Cine

La margarita

Un discreto homenaje en La Habana recuerda a la cineasta checa Vera Chytilová (1929-2014), censurada durante el comunismo.

Sabia, impúdica, paródica, imaginativa, contestataria e individualista feroz, la 'primera dama' del cine checo, Vera Chytilová, fue discretamente recordada en La Habana, con la proyección de su emblemática y controvertida Las margaritas (Sedmikrásky), considerada "una de las joyas de la Nueva Ola Checoslovaca".

La Casa del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y la Embajada de la República Checa en Cuba, gestores del reconocimiento, confiaron el evento a la dedicación del escritor, editor, programador y crítico Alberto Ramos, quien entregó a los asistentes un breve y eficaz catálogo de su filmografía (seleccionada) así como las justas notas biográficas.

Creadora de más de una veintena de películas sin abandonar su país, como hicieron casi todos los realizadores del movimiento —un movimiento más radical, política y artísticamente, que su contrapartida y antecesora, la Nueva Ola Francesa—, la Chytilová estudió Filosofía y Arquitectura, antes de graduarse en 1962 como directora en la Academia de Cine de Praga (FAMU), luego de ser rechazada en los Estudios Barrandows, donde fuera auxiliar de revelado y claquetera. Demoraría seis años en rodar su primer filme, al contrario de los cineastas varones de su generación.

Pearls of the Deep, filme conformado por cinco cortometrajes, basados en los cuentos del escritor Bohumil Hrabal, fue la carta de presentación de la Nueva Ola Checa, en l966. El movimiento florecía durante la etapa "del socialismo con rostro humano", que prevaleciera en la política checa desde 1963 y que fuera liquidado en 1968, con la invasión soviética. Ya para 1970, casi todos los directores, luego de ser marginados, se exiliaron. La Chytilová se quedó. Y filmó Las margaritas (1966), cuyo desenfado surrealista, experimentación genial del color y puesta en escena, amén del claro desafío a las convenciones sociales, le costó la censura y una pésima o nula distribución del filme. Pocos meses antes de la invasión soviética había terminado Fruto del Paraíso (1970), también censurada y poco distribuida. Y a partir de ahí, ya no se le permitiría trabajar.

Pasó al ostracismo total, durante seis años, en los cuales realizaba comerciales bajo el nombre de su esposo, el fotógrafo Jaroslav Kucera. No es hasta 1976 que puede continuar su carrera, dada la presión internacional de organizaciones artísticas, al serle negado el permiso de salida, para participar en Estados Unidos, en el primer Festival Mundial de Directoras de Cine de Nueva York, que abrió con la proyección de su película Algo distinto. Todas las invitaciones posteriores fueron canceladas y rechazadas, como la del simposio "Las mujeres en las películas" (Italia) para presentar y discutir Las margaritas, en el Año Internacional de la Mujer. No llegaría a viajar, pero reanudaría su trabajo para ganar el Hugo de Plata, al año siguiente, en el festival de Chicago, por El juego de la manzana.

21 diputados contra Las margaritas

En la Asamblea Nacional, un 17 de mayo de 1967, Las margaritas sería públicamente condenada por el diputado Pruzinec, en un histórico discurso en nombre de 21 diputados. Sus argumentos se basaban en la demostración del "malgasto de dinero que necesitaba el presupuesto estatal", en consternación por "las cuestiones económicas, políticas y culturales básicas de nuestra República". Supuestamente el filme mostraba "un camino de vida no apto para cualquier trabajador, campesino o intelectual honrado, que nada tiene que ver con los ideales del comunismo".

En la arremetida se incluía "El informe sobre la fiesta y sus invitados" (O slavnosti a hostech, 1966) de Jan Nemec, y se cuestionaba a estos trabajadores de la cultura sobre el "envenenamiento" y ridiculización de los "logros políticos" de la República. ¿Qué tipo de democracia planeaban introducir? ¿Qué pensaban estos cineastas de la Guardia Fronteriza en función de impedir la penetración del enemigo? ¿Por qué el gobierno pagaba grandes cantidades a estos "enemigos internos" para que destruyeran los frutos del trabajo? Los diputados pedían consecuencias inmediatas, abordando el principio de paga equitativa por el trabajo según la calidad, la cantidad y la trascendencia social. Los 21 diputados exigieron a los camaradas ministros de Defensa, de Hacienda y de Agricultura, que se dejaran de proyectar estas películas y que los culpables tomaran en serio su deber como trabajadores de la cultura.

Carta al Presidente

El cine checo —el Estado— consideró todos los proyectos y guiones de Vera Chylitová durante la década del 70, inaceptables. Vera organizó una campaña personal y escribió a Gustav Husák en 1975, reivindicando su libertad de expresión. Precedida por dos cartas al ministro de cultura Milan Klusak (mayo del 74 y julio del 75) nunca contestadas, esta carta, junto a la presión internacional, le permitió dirigir El juego de la manzana, en 1976. Este documento expone sus objetivos artísticos y la búsqueda sicológica y posibilidades humanas de sus personajes. Las margaritas, dice Vera, "era un cuento moral que mostraba cómo el mal no se manifiesta necesariamente en una orgía de destrucción provocada por la guerra, que sus raíces pueden estar ocultas en las bromas malintencionadas de la vida diaria. Escogí como protagonista a dos jóvenes porque a esa edad es cuando más quiere uno realizarse y, si uno o una está abandonada a sus propios recursos, su necesidad de crear puede convertirse con gran facilidad en exactamente lo contrario".

