Artes Plásticas

Dos, uno y tres maestros

Tomás Sánchez, Agustín Cárdenas y Ricardo Brey exponen en La Habana.

No es exagerado afirmar que lo más importante en la ciudad ocurre ahora mismo a cada extremo de la calle Tejadillo, en La Habana Vieja. Son las muestras de los artistas Tomás Sánchez y Agustín Cárdenas en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, y la de Ricardo Brey en el Museo Nacional de Bellas Artes.

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Tomás Sánchez llega al Centro con su quinta exposición de fotografía, Notas al paso. Aunque confiesa que "continúa pintando", la fotografía ha sustituido su pasión por mostrar el paisaje como expresión de lo humano.

1987 fue su último año en Cuba. Veintisiete largos años sin exponer en su isla. Y ahora viene a contarnos la historia de su soledad. Nos permite verlo tal cual se ve él mismo. O quizás, nos deja contemplarlo, por unos instantes, en sus momentos de meditación frente al mar.

Su proyección del mundo es un gesto íntimo. Si hay alguna lucha es la que sufre el artista. Entonces, es difícil saber si vale la pena mencionar su premio de la primera Bienal de La Habana o si perteneció a Volumen I: cuando se han pasado algunos umbrales espirituales, la ofensa sufrida alguna vez o el halago no importan. Y Notas al paso es una muestra de pura filosofía Zen.

En "Roca bruja" (2011), por ejemplo,  el viento sopla, y aun cuando lleva a que la marea corte en diagonal la arena negra de alguna playa en Costa Rica, solo nos anuncia que estamos a punto de ver a un Maestro que regresa a conectarse con la energía que es Cuba.

Pareciera que en "Hechizo" (2011), "La roca que sabe mirar" (2013), o "El fraile" (2013) hay solo piedra, mar y luz. Sin dobles lecturas. Y es que las rocas, aparentemente, no hablan, solo esperan lo inevitable: la erosión.

Humilde. Imperturbable. Tomás Sánchez promete que va a saludar a cada uno de los asistentes. Pero eso es un imposible. Porque ¿cuánta gente ha asistido? ¿200? ¿300? ¿Más? Varias generaciones concentradas: unos para recordar, otros para conocer en primera persona al Maestro.

Del 10 de abril al 10 de mayo, no se sabe si habrá tiempo suficiente para que todos los interesados pasen por el Lam.

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El viaje de Agustín Cárdenas ha sido más doloroso. El silencio de las sombras, en el Lam, celebra la apertura de algunas mentes que permitieron la entrada de quien fundara el grupo de Los Once, y que saliera huyendo, no de revoluciones ni de radicalizaciones de pensamiento, sino del mal aura que los cubanos a veces sostenemos cuando el talento de alguno de los nuestros nos deslumbra.

Vaya suerte. Desdeñado por sus contemporáneos para que André Breton y Picasso lo reconocieran al instante. Para que hiciera mundo con su herencia. Cárdenas concentra en la materia África, Caribe, la patria.

En cada una de las fibras que descubre en lo que modela Cárdenas, hay tensión. Sus trabajos en madera sugieren una lucha concentrada en un espacio límite, donde muestra objetos, animales y paisajes desde lo sensorial. Pero muchas veces juega con la materia, nos engaña, trata el bronce como si fuera madera, le da el aspecto de esta y si no es por la dureza del objeto, uno se puede ir con la idea incorrecta.

En la sala 50 del Centro Wifredo Lam, nuestro Agustín Cárdenas estará del 11 de abril al 13 de mayo.

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El concepto de arte objetual parece una mala palabra ante las interpretaciones del ser humano que crea Ricardo Brey. Cada una de sus piezas son una personalidad que ha logrado descubrir.

Como cajas chinas, como si hubiera varias capas de piel, varias corazas, como si pelara una fruta que va a tener el placer de devorar, con delicadeza, Brey abre pieza a pieza para descubrir el universo que encierra dentro.

En "Palladium" (2014) hay un huevo, un dado; en "Obra en rojo" (2013) pergaminos de tela, una mujer en una pecera, que permanece inaccesible, aunque derribara cada una de sus pieles; "Hoy casi recuerdo" (2013) parece una expresión personal del olvido que es más grande que su continente: la esfera nunca cupo en su envoltura, que es simple, pero gruesa; en otro descubre una cabeza de carnero o un capricornio sobre tierra negra, rodeado de pequeñas esferas; otros dentro solo tienen piedras, ya sea un fragmento de balaustre o rocas, pero la dureza del espíritu se reconoce.

Hay otras piezas.

En "Universo paralelo" (2005) Brey juega, como Dios, a los dados, y los organiza o destruye a su antojo. Con las fotografías de la artista Alina Sardiña, amplifica el drama humano, lo masifica. Interviene, atraviesa cada imagen con perlas cuyas cuentas se van haciendo tan grandes que llegan a convertirse en huevos. Pareciera que se cuestiona eso de echarle perlas a los puercos porque contrasta la belleza de la joya con el desastre ecológico que anuncia la impresión fotográfica. Las perlas no son para embellecer, sino para contar de modo regresivo el tiempo que nos queda.

Pero "Saturno devorando a uno de sus hijos" (2011) es la gran tragedia del hijo pródigo que regresa repartiendo rosas a cambio de las piedras que recibiera un día. Una constante en la obra de Brey.

Mientras que Tomás Sánchez y Agustín Cárdenas rebosaron de vida en el Lam, a Brey casi lo matan en Bellas Artes.

Y es que el arte contemporáneo debería permanecer alejado de los salones de la Academia, que por lo general, están manchados por el polvo oficialista. La obra de Brey segrega transgresión por todas partes. y el ambiente de Bellas Artes, con sus restricciones, es demasiado denso.

El arte contemporáneo, además, no es séptico ni pulcro ni ajeno a la otredad que representa el público, y a muchos les hubiera gustado ojear los libros que hace Ricardo Brey, aunque fuera a través de vitrinas.

Comentarios [ 3 ]

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Anónimo 5:44, va a ser difícil que puedan retener a Agustín Cárdenas en La Habana de los Castro, porque lleva más de diez años fallecido.

Imagen de Anónimo

Que verguenza, y todavia nos preguntamos por que llevamos mas de medio siglo bajo una dictadura.

Ser artista no quiere decir no tener moral, estos tres se merecen que los dejen ahi en La Habana de los castros, por defender lo indefendibe, este articulo da asco.

Imagen de Anónimo

Muchas gracias por esta crónica.