX de todas las lenguas.  

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Siendo honestos El Brindis por el Zonzo me estremeció más que Rayuela ; quizas porque soy un guajiro de Camagüey y nunca me sentí mordido por el snob argentinizante (...ay Santiaguito, ay Wendy) que allá por los 80´s se llenaba la boca de una espuma rabiosa contra la cultura del patio. Confieso que en aquel Festival de Varadero gocé más con los Van Van que con Fito y que era fan de la música Silvio aun antes de sus ¨míticos¨ conciertos en Argentina y de niño me gustaba más Teresita que María Elena. Me imagino que los que ahora convulsionan insultados porque se incluya a Onelio  en el mismo parnaso que Cortazar y Borges sean los mismos que se paseaban por la Rampa bufanda en cuello en pleno agosto.

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Me gustaba , lei sus cuentos , eso era un buen cuentista y si denuncio injusticias de la epoca precomuista que vivio,  en sus relatos , pero callo y nunca denuncio las terribles violaciones de Derechos Humanos que se llevan a cabo bajo la dictadura castrista . Consideramos que  a la autora del articulo , se le fue la mano, era buen escritor OJC ,  pero no es para situarlo entre Borges , Garcia Marquez , esta bien que te gustara pero no es para tanto amiga. RENE LIBERTARIO.

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Azucena, aparta tu chovinismo o cultiva más tu gusto literario, que Onelio Jorge Cardoso no está situado por derecho propio entre Borges, Quiroga, Cortázar, Rulfo, Guimaraes Rosa o García Márquez. Bien que se homenajee su obra, bien que se consideren los valores de esa obra, pero sin exagerar...

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Buen narrador -cuentista- no cabe duda. ¿A la altura de Borges? Ni por un momento. ¿Uno como nosotros? Depende de quién usted sea o en todo caso desee ser. No se fíen de la carita de guajiro inocentón que fingió siempre. Onelio Jorge Cardoso llevó sus simpatías por el régimen castrista a extremos que pocos conocen, entre otros los de la delación y la intriga contra colegas incluso más jóvenes. Sus vínculos con el sanguinario comandante René Rodríguez -dispensador de tiros de gracia y luego jefe de la Sección Fílmica del MINFAR- le hacían particularmente peligroso. Cuando quería hacer llegar alguna información o canallada al "alto mando" le bastaba conectarse con Rodríguez. Fue el caso del cierre de las Ediciones El Puente, en el que jugó un papel importante, al trasladar manuscritos y documentos de esa editorial, considerados "conflictivos" y "contrarrevolucionarios", al comandante Rodríguez, quien a su vez los pasó a Fidel Castro. ¿Por qué lo hizo? Vaya usted a saber.

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Una vez, hace más de 40 años, afirmé en un trabajito escolar sencillo que OJC se hallaba entre los mejores cuentistas latinoamericanos.  A lo que el profesor Portuondo le puso un signo de interrogación al lado, como indicando que era una sobreestimación de la obra del narrador.  Y se lo agradecí, pues claro que mi afirmación, por lo rotunda, se pasaba de municipal y espesa. No se le puede negar al maestro Cardoso el sitio que le corresponde en la historia de la literatura cubana, pero considerarlo “situado por derecho entre los primeros de su género en Iberoamérica”, junto a Borges y Cortázar, es una amable exageración de Azucena Plasencia que a estas alturas no se sostiene. NIC