Artes plásticas

Las rayas del tigre

La exposición de Ricardo Brey en el Museo Nacional demuestra la continuidad de su trabajo. Unas plantas más abajo, expone Kcho.

Persianas venecianas, un viejo colchón camero, un ventilador y dos patas de pollo: todo ello sirvió de carta de presentación a Ricardo Brey en la IX Documenta (1992), Kessel, Alemania, curada por Jan Hoet, que privilegiaba y promovía a once artistas belgas y al arte povera. Lo suficiente para impresionar a los europeos y permitirle vivir y crear en Bélgica, uno de los países más racistas del mundo, él, habanero mestizo, descendiente de nigerianos y gallegos.

Veinte años, pues, lleva Brey en el afuera-adentro de su país, al que ha regresado ahora con magna exposición retrospectiva,  en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Más de veinte piezas —fotografía, instalaciones, esculturas y vídeo─, muchas de ellas, obras recientes (2013-2014), algunas pensadas para esta muestra paradigmática de su quehacer en estas dos décadas.

Arte maníaco

Solvente, concienzudo a su manera, técnicamente bien pertrechado, con paciencia, disciplina y rigor, el artista ha ido acumulando los materiales del vómito contemporáneo: la avaricia, el consumismo, la humillación, la fiebre. Sin someter al espectador al imperativo falsificador de fabricar sentido (tomakesense), con ellos. Convicción que lo aleja de lo banal y contribuye decisivamente a la experiencia plástica, visual.

Brey, quien pasó del vanguardismo contestatario de Volumen I (la controvertida exposición que en la década del 80 se erigía como manifiesto de una generación de artistas) a trabajar para el mercado del arte, en que acciones parecidas son retribuidas con dinero, pone en evidencia la vacuidad del mundo en que vivimos. Vigas o barras oxidadas, piedras, cáscaras de huevos, collares de perlas, artefactos de latón, guantes, cartones, bolsas de papel, cajas cerradas y abiertas,  conforman, entre otros objetos nimios, cotidianos, vasto inventario presentado como acontecimiento digno de percepción estética. Propuesta conceptual que juega con la mimesis, la identidad, la voluntad paranoica del que mira cuerpos ilusorios, de frágil transitoriedad. Casualidades y encuentros inesperados de las formas, simetrías descaradamente ejemplares. Por debajo de sus ropajes documentales, el hilo conductor de lo que aquí se exhibe nos dice: "lo excepcional surge de la experiencia más común, de hombres y mujeres". En el contexto así creado, los referentes se dislocan, pierden su taxativa univocidad para convertirse en otra cosa.

Memoria y artificio, paisajes de sofisticada alegoría, claves a la deriva, el artista propone, con intensidad sostenida, ambiciosas estructuras simbólicas, entrañas metafóricas de estirpes objetuales. Separadas por años, estas obras, componen secuencia sin fisuras, entidad única. Brey se atreve a salir al encuentro de lo que físicamente constituye nuestro mundo. Insaciable escrutador de apariencias, visibiliza el escenario físico que rodea nuestra existencia mortal. Arte que revalida su función crítica, que nos revela sendas desconocidas o la desorientación total, alguien que da forma a lo que ha recibido. Conceptualista, simbolista, Brey estimula, lúdico, asociaciones, conjuros, significados, complicidades.

Para el crítico vienés, Thomas Miessgang, lo de Brey "no es una cuestión de poner orden en el caos de las circunstancias inestables del mundo real, sino más bien de traer el caos al orden de las estructuras de poder impuestas".

Las obras

"Every life is a fire" (2014), video, continúa la serie de cajas iniciada en 2009, y que exhibe por vez primera en Viena, en la Galería Christine Köning. Esta vez, negra caja cerrada, cual cofre, es abierta con solemnidad parsimoniosa por cuidadosas manos que descubren, bajo cristal, una materia coloreada, en rojo y marrones (¿estopa, estambre?), que luego de descubierta será rociada con agua, proveniente de una jarra de cristal. Y vuelta a empezar.

"Dados sobre madera curvada" (2014), bien sujetos, lejos del libre azar. "Cuerpo y alma"(2012), también de una serie sobre instrumentos musicales: saxo colgado en la pared.

Le siguen "Hoy casi recuerdo" (2013); "La semilla" (2014); "Gasolina alrededor de la luna" (2012-2013), que fuera exhibida en Austria, en 2012, junto al norteamericano Jimmie Durhan: "Mirando mi propio trabajo (y el suyo). Una simple cuestión de convicción"(2007); "Obra en rojo"(2013); "Palladium" (2014): bolsas de papel, arrugadas, ¡alforzadas!;  cartones de bocetos, eliminados, grandes bolas de tela trabajadas con cera y pegamentos impensables.

