Cine

'PM': post mortem

'Esta es la última vez que aparece el pueblo en la representación nacional; estamos ante la estela del Antiguo Régimen con su peculiar división del trabajo, desde el lanchero, el barman y el bracero hasta el músico, el borracho y la cocinera.'

1. Day for night

Suele repetirse que PM, el corto de Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera Infante, es una "peliculita", aunque nadie pueda explicar por qué este pequeño filme, y no otro, desató una crisis política en la Cuba revolucionaria, a escasos meses de la invasión de Bahía de Cochinos. Hace tres años se cumplieron cinco décadas de ambos eventos.

La pregunta sobre PM produce respuestas que buscan la exoneración: se opina que el corto no significó nada, y se lo declara inocente, acaso naif. Julian Schnabel no entendía cómo semejante pequeñez pudo haber tenido tan graves consecuencias. El mismo Jiménez Leal ha dicho que "si no la hubieran censurado, esa película estaría más que olvidada".

Que una película de 14 minutos tenga un impacto duradero, que provoque una ruptura, nos obliga a preguntarnos si es casualidad que fuera este y no otro el detonante de la represión intelectual. De respondernos positivamente, el protagonismo recaería en el "capricho" del dictador, y la inocencia de PM no haría más que magnificar la voluntad creadora del castrismo. Si PM no significa nada, si no amerita la respuesta brutal de la dictadura, entonces fue Fidel Castro quien creó PM. Lo creó porque le convenía, porque necesitaba un chivo expiatorio, etc.

Abundan las descripciones de Castro como demiurgo, a partir del discurso de clausura de los encuentros en la Biblioteca Nacional. La frase lapidaria, "Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada", brinda la oportunidad de representarlo como un dios Creador que, en el principio, separa la tarde de la mañana y decreta el día. 

Luz y sombra, blanco y negro, day for night: PM

2. Risa en la oscuridad

Desde el momento en que PM plasma la decadencia en el celuloide, la Revolución rodea el filme y lo cerca con sus mecanismos de defensa, cae en su trampa, lo envuelve, lo fagocita y termina por incorporarlo a su torrente político.

"Palabras a los intelectuales" es la reacción a la presencia de un cuerpo extraño que fuerza la entrada y pasa a formar parte del proceso histórico. Ese organelo contiene todo el vicio de la época que se intentó destruir. Aislado y acordonado, es el rezago de un tiempo primordial. Y es así como cuarenta años más tarde reaparece parasitariamente en el cuerpo del largometraje Antes que anochezca, de Julian Schnabel.

De la manera más insólita, PM arriba a Hollywood. Ya puede bajar del caballo, moverse libremente, ha llegado el momento de su close-up. Con PM viajan la República y su vicio, la belleza agónica del batistato, la sentina de los bares del puerto, la Cuba que reía y que volverá a reír.

3. Saco, corbatas, baratijas

El vestuario en PM delata una época de igualitarismo, y ahora sabemos que el cubano nunca vistió andrajos. PM es el remanente de un tiempo de tiendas por departamentos dentro de una economía del buen vestir específicamente batistiana, la elegancia "al-alcance-de-todos" (y aunque no fuese así, las bellas imágenes se prestan a tal confusión). Los hombres llevan saco y corbata, las cabezas van cubiertas con sombreros. Las joyas modestas relucen bajo las lámparas del bar: relojes, cadenas, dijes, medallitas. PM revela también los aspectos insignificantes en que la nación será humillada.

4. Pasado perfecto

PM es el pasado perpendicular, el pasado perfecto donde queda grabado un viejo orden que morirá en el próximo encuadre: The End. Esta es la última vez que aparece el pueblo en la representación nacional; estamos ante la estela del Antiguo Régimen con su peculiar división del trabajo, desde el lanchero, el barman y el bracero hasta el músico, el borracho y la cocinera.

