Literatura

El 'Diario' de Alejo Carpentier

El volumen, compuesto entre 1951 y 1957, refleja un período que podría haber definido la vida del autor de 'El siglo de las luces'.

Ha salido a la luz por fin el diario que Alejo Carpentier compuso entre 1951-1957, etapa de Los pasos perdidos, El camino de Santiago, El acoso y la primera idea del El siglo de las luces. Demorado por voluntad de su viuda, quien no quiso que "unas pocas personas" aún vivas se vieran ahí bastante mal tratadas, el documento permaneció muchos años en un "sobre amarillo muy sellado con Scotch Tape". La justificación de esta prórroga, sin embargo, es más personal que precisa, ya que el texto evita hasta donde puede hacerlo un "diario" las indiscreciones fortuitas, e incluso la intimidad —por no ir más lejos.

Se trata de una crónica del discurrir literario del autor, conformada por apuntes sobre sus lecturas, sobre música, ideas de relatos, con oblicuos o velados pasajes sobre su existencia consistentes en anotaciones de encuentros con algunas personas y fechas de ciertos estados de ánimo —que excluyen siempre su análisis.

Carpentier, como es de esperar, no se confiesa directamente. Una razón pudo ser, como bien deduce el prologuista, que el texto haya sido pensado íntimamente para publicar. Otra razón apunta a la índole del autor: que siempre trabajó en una imagen pública de sí mismo con el mismo cuidado con que elaboraba sus ficciones. "Cuando releo algo de lo aquí dejado, lo encuentro todo muy literario —reconoce en la página 63—. Lo que demuestra que, aún en un diario, no se enseña el verdadero rostro".

Sin embargo, enfrentado a un dilema semejante cuando dictaba su autobiografía, Mark Twain entendió que si bien ningún hombre es capaz de escribir la verdad sobre sí mismo, ningún hombre es capaz de no hacerlo. El Diario de Carpentier comprueba esta observación. De manera que durante un buen trecho puede leerse no solo como el registro de los trabajos de un escritor, sino como la interesante crónica de un momento en que una persona tuvo que resolverse a sí misma.

El texto comienza en 1951, cuando Carpentier vivía "las crisis morales más graves —evidentemente— de toda mi existencia" (116) y sin tiempo para escribir, trabajaba contra su deseo en "la aborrecida Radio", arrepentido además de las falacias de su obra anterior, El Reino de este mundo.

A medio camino tenía redactada —y detenida— Los pasos perdidos. A la luz de esta crónica, la novela puede leerse como una alegoría autobiográfica[1]: una crisis equivalente sufre el protagonista de Los pasos… al empezar el relato extraviado en la inercia de una vida espuria, antes de viajar a América y encontrarse a sí mismo allí. Un equivalente camino de liberación pudo haber experimentado el autor (o creído que experimentaba) cuando al fin logra zafarse de sus circunstancias y emprender, entre otras cosas, la novela. "Muchos complejos vencidos; muchas victorias ganadas… desde que comenzaron a llenarse estas páginas" (192), escribe al final del período cuando decide abandonar la redacción del Diario en 1957. No podemos probarlo, pero no es imposible que este lapso —el lapso que inspiró, por lo demás, El peregrino en su patria— haya definido su vida.

El "fracaso" final, el inevitable regreso final del protagonista de Los pasos perdidos a la Historia, equivaldría a la versión de un "regreso" de Carpentier mismo a ella. Esto explicaría, en principio, por qué "América" sobrevive en su obra como una fantasía regionalista e historiográfica, cuando en esta novela fue, accidentalmente, el espacio alegórico de reencuentro con el Ser.

El período en que Carpentier escribió Los pasos perdidos, el período que contempla este documento, pudo constituir una puerta que, semejante a la entrada del caño de paso que conducía a Santa Mónica, después se cerró.

 


[1] "Todas las novelas en el fondo lo son", se me dirá, pero no siempre hay un diario para comprobar este hecho.


Alejo Carpentier, Diario (1951-1957), Letras Cubanas, La Habana, 2013.