Política

El experimento de la esperanza

La revista 'Convivencia' cumple seis años. ¿Hasta qué punto la búsqueda de una libertad espiritual y colectiva dentro de Cuba no ha sido siempre un ensayo bajo control, condenado al fracaso?

El 15 de febrero del 2008, al subirse a internet el número 1 (enero-febrero), nació en Pinar del Río la revista Convivencia. Desde entonces, seis años han transcurrido de salida ininterrumpida con frecuencia bimestral. La nueva publicación llamaba a habitar un horizonte amplio y a la vez íntimo, democrático, grávido de posibilidades y sin el flagelo de determinaciones excluyentes. "Un umbral para la ciudadanía y la sociedad civil en Cuba", como se titulaba el editorial del primer número, se convertiría en el lema de la revista.

La entrada del nuevo proyecto alternativo dentro de la Casa Cuba, pasando entre la homogeneidad y el impersonalismo de la prensa oficial, traía un signo de esperanza o posible restauración de la diversidad, desde la más occidental de las provincias cubanas, después que allí había ocurrido en 2006 la jubilación del obispo José Siro González Bacallao y su retiro a una finca en Mantua.

Deslumbramientos y decepciones se han sucedido, a veces imperceptiblemente, pero conocer la diferencia entre unos y otros nos ayuda a comprender y a esperar. Veamos. Sabido es cómo, durante la década de los 90, se armó en Cuba una trama de publicaciones pertenecientes a la Iglesia Católica —aunque de espíritu ecuménico, socioculturales— que permitió que las comunidades intelectuales en muchas provincias contasen por primera vez con un medio de expresión. Conocí a Dagoberto Valdés en ese marco: fundábamos la Unión Católica de Prensa de Cuba (UCLAP-Cuba) en noviembre de 1996, en la iglesia La Merced de Camagüey.

Era pujante el nuevo movimiento revistero (Vitral en Pinar del Río, Palabra Nueva en La Habana, Amanecer en Villa Clara, Enfoque en Camagüey, Cocuyo en Holguín, Iglesia en Marcha en Santiago de Cuba, etc) e independiente del control estatal, lo que influiría, como ha de suponerse, para que el Estado respondiera articulando un sistema nacional de casas editoras y revistas territoriales.

El empuje exclusivo de Vitral, su accionar, sus ediciones alternativas, compulsó al Gobierno a potenciar el mundo de la cultura pinareña en proporciones que de otro modo hubieran sido impensables. Así se emplearon grandes sumas en proyectos como, por ejemplo, las hermosas Ediciones Cauce y el centro Hermanos Loynaz. Elementos que, de conjunto, al cabo se compensarían logrando allí una rica diversidad, para que esta provincia destacase en el espectro cívico, cultural y editorial del país.

La revista Vitral, la Iglesia, Dagoberto Valdés y Pinar del Río fueron puntos de referencia claves en una etapa de optimismo que quedó marcada por la primera visita de un Papa a Cuba. Se vivieron entonces —antes, durante y después del breve paso de Wojtyła, el Papa Peregrino— días de iluminación. "No tengan miedo", dijo en la misa en la plaza cívica José Martí el 25 de enero de 1998, y en algún momento todos o muchos de los allí presentes saltaban —saltábamos— coreando "Libertad, libertad". O ya no teníamos miedo, o solo no queríamos tener, efectivamente, más miedo. Dos días antes, Juan Pablo II había sostenido el Encuentro con el Mundo de la Cultura, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana.

Entre las pocas fotos que salieron de las que hice en aquel encuentro, conservo una en que aparezco junto a Dagoberto Valdés, de pie, sobre un ala del segundo piso. Él asistía en representación de Vitral, mientras yo me hallaba en aquella aula como escritor joven que realizaba, junto con otros, una revista similar: Imago, fundada en 1996 y perteneciente a la diócesis de Ciego de Ávila.