Velázquez captó la embriaguez en las caras de unos labriegos que reciben a Baco. En una misma escena convergen el párpado caído, la boca entreabierta y la irradiación de lo sobrenatural. Igualmente, en PM coinciden la gentuza del puerto y la dimensión órfica de lo cubano. He aquí, sin consignas ni partidismos, el triunfo del proletariado.

5. Palabras 'de' los intelectuales

Lo importante no son las palabras "a" los intelectuales, sino, como ya se ha dicho, las palabras "de" los intelectuales. En esto ellos tuvieron éxito: en confundirnos y en hacernos leer lo que les convenía. Se ha ido estableciendo una regla y una jerarquía narrativa donde las palabras de Fidel trascienden y son equiparadas —nada menos— que a un discurso de Benito Mussolini en La Scala de Milán. De esa manera, y en ese orden jerárquico, quedan palabreados los intelectuales.

Recordemos que Fidel acude al llamado de la Biblioteca, que es sacado de sus preocupaciones ("entre invasiones, amenazas de invasiones, movilizaciones y problemas de todos los tipos", protesta) y obligado a ocuparse de un enredo de plumíferos. Es increíble verlo dedicar tres viernes de junio de 1961 al asunto, cuando sabemos que prepara una conflagración mundial: la Crisis de los Cohetes.

Si aceptáramos los tardíos arrepentimientos y descartáramos la culpa, todavía los intelectuales serían responsables de (por lo menos­) una tergiversación histórica: la artimaña de su "enfrentamiento al Poder". El pecado original del intelectual cubano es haberse declarado inocente.

Rafael Rojas fue el primero en notar que el famoso dicho virgiliano, "Tengo miedo", no pasa de ser una leyenda: "Por más de cuatro décadas los escritores y artistas cubanos han sido gobernados desde una doctrina inefable y precaria, contenida en el famoso discurso de Fidel Castro…", escribe Rojas en su artículo "Confesión de timidez". Y dos párrafos más abajo: "Durante cuatro décadas se ha difundido la versión de que Virgilio Piñera tuvo el valor de confesar que tenía miedo".

Cuatro décadas de "doctrina inefable y precaria", por un lado, y de "versión" y "leyenda" por el otro: tal ha sido la situación de los escritores y artistas cubanos. Se introduce una versión del miedo que no ocurre en el original, y se descuida una clave que sí entra en el discurso virgiliano: Miami.

6. Castrismo indéxico

El miedo de Virgilio se plasmó en un estilo: "…yo por eso lo digo, sencillamente, y no creo que nadie me pueda acusar de contrarrevolucionario y de cosa por el estilo, porque estoy aquí, y no estoy en Miami ni cosa por el estilo". Virgilio es el creador de un cohete del arsenal ideológico castrista: ese "porque-estoy-aquí", que se esgrime por vez primera en la Biblioteca, llegó a establecerse como principio de selección y apartheid. El hecho de que se manifestara en una forma inédita —que Lisandro Otero define como "peculiar estilo coloquial"— ha impedido valorar la importancia de su aportación al castrismo indéxico.

Efectivamente, en 1961 existe un espacio —el Exilio— al que Virgilio teme aún más que a la Revolución (allí había caído su hermano Humberto, el filósofo, en 1960). La Revolución establece una ley de exclusión e introduce, en el "estilo coloquial", una palabra mala: Miami. La insistencia en la falsa alarma escamoteó la verdadera revolución semántica. 

7. Miedo escénico

Los asistentes a las sesiones de la Biblioteca se confiaron demasiado de la memoria y repitieron la anécdota del miedo, que parecía auténtica y que se prestaba, como todo lo virgiliano, a propalarse fácilmente. Solo tras la intervención de los investigadores, con los documentos en la mano, apareció el retrato completo.

El "tímido hombrecito de pelo pajizo, de tímidos modales, sospechoso ya por su aspecto de marica militante" (Guillermo Cabrera Infante), una "figura físicamente débil, empuñando la honda de David" (Matías Montes Huidobro), "flaco, desgarbado, con su vocecita irónica" (Carlos Franqui), musita unas palabras confusas, que, sin embargo, logran rivalizar con el aplastante dictum castrista. El breve intercambio con Fidel en la Biblioteca es el primer acto de una comedia de errores que sirve al autor para introducir a un nuevo personaje.

