Feria Internacional del Libro-2014

Decadencia y mercado

La Feria de La Habana fue un éxito de público, pero no de libros. Si quitáramos los muñecos inflables, las mallas para saltar y la gastronomía, ¿qué quedaría?

Transcurre la Feria Internacional del Libro sin halo de lo que fuera, y no es que lo que fuera resultara totalmente deseable. La censura a autores desafectos excluye como siempre la posibilidad de ofrecer un panorama serio de la literatura nacional, situación agravada con la ola de emigración y exilio de las últimas décadas, al punto de que no encuentro, en esta edición,  ningún panel programado sobre literatura contemporánea cubana, y sí, por alguna razón, paneles sobre literatura ecuatoriana, colombiana o argentina, cuya precisión no sabremos juzgar cabalmente.

Una estrategia de mercado intenta salvar la situación, o por lo menos echar un velo sobre el letargo. Para entenderla, hablemos de los libros.

Hace quince años, cuando empezó la Feria en La Cabaña, a pesar de los pesares, uno podía salir con una mochila (conozco gente que lo hacía) bien cargada de brillantes carátulas extranjeras y buenas lecturas —no siempre bien habidas, si hay que decirlo todo—. Era esta aventura lo mejor de la Feria, más allá de alguna actividad esporádica, más allá de que había más escritores en el recinto de los que hoy se ven. Ya no es así. Con el tiempo, los mercaderes extranjeros han ido disminuyendo hasta quedar en casi nada. Ya no se ve Ediciones B; ni siquiera una editorial llamada Urano que trajo un poco de New Age hasta el año pasado, comparece. En esta edición he encontrado un solo libro para adultos memorable, que he pagado casi con desesperación.

Esta nunca ha sido una Feria de grandes contratos, de grandes personalidades. Los expositores extranjeros eran la novedad ¿Por qué faltan hoy? No es improbable que hayan comprendido que vender libros a más de 5 dólares en La Habana es un mal negocio. El caso es que ahora solo traen, mayormente, literatura infantil. Libros baratos, libros rápidos, y esta circunstancia marca la nueva fisonomía de la Feria. Se trata de un giro comercial que ha sido aprovechado para las estadísticas, no para la calidad.

El evento consta, cada vez más, de aparatos infantiles, decenas de chiringuitos, cerveza, reguetón. La misma avidez por las novedades foráneas que antes atraía a los estudiantes, ahora convoca a las familias, que hacen aquí su vida de domingo, celebrados por la TV.

De manera que la Feria es hoy un éxito de público, pero no es un éxito de libros.

Si quitamos todos los muñecos inflables, las mallas para saltar y la gastronomía, ¿qué quedaría? Mirarnos a las caras y empezar a preguntarnos por la gestión de la literatura nacional y por su estado.

Como lectores, nos salvará otra vez la tecnología, es decir, los e-books: conseguir que un amigo del extranjero nos traiga un lector de libros digitales —que no se venden en Cuba— y olvidarnos, quizás, de todo esto.

Comentarios [ 3 ]

Imagen de Amadeus

Los E-Book son fantásticos, pero el problema está en la literaratura en español en la cual no hay muchas ediciones importantes. Además lo ideal es que los cubanos se bajaran ellos mismos lo que quisieran leer, pero volvemos a la historia de siempre, ahora digital: Siempre se depende de que alguien te lo traiga.

Imagen de Anónimo

E-book el mejor regalo, con una memoria flash, para un familiar o amigo lector dentro de Cuba

Imagen de Anónimo

Muy triste, muy triste lo que nos cuenta la cronista. Lo que debió ser un soplo de aire fresco en el fétido ambiente de la oferta del libro en Cuba, se convierte, por obra y gracia de insensibles burócratas en un "tiro" de cerveza con la cuestionable presencia de niños en un peligroso escenario alcohólico-raguetonero. No sería extraño que las dinámicas futuras canjeen el sosegado diálogo sobre libros y literatura por la bofetada y el navajazo sanjando asuntos de nalgas o portañuelas, propios de los peores espacios de la incultura.