La oportunidad del encuentro del mundo de la cultura y Juan Pablo II, ha sido además el único día de mi vida en que he visto a un Fidel Castro de carne y hueso, pues vestía extrañamente de cuello y corbata allá abajo, en primera fila, para oír también al líder religioso, y, por cierto, me pareció entonces muy enjuto, quizás por efecto de contraste con la imagen que traía formada en mi mente. Creí hacerle algunas fotos desde lejos con mi modesta cámara, pero esas no salieron.

¿Por qué atizar tales recuerdos para referirme al quinto aniversario de la revista Convivencia? He vuelto a la mencionada foto, y a otra en la que levanto una banderita cubana dentro de una plaza muy llena y con un enorme Corazón de Jesús cubriendo la fachada de la Biblioteca Nacional. Sin duda, se ensayaba o empezaba una nueva etapa del viejo y complicado experimento que una y otra vez ha parecido fácil, aunque a la larga muestra señales de error: el experimento de la esperanza. La esperanza de libertad.

Cuba necesita abrirse a Cuba

¿Hasta qué punto la búsqueda de una libertad espiritual y colectiva no ha sido siempre un ensayo bajo control, condenado al fracaso? ¿Quién estimula nuestras reacciones y raciona nuestros actos? ¿Quién administra el alcance social del resultado íntimo o verdadero?

Aparentemente se ensaya una y otra vez un retorno de Cuba al concierto universal de la democracia, y lo triste es que, los que vivimos desde abajo y adentro este ensayo, repitiéndolo, poniendo en cada gesto toda la energía y perentoriedad de nuestra naturaleza mortal, a veces sencillamente no podemos obtener ni dar respuestas.

La repercusión internacional de la primera visita de un Papa a la Isla nos devolvió, con grandes subrayados, su solicitud de que Cuba se abriera al mundo y el mundo se abriera a Cuba. Se exhortaba a la convivencia entre hemisferios sin las grandes polaridades de la Guerra Fría. Sin duda, lucía bien aquella invitación, pero tal llamado y la estela de expectativas abiertas, aunque apuntasen a crear un punto de giro en la tradición de rigideces, continuaban dando preeminencia al problema del papel de una nación construida para un conflicto político internacional.

Se seguía sobredimensionando un esquema representativo que ha sido invalidante, agónico, para quienes lo vivimos desde adentro y abajo en Cuba, esquema o guión favorito de los que disfrutan el poder —y algunos que lo ambicionan—, donde esta historia contaría solo con dos actores obligados a compartir una misma escena, supuestamente: Cuba y el mundo. Historia enorme de amor-odio. Un libreto no para la libertad, sino despersonalizador.

Ese supuesto, usado cual camisa de fuerza, ha servido para pretender justificar el freno a las libertades y los derechos cívicos dentro de la Isla. Se ha esgrimido para callar o invisibilizar a todos los demás sujetos que llenamos lo que se nos quiere presentar solo como un gran "escenario" internacional, mesa de laboratorio histórico, cuando no es más que el espacio y el tiempo de la vida, como es la vida de cada ser humano: inaplazable, irrepetible. Vidas o novelas únicas donde, o cada cual es protagonista de sí mismo, o no ha sido nadie.

Ante la sospecha de que sufrimos experimentos artificiales, escenarios mal construidos, tenemos los seres humanos un dilema metafísico que redimensiona nuestra condición civil: abrirnos a nosotros mismos, ser, vivir como somos conscientemente, luego solo será posible armar otras figuras ontológicas y sociales fidedignas, abrirnos entre nosotros, convivir. Cuba necesita abrirse a Cuba.

No por gusto los despotismos se han basado históricamente en un gigantismo falso que pretende anular la fe en el libre arbitrio y la naturaleza mortal, real, imperfecta pero infinitamente digna del ser humano, desde las castas intocables, representantes del más allá, reyes que se consideraban descendientes directos de dioses, hasta líderes y grupos políticos que en la historia moderna se autoproclaman como "vanguardia de la sociedad" o dicen encabezar a clases sociales científicamente superiores.