Ese personaje ambiguo "coquetea" con el poder, como ha señalado exactamente Rafael Rojas, que descubre, tal vez sin proponérselo, una relación erótica entre el dictador y el poeta: "el diálogo coqueto de Piñera con Castro… revela un universo de negociaciones", escribe Rojas. Piñera toma la palabra y seduce al demagogo. Su malestar, su temor, es homoerótico, se vuelve regateo y termina resolviéndose en masoquismo ("coqueto" viene de coq, el miembro viril). Piñera aprovecha el resquicio que ofrece el espacioso teatro de la Biblioteca Nacional para producir su drama. Fidel Castro, dirigido por Virgilio, es llevado de la nariz hacia el terreno del arte.

8. La librería como bustrófedon

Por su parte, Guillermo Cabrera Infante incurre en la imagen más viciada del prontuario político cubano: "Las reuniones tuvieron lugar durante tres semanas consecutivas, y se celebraron en el espacioso teatro de la Biblioteca Nacional, un verdadero palacio del libro construido por Batista (que no leía)", escribe en "Mordidas del caimán barbudo", un artículo del libro Mea Cuba, de 1992.

Nótese que el-que-no-leía construye el "palacio del libro" (la librería como bustrófedon): La Habana de los garitos le está dedicada; la Biblioteca, en cambio, quedará para siempre ligada al nombre de Fidel Castro. Compárese lo anterior con esta viñeta, de las Memorias de Orestes Ferrara:

"Al entrar en los salones de la residencia personal de Batista me enfrenté a una biblioteca que por el número de libros que contenía y el valor intelectual de los mismos me pareció excelente. Me detuve un rato oyendo la voz sonora del presidente: '¿Cómo está, doctor?' Y antes de que yo contestara él añadió: 'A propósito, tengo algunos de sus libros y deseo que me los dedique'. Me sentí algo sorprendido y turbado, ya que solo ahora venía a comprender que no había valorizado los pasos dados en el campo de la cultura por este antiguo campesino de Banes, hoy hombre de Estado con seguro juicio, orador facilísimo en español y en inglés, escritor claro y preciso, y poseedor de una de las mejores bibliotecas privadas que yo haya visto en Cuba o fuera de ella."

9. Pinceladas comprometedoras

Consideremos ahora el caso de Guillermo Cabrera Infante y Tres tristes tigres. En la introducción a la edición crítica de Cátedra (2010), Nivia Montenegro y Enrico Mario Santí, han revelado un importante aspecto de la estructura de esa obra. "El proyecto atravesó varias etapas y versiones", comienzan diciendo los editores. "En 1964 una versión primitiva, titulada Vista del amanecer en el trópico… gana el Premio Joan Petit-Biblioteca Breve de novela". Esa primera versión, explican Montenegro y Santí, "consistía en el contrapunto entre dos series: la divertida vida nocturna de habaneros en 1958… y las violentas viñetas de la revolución urbana".  La censura franquista interviene, y señala dos problemas fundamentales, uno de tipo moral y otro de tipo político: "1. Continuas alusiones y descripciones eróticas que llegan con bastante frecuencia a lo pornográfico. 2. Pinceladas de la lucha revolucionaria castrista contra el régimen de Batista [sic]".

De julio a octubre de 1965 Cabrera Infante regresa a Cuba "para enterrar a su madre", y Santí concluye que es "durante esa visita de cuatro meses… cuando comienza a reescribir Vista…, en un intento que coincide en el tiempo con los últimos días de la censura franquista". De vuelta a Europa, Guillermo Cabrera Infante continúa las revisiones y, en mayo de 1966, vuelve a someter la novela a la consideración de los censores. Para entonces las "pinceladas de la lucha revolucionaria" han desaparecido.