Todas ellas en la primera sala de las dos amplias, espaciosas que en la tercera planta del Museo, se le reservaran. Salas transitorias. En la segunda sala, en gran formato, las cinco fotos de Alina Sardiñas (2014) acompañan al artista "para un proyecto futuro". Son fotos de árboles cortados, exhibiendo sus anillos, en tocones rodeados de escombros. Naturaleza y desechos. Sobre la pared, cuatro relojes contadores, junto a postales rotas que igual sirven para jugar al póker que a la solterona.

Está "Axis" (2006), instalación realizada con guantes en desuso, a los que la nieve y el frío han desgastado, deslucido. Abundan las guirnaldas de cáscaras de huevos y perlas artificiales. Sobre estilizadas mesas, más cajas, esta vez abiertas, con acordeones de cartulina finamente dibujados: "No puedes escapar de lo que eres"(2012); "Caja Dorada" (2011) y "Fuera de problemas" (2014).

En el suelo, en el centro, dominando, "Saturno devorando a sus hijos" (2011): huevos de avestruz, grandes bolas de tejidos de capas superpuestas, frágil material, irradiando enlazadas entre finas cadenas. Cual mapa celeste. Qué le importa a un tigre una raya más, se nombra, en general, la exposición. También La futilidad de las buenas intenciones.

Kcho, ¿celoso?

El día de la inauguración no se podía dar un paso: tal era la afluencia del público: artistas, amigos, familiares, curiosos, periodistas, escritores, estudiantes de artes plásticas… Arrasaron con los catálogos en un dos por tres. Emocionaban, con su asistencia al artista.

Al otro día, Kcho inauguraba, en la planta baja, bien a la entrada del Museo, No agradezcas el silencio, dedicada a los llamados Cinco Héroes, obra que reproducía las instalaciones carcelarias de sus primeros 117 días de prisión. Paredes, "el hueco" de aislamiento y castigo, video de humillantes uniformes y cadenas, con música popular bailable, cuyos decibeles invadían el espacio en minutos contados. Ampliamente publicitada en TV, con testimonios de jóvenes ─militantes de la UJC─ que agradecían la "experiencia". Robándose la atención del público en morbosa algarabía. Público enviado a través de CDR, escuelas, cadetes, delegaciones turísticas, público desinformado/ ignorante, que no accedía al tercer piso, donde Brey. Golpe bajo. Cultura del espectáculo versus Arte.

Más arriba, en las salas permanentes, Brey colocó una rosa roja en homenaje a cada artista que conociera en vida. Estas rojas presencias ─hasta ahora insólitas─ zigzagueaban el espacio, confundiéndose entre las esculturas y pinturas de lo mejor, o más representativo, de nuestro arte… del que queda.

Comentarios [ 6 ]

Imagen de Anónimo

Todo eso es chochera , la generacion de Volumen I, y la segunda generacion de los 80 con Pure, Provisional, Arte Calle y todo el mundo es otra chochera,  estan hechos todos unos viejos ridiculos que no ponen una , en fin excrecencias proponen! por otro lado lo que tenemos aqui en Cuba es un asco, miro para todos lugares y solo vomitos creativos veo, tendre que irme a Suiza, el arte cubano no sirve!

Imagen de Anónimo

Me temo que las rayas del tigre pasan serca del ano. Aqui no existe una propuesta conceptual y mucho menos formal; desde el punto de vista plastico y sus soluciones no ofrecen nada; aqui no hay nada! Este persona no tiene nada que decir...

arte muerto!

Imagen de Anónimo

Rodríguez Brey es un Kcho fino, calladito, que viene y va.

Imagen de javier monzon velazques

 Que las "obras" defecadas por Kacho (de porqueria)sean consideradas arte por algunos, puede extranar a quien no sepa que recientemente en Cuba, se mostraron los "cuadros" de un artista(?) cuya originalidad estribaba en que la "pintura" empleada en las "obras" era excremento (mierda para ser mas claro). Kacho no emplea excremento en sus trabajos, pero el resultado es el mismo; mierda. 

Imagen de Anónimo

A cualquier mierda ahora la llaman ARTE

Imagen de Anónimo

Gracias por este artículo ! Ricardo Brey es uno de los más importantes artistas cubanos. Me alegra que salve con su arte la programación actual del Museo Nacional.