Más repercusión tuvo dentro de mi pecho otra invitación de Juan Pablo II realizada en aquella plaza gigante, donde por primera y única vez —también seguramente la última— me he hallado entre una multitud, cuando nos invitó a ser "protagonistas de nuestra historia personal y nacional". Palabras tomadas como por un anotador bajo una concha en un viejo teatro, del fondo de nuestros corazones que estaban heridos, medio borrados, echados a la basura, para ponerlas en nuestros oídos cuando el cielo parecía más abierto.

Esta última cita de Juan Pablo II aparece coronando el primer editorial de la revista Convivencia, donde también se lee una máxima programática que devino quizás el eco necesario subiendo de la tierra, inevitable, íntimo: "Creemos en la fuerza de lo pequeño".

Una restauración del interior de Cuba

De alguna manera, a pesar de la mala calidad de los caminos dentro del país, y todos los puentes rotos, siempre recibo la revista Convivencia. Creo en este tejido interior, célula a célula. Es la misma motivación ética —para mí en última instancia una elección activa siempre tendrá una razón metafísica— por la que yo también me afano en hacer Árbol Invertido, "revista literaria de tierra adentro", sin más interés, pero también sin menos ilusión que esto —palabra con que abre y cierra el editorial "Tierradentrismo" del primer número de la II Época de Árbol Invertido, correspondiente a enero-abril del año 2013—: ser.

Convivencia es. Palabra con poder de convocatoria muy profundo. No entra en el juego de los paraísos artificiales para sustituir alguna vieja utopía por otra supuestamente nueva o mejor en esa mala tradición de idealismos con que se han querido adornar políticas sin fundamento y espiritualmente insostenibles. Suena a futuro y está llena de realidad. Suave pero resistente. Abierta. Abundante. Cambia. Fluye. Crece sobre sí misma. Se ramifica. Abriga. Explora. Propositiva. Colma y pide. Llega y parte. La convivencia como reto, una posibilidad, surge de la condensación de experiencias vitales.

Convivencia se parece. Imperfecta. Imagina, refleja la imagen, la metáfora de la Casa Cuba que ha hecho suya desde el identificador que aparece en cada portada. Si una persona puede aceptarse a sí misma, o mejor dicho, debe hacerlo, como ser plural, caja de resonancias, pulsiones, defectos, recuerdos buenos y malos, no parece menos concreta la alternativa de una sociedad civil que se base en la relación creativa de personas diferentes. Se parece a la superación progresiva de esa convivencia bajo un mismo techo, obligatoria y traumática, que hace aumentar índices de divorcio, hacinamiento, intolerancia y otras enfermedades contagiosas. Conflicto. Compañía. Compartir.

Desde su estructura, como "revista socio-cultural", resulta un modelo de edición inclusiva. Discurren por sus páginas el clamor o el rumor popular, el cálculo, el canto del artista, la oración del creyente y el discurso intelectual, entre infinidad de temas caros para las personas naturales. La Casa de la revista Convivencia no se sostiene por los clavos de unos cuantos dogmas, sino moviéndose sobre las crestas de las olas, en un impulso espiritual, cuando se define como "de inspiración cristiana". Y creo que aquí, en su entrada a lo temblorosamente pequeño en medio de la noche, en su aporte a la luz de la espiritualidad, pueden palparse sus consecuencias más trascendentes.

No de otra restauración estamos necesitados quienes, dentro de una misma residencia, sentimos que se nos acaban el tiempo y el espacio. Que nos los quitan. Porque, en definitiva, sobre una "reacción espiritual" duradera por parte de quien se sienta oprimido puede fundarse el mayor desconocimiento a las instituciones del odio, no reconocer su supuesta autoridad: no hacerlo con miedo, pero tampoco con más odio.