En carta al censor español, Cabrera Infante concede que "las viñetas intersticias y finales han desaparecido, dejando su lugar a una solución lírica en vez de épica, personal en lugar de colectiva, trascendente más que histórica… El libro antiguo era una muestra un tanto fácil de literatura 'comprometida' –compromiso con un tiempo, con una causa y con unos hombres, todos pasajeros".

En marzo de 1967 sale a la luz la versión censurada y reescrita de Vista del amanecer en el trópico bajo el nuevo título de Tres tristes tigres, primera y única obra de colaboración entre los censores franquistas y una estrella del boom latinoamericano.

10. Folioscopio

En diversas ocasiones, Orlando Jiménez Leal ha relatado el proceso de concepción de PM y los pormenores del escándalo que culminó en la asamblea de la Biblioteca Nacional. En entrevistas con cineastas y estudiosos del cine cubano, el director se revela como un importante memorialista. Sus reminiscencias son miniproducciones, o posibles guiones, que documentan los pasajes más arduos del génesisrevolucionario.

A manera de ejemplo, cuelgo aquí un "corto", escrito y dirigido por Jiménez Leal, producido por Fausto Canel, con la actuación estelar de Santiago Álvarez[i]:

"La última vez que lo vi fue cuando vino a confiscar, representando al ICAIC, el noticiero Cineperiódico. En ese momento los dueños se habían marchado de Cuba… Quedábamos apenas unos pocos empleados… El ambiente era de total desolación… Recuerdo que saltó de su auto como un cowboy (con su pistola a la cintura), rodeado de una escolta de milicianos armados. De alguna manera resbaló al saltar y cayó en el suelo de una manera estrepitosa. Sin inmutarse, se ajustó la pistolita, miró a ambos lados, y dijo una frase que se hizo después muy popular entre nosotros: '¡Ey, no se mueva nadie!'"

Acabamos de presenciar un western, y el último episodio de Cineperiódico. El camarógrafo da vuelta a la cámara y la apunta al joven Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos. A falta de otro medio que documentara estos eventos, aparece un cinecito oral donde pasan las "peliculitas" secretas de la Revolución triunfante.

Hay zonas completas que se escamotearon de la vista pública; no existen fotogramas de la caza de contrarrevolucionarios, ni de los fusilamientos, ni de las expulsiones, ni de los altercados, ni de las expropiaciones. El cine cubano volverá a ser libro, este libro[ii], un folioscopio de escenas hojeadas rápidamente.

11. The making of

"Es entonces que el director del noticiero… me pide que salga a la calle y le traiga mi visión de cómo se preparaba La Habana para la invasión. Al día siguiente le traje un reportaje de cuatro minutos donde hacía una acción paralela entre la gente divirtiéndose en los bares y los milicianos preparándose, instalando las armas, limpiando los cañones en el malecón, etc."

La acción paralela de juerguistas y milicianos coincide, punto por punto, con la estructura original de Vista del amanecer en el trópico antes de pasar la censura franquista y convertirse en Tres tristes tigres. También en PM las pinceladas revolucionarias desaparecen, aunque por otro método, diametralmente opuesto: el corte se realiza "en cámara", a priori.

Los "making of" de Tres tristes tigres y de PM guardan una relación simbiótica: "Entonces tomé ese reportaje y se lo enseñé a Sabá Cabrera y le propuse hacer un corto, quitándole toda la parte bélica para que no fuese un filme político, ni conflictivo, sino un pequeño poema a la noche".

Tal vez por eso Emir Rodríguez Monegal opinaba que Tres tristes tigres era "PM por otros medios". Hay un efecto de doblaje, una especie de simetría que incluye, para rematar, al "otro" Cabrera Infante. Parecería que nuestra historia intelectual —como el guión de El último año en Marienbad— se repitiera dos veces: la novela es un documental, y el documental, con su saga de intrigas, traiciones, exilios, censuras e inolvidables monólogos, terminó convirtiéndose en la pequeña gran novela de la Revolución.