Este mismo año Chilytová fue sometida a una "compleja evaluación de sus proyecciones políticas". Su contrato con los estudios debía ser cancelado principalmente por ocho razones: 1) no había trabajado durante cinco años —de puro peloteo burocrático y desplantes a los amigos y la prensa extranjera por parte del Gobierno—, 2) sus películas eran experimentales por naturaleza, pesimistas y no tomaban partido, 3) se relacionaba con artistas nacionales dudosos, 4) sus premios internacionales provenían de festivales occidentales, 5) había tomada una postura elitista, y 6) tenía una respuesta de público mínima, y además, 7) los críticos habían sobrevalorado su obra, y finalmente 8) no parecía que hubiera entendido la política cultural actual del Partido Comunista de Checoslovaquia.

A la refutación de todos estos presupuestos ideológicos contra ella, se suma su conclusión final: "Sigo siendo víctima de una discriminación injusta, a pesar de que no hay la más mínima justificación, porque está claro que toda la oposición a mí está basada en una mezcla de supuestos falsos, hostilidad personal y machismo".

Famosa desconocida

Tras la caída del Muro de Berlín, Vera continuó haciendo filmes experimentales y de crítica social. A la transición checa dedicó Herencia (1993), en la que satirizaba a los nuevos ricos aparecidos tras la caída del régimen… En los últimos años solo realizó documentales para la televisión.

Censurada, rodeada de obstáculos y limitaciones, sin salir de su país, como muchas de sus obras que no traspasaban las fronteras, la Chytilová permaneció en la artificiosa realidad de su ficción, su lenguaje virulento que sacude y estimula con sus ironías descarnadas, crónicas críticas de la vida, análisis de la abstrusa burocracia, vestigios de la humanidad "socialista". Pionera de una leyenda, hombreándose con los más grandes realizadores de su país y Europa, sin grandes éxitos de taquilla, ella misma termina siendo su obra: irreverente y clásica, a la vez, otra famosa desconocida.

Realizadora brillante y difícil, la Chylitová es ciertamente una de las figuras claves de la Nueva Ola Checa (Nova Viná) del cine de vanguardia en los años 60, junto a Milos Forman (La oveja negra, Atrapado sin salida, Amadeus); Jiri Menzel (Un verano caprichoso); Jaromil Jires (Valeria y la semana de las maravillas); Jan Nemec (El retorno); Evald Schorm (El regreso del hijo pródigo).

Vera Chytilová se iría casi en secreto, el 12 de marzo del 2014, en Praga, a la avanzada edad de 85 años.

Comentarios [ 3 ]

Imagen de Anónimo

Por supuesto que un dato equivocado desluce cualquier artículo que exponga información investigada. Denota ligereza y desconocimiento. Eso no tiene discusión. Y no puede usted confundir la Nueva Ola del Cine Checoeslovaco -un hecho estético- con la ola de reformas políticas y económicas iniciadas en Checoeslovaquia en enero de 1968 y que los soviéticos aplastaron a los pocos meses de empezadas. La Nueva Ola Cinematográfica precedió ese hecho estético, aparentemente, quizás como el reflejo de un estado de ánimo social que luego se extendería a la esfera política, pero no es lo mismo que el "socialismo con rostro humano" o la llamada Primavera de Praga. Esta autora dice que esas reformas empezaron en 1963, y eso es un craso error que desvirtúa el marco histórico en que transcurre todo eso de que habla. La misma autora apunta que la cineasta fue atacada en 1967, supuestamente en la época que ella describe como de "socialismo con rostro humano", mire qué contradicción. En cuanto a las dudas, le diré cuál es la principal que tengo: Si hay ese error, tan obvio, ¿cuántas equivocaciones más no puede haber en otros aspectos? Antes de escribir un artículo como este, y sobre todo, antes de publicarlo, es bueno hacer una revisión de los datos. Como dicen en inglés: "Do your homework".

Imagen de F.Hebra

 Alexander Dubcek, efectivamente, fue quien acuñó la frase textual en 1968 pero ya, desde hacía muchos años, la Nueva Ola Checoslovaca había comenzado con temas muy espinosos. No creo que ese dato desluce para nada el artículo. Por favor, exponga sus demás "dudas" sobre lo que dice la autora sobre la cineasta y su obra.

Imagen de Anónimo

No sé de dónde sacó esta autora que el llamado "socialismo con rostro humano" empezó en Checoeslovaquia en 1963.  Todavía en ese año ese país del bloque soviético se hallaba bajo la férula de Antonin Novotny, uno de los dirigentes comunistas europeo-orientales que más se resistió a cualquier desvío del estalinismo incluso después de que éste fue denunciado en la propia Unión Soviética. El llamado "socialismo con rostro humano" (supongo que de alguna manera tenían que llamarle) es inseparable de la Primavera de Praga, que se extendió más o menos desde enero de 1968 hasta la invasión soviética de Checoeslovaquia en agosto de ese mismo año, que puso fin a ese período de reformas económicas y políticas, y de ingenua esperanza de que los rusos aceptarían sus resultados. Este dato equivocado desluce el resto de la información vertida en este artículo y hace dudar de algunas de sus afirmaciones.