Uno de los testimonios gratificantes que he encontrado en Convivencia, ha sido el de la doctora Hilda Molina. No la conocía hasta que leí este relato de su vida, siendo revelador que una científica como ella —fundadora de las escuelas cubana y latinoamericana de Restauración Neurológica y del Centro Internacional de Restauración Neurológica—, tras vivir de cerca los dogmas del ateísmo practicante y sufrir incluso incontables problemas cuando decidió expresarse distinto, llegase a la siguiente conclusión amorosa, ¿idealista?: "Sin embargo, cualquier reconstrucción de índole material resultaría inútil, si no priorizamos desde este preciso minuto, la reconstrucción espiritual de nuestro afligido país, el rescate de sus almas expropiadas; y la resurrección de su fe, y sus esperanzas".[1]

Convivencia es y se parece a una casa demasiado ideal de tan real que solo ha sido posible, para unos, como un milagro y, para otros, por supuesto, un gran pecado. Está habitada y en construcción. Abre y conecta vasos comunicantes. Va llenando un vacío más fuerte: la esperanza en la restauración necesaria del "interior" de Cuba, las almas.

Cada vez que, desde el otro lado de los muros de La Habana y todos los imponderables, un nuevo número de Convivencia llega ante mis ojos, aspiro a revivir, a protagonizar una libre lectura del tiempo y el espacio infinitamente pequeños que me ha tocado habitar, interiorizar. Lectura edificante, personal, entrando en contacto con otras vivencias no menos auténticas. ¿Puede pedirse más?




[1] Hilda Molina, "Retorno a Dios de la mano de un ángel", Convivencia, no. 7, enero-febrero, 2009, p. 40.

Comentarios [ 7 ]

Imagen de Anónimo

Dagoberto Valdes es un valiente cubano que desde la revista Vitral ha dado bastante jake a la dictadura castrista. Ojala se mantenga siempre firme en la oscuridad castrista....Abajo Fidel.

Imagen de Anónimo

La elección de estas líneas como sumario del texto prejuicia al lector. Por otra parte, este es el sexto anivrsario de Convivencia, no el quinto.

¿Hasta qué punto la búsqueda de una libertad espiritual y colectiva no ha sido siempre un ensayo bajo control, condenado al fracaso? ¿Quién estimula nuestras reacciones y raciona nuestros actos? ¿Quién administra el alcance social del resultado íntimo o verdadero?

Imagen de Anónimo

la esperanza, virtud teologal, necesidad humana.  Esperemos.  Siempre esperemos y mientras a Dios oramos, con el mazo damos.  Vitral llena a cabalidad ambas dimensiones.

Felicidades a todos sus heroes. 

Sugerencia, opino que estos comentarios deben pasar por un filtro, tal como hacen las mayorias de las publicaciones en lineas que invitan comentarios. 

Imagen de Armienne la Puta

Me gustaría leerla. He visto algunos números o segmentos aislados y he visto hasta artículos serviles a la tiranía. ¿Sabe alguien si en línea es posible leerla?

Imagen de Anónimo

Tuve el honor, el generoso privilegio, de hablar en un aniversario de Vitral en Pinar del Río. Espero hacerlo pronto en uno de Convivencia, también en Pinar del Río, cuando Cuba sea libre. Felicidades a mi amigo Dagoberto, a su abnegado equipo de colaboradores. Y desde luego que a Francis Sánchez por este  hermoso homenaje esperanzador. JPS

Imagen de Anónimo

Yo creía que la esperanza era cuestión de fe, pero resulta que es también cosa de experimento.

Imagen de Anónimo

me encanto este articulo y me trae esperanzas. No quisiera para nada que la buena esencia se pierda en Cuba por completo. Todavia hay buen material aunque el proyecto sea desastroso. Deseo lo mejor para mi gente a medida que surjan los cambios, los verdaderos cambios no simplemente un maquillaje. Salvar lo salvable, construir desde lo mejor del ser humano. Ay.. cuanto lo deseo aunque ya no sea parte de esa experiencia.