12. El quart d’heure de Jiménez Leal

Antonio José Ponte compara el trayecto de Regla al muelle de Luz a un viaje a Citera. Pero PM mismo es Citera, un oasis de sentido, la prueba de que no todo estaba perdido, una isla de solaz en medio de una gran extensión de Terror.

Hacia PM vuelven la mirada los jóvenes artistas para encontrarse con un cineasta de 19 años y su Bolex de 16 mm. La dictadura necesitó cinco décadas para completarse, pero en su apremio juvenil al gran director le sobró un minuto del famoso quart d’heure. He aquí una nueva medida del tiempo: los catorce minutos de Jiménez Leal.




[i] Fausto Canel, "Revolución y censura: el affaire PM".

[ii] Este texto fue incluido en Orlando Jiménez Leal y Manuel Zayas, El caso PM: cine, poder y censura (Colibrí, Madrid, 2013).

Comentarios [ 60 ]

Imagen de Anónimo

Ya habia leido este articulo en el libro pero releido me parece mas interesante que nunca, la dedicacion de Díaz de Villegas a desmenuzar el papel del intelectual en un momento determinado y que marcaría para siempre los ultimos 53 años de literatura e historia cubana. Si antes no podía entender completamente la trascendencia de PM , gracias a Nestor lo veo mejor: es el retrato de un mundo que se desvanecía y que se le restregaba a los castristas, era un mundo que ellos querían eliminar y dignificarlo como esta en la peli, no entraba en sus planes pero por sobre todo les permitió dar el tiro de gracia a todo intento de individualidad, sometía al intelectual. Piñera les dió el argumento de las dos orillas y GCInfante nos regaló Tres Tristes Tigres,  bravo Nestor , magnifico .

Imagen de Anónimo

Los incondionales de Virgilio Piñera abundan en este sitio. Según ellos, se graduó de universidad, todo lo que escribió fue genial y jamás fue resentido ni envidioso. No ha habido en la historia de la literatura cubana alguien semejante a él, con su estatura de gigante. Valiente, sufrido, amistoso, elegante, así fue. Y a quien diga lo contrario, rayos y centellas. Es para reírse.

Imagen de Anónimo

Piñera + Ibsen al Festival de Cannes:

http://www.diariodecuba.com/cultura/1399895824_8541.html

A rabiar, envidiosos...

Imagen de Anónimo

Lo de que Piñera no tenía formación académica ni bagaje cultural es un disparate, pero es cierto que no fue tan buen ensayista como Vitier o Baquero. Te gusten o no las ideas políticas de cualquiera de estos dos últimos, en ambos hubo una prosa reflexiva, bien pensada y bien escrita, que no se encuentra en Piñera. Lo del ensayismo de Ballagas tampoco hay quien se lo trague. Así que el match sigue tablas.

Imagen de Anónimo

Esto se esta poniendo bueno !!,

como alguien dijo : todos somos iguales !!! Jeje es una verdad que es la sentencia de la mediocridad .

Imagen de Anónimo

Sigue bateando, que lo tuyo es cerebro de pelotero puesto para la pelota. No lees que citaba un volumen de ensayos publicado en México, te hablan de Borges y para ti no es un hombre de ideas, tampoco Carpentier (que hizo novelas de tesis) y así y así... Sigue ponchándote en el bateo. Y ve buscándote una teoría para comprender por qué el boom de Piñera se sostuvo cuando cayó en desgracia para el castrismo y sigue sosteniéndose todavía. 

Da igual cómo te pongas para batear, que la bola Piñera acabará siempre contigo. La prueba de la importancia de Piñera es tu propio odio, que te tiene en vilo, buscando cada vez argumentos más estúpidos. La prueba de la importancia de Piñera es que la mayoría de los comentaristas de este ensayo, que trataba otros muchos temas y figuras, se hayan centrado en él. 

Ni Baquero (ese imitador de T. S. Eliot) ni Ballagas (ese imitador de Cernuda) ni Vitier consiguen despertar tanto interés. Por algo será, porque la obra de Piñera está más viva que la de esos otros escritores. 

Imagen de Anónimo

Todos los libros que mencionas son obras teatrales, cuentos y novelas. Ninguno de ellos ensayos, porque el pobre Piñera nunca los escribió. No tenía con qué. Ni educación formal ni el bagaje cultural de un Carpentier o un Borges, quienes de todas formas se destacaron más como creadores literarios que como hombres de ideas. El boom de las obras de Piñera lo debemos al impulso de la maquinaria del castrismo, que después de aplastarlo como a una cucaracha, ahora se apropia de todos los derechos de esas obras mediante diversos vehículos, como la llamada Agencia Latinoamericana. Me causa gracia que todos se empeñen en defender hasta la falta de formación de Piñera. Ahorita hasta el más pinto de la paloma va a gritar: ¡Yo tampoco fui a la universidad miren lo feliz que soy! Pero no se puede tapar el sol con un dedo. Virgilio Piñera fue un pésimo poeta, un cuentista regular y excelente teatrista. Muy mimético, eso sí, de todo lo galo. Ensayos no escribió, sólo artículos, y eso para insultar a diestra y siniestra, fingiéndose amigo de este o de aquel, y granjeándose enemigos importantes para cobrar un protagonismo que nadie le daba al pobrecito. Sigan defendiendo a Piñera, que yo seguiré aquí, bateando las mendacidades y poniéndole en el sitio que merece, ni más ni menos.

Imagen de Anónimo

¿Alguien puede avisarle al fronterizo determinista de las 2:33 am que Jorge Luis Borges no cursó estudios universitarios y Alejo Carpentier no terminó ninguna de las carreras en las que se inscribió?

Imagen de Anónimo

Anónimo 2:33 am, sigue ahí, en tu negación, pero la poesía completa de Piñera se publica en Tusquets Editores, todos sus cuentos en Alfaguara, sus ensayos en México en CONACULTA, "Aire frío" es publicado en New York traducido por la también gran dramaturga María Irene Fornés, "Cuentos fríos" aparece en Seuil, Suhrkamp Verlag publica "Pequeñas maniobras" se traducen al portugués, al alemán, al inglés y al francés sus novelas y cuentos. Por no hablar de tesis académicas y libros dedicados a su obra, entre ellos una biografía publicada en inglés. Los mejores directores teatrales cubanos de la isla y del exilio montan sus obras, y los jóvenes poetas cubanos a partir de los 90 se declaran herederos de "La isla en peso" y de su poesía. 

Tú no eres un simple lector, eres un lector simplón, que es otra cosa. 

Imagen de Anónimo

El hecho diáfano es que Virgilio Piñera no fue un ensayista. Y punto. Carecía del bagaje cultural y de la preparación académica, más nada. Los diarios no publican ensayos, sólo artículos, que es lo máximo que llegó a escribir el pobre Piñera, quizás por eso le dieron chance por aquí y por allá. En Cuba no lo tuvo hasta que Castro lo puso en su nómina. Fue un poeta muy malo y su teatro sólo trascendió su país después de que Castro llegó al poder y todo lo cubano (y lo castrista) se puso de moda internacionalmente. Sus cuentos se publicaron en Argentina, porque eran buenos y vivía allí, amparado por sinecuras diplomáticas que abarcaron los gobiernos de Carlos Prío y -sí- el de Batista tras el golpe del 10 de marzo. Algún padrino tuvo para lograr eso. Más tarde, el comunismo lo impulsó, y cuando no pudo usarlo más, dejó de existir. Se puede ser escritor sin título universitario, pero nunca en el terreno de las ideas, algo que requiere una sólida formación de la que carecía Piñera, un ser gracioso pero demasiado frívolo. Ojalá tuviera yo la potestad y el talento para dedicarme a impulsar obras de un familiar mío famoso, pero sólo soy un simple lector. Parece que no le puedo convecer de eso, pero la verdad que no me importa.