Música

La mañana resistiéndose a morir

'Cada golpe de su mano izquierda sobre la guitarra, la voz y el verso, cada acorde, son mazazos en la memoria.'

Hay cosas que, si no hay manera de evitar que sucedan, no deberían ocurrir en febrero: como despertar una mañana clara pero con el pecho ya encogido porque se avecina otra tormenta de nieve, preparar de mala gana un café atisbando el engañoso sol por la ventana y entrar en internet solo para descubrir que Santiago Feliú, el trovador con cuyas canciones te enamoraste y desamoraste tanto en la adolescencia, en tu ciudad, acaba de morir: 51 años y un infarto, han dicho desde La Habana.

Entonces palpas con mayor desespero tu soledad. No es liviana.

Hay muertes que no puedes creer, ni siquiera aceptar. Serás castigada, sin dudas, por dioses que ni conoces ni reconoces. Llamémosle soberbia.

Hay dolor, pero también irremisibles ganas de blasfemia y rebelión. Lo que no pueden panfletos ni llamamientos de repente la muerte lo consigue: llega la rabia. Volver a sentir la impaciencia y la pulsión rebelde de la adolescencia, cuando coreábamos las canciones del Santi en sus conciertos, repitiéndolas luego en la mente durante días, garabateando libretas escolares con estrofas, los estribillos pegados al alma que empezaba a crecer, dentro de las guaguas de regreso a la beca los domingos en la noche. Aquel silencio. Íbamos aprendiendo entonces lo único que de verdad se aprende en esta vida: el amor. A todo. Y también el descubrimiento de lo peligroso y frustrante que puede resultar intentar amar todo lo que se te ocurra. A veces, lo permitido, pero también —y posiblemente mucho más— lo censurado, lo prohibido y lo recelado: fuesen hombres, mujeres, bandidos y héroes, películas, algún poeta, ideologías, un país que no era aquel país pero vivía en él, cierta música, ¡gritar!

Cada golpe de su mano izquierda sobre la guitarra, la voz y el verso, cada acorde, son mazazos en la memoria. Vidrios rotos. Revivir la adolescencia: ese momento en que se descubre y empieza a romperse todo lo que con los años seguirá desmoronándose, por caminos desconocidos, ubicados en coordenadas geográficas entonces inimaginables en la Cuba de los años ochenta.

Egoísmo del sobreviviente: la muerte de Santiago Feliú desencadena un duelo generacional que introduce cierta tregua. Hasta esta mañana, la disensión y la desconfianza mutua parecían agazapadas detrás de cada frase publicada en internet por cubanos de una y otra orilla, que ya sabemos que no son dos porque el mundo es demasiado grande para quedarse entre Miami y La Habana. Hoy, desde todas partes, los cubanos de mi generación, los que en los años ochenta cantaron la ilusión de ser a través de la voz y la guitarra del Santi, vemos bruscamente interrumpida la ironía y el resentimiento.

Lo causa el dolor ante la pérdida del trovador y también la de los sueños que con sus versos gritamos en colectivo, años atrás. La muerte es poderosa, nadie lo discute. Pero su fuerza es mucho mayor de la que imaginamos. No se contenta con llevarse el cuerpo del poeta. Aún queda filo en sus garras para rasparnos adentro y que tengamos que volver la vista al pasado y sobre lo que ahora somos. Reconocer, al recordarnos vibrantes en aquellos conciertos, que algo muy triste nos ha pasado. La muerte excita la soledad y el vacío de una generación: años de extravíos y abandono para los que nos hemos ido tanto como para los que se han quedado dentro de la Isla.

Pasaron muchos años y ahora vivimos cada cual su cotidianeidad colmada de pequeños y grandes gestos, amontonados unos sobre otros, para que de pronto esta mañana con su muerte regresemos a recordar a Santiago Feliú. Descubro que no quiero trabajar. Si pudiera suspender el hoy, desmoronar las capas de lo cotidiano con la misma violencia que sentía entonces, en los ochenta, coreando "Vida", "Para Bárbara", "Ayer y hoy enamorado". Entonces creía. Creíamos. Y al unísono. No en los dioses que van a castigarme, sino en quien era o en lo que imaginaba que podría hacer con mi vida y con mi país.

Me resisto a la muerte. Como en la adolescencia, reincido en la blasfemia. Y ya que no vamos a tener nuevas canciones de Santiago Feliú, si toca conformarse con lo que hay, como repiten convencidos mis vecinos, pediría que al menos el día de hoy fuera feriado. Tampoco sucederá. Ni vecinos ni colegas entenderían este luto. Tal vez, en La Habana sería diferente. Pero tampoco es seguro. Dejo engancharse el juego de las especulaciones: ¿qué hubiéramos hecho, los amigos, de estar hoy en La Habana? ¿Quiénes seríamos?

Sin embargo, hay que apurar ese café, enviar los niños a la escuela, salir a trabajar, prepararnos para la nevada en las carreteras o el calor asfixiante dentro de las guaguas, existir ante el acoso y la desesperanza. Hay que seguir. Dentro del luto, se esconde un mísero consuelo. Tampoco creo que sirva de mucho, pero a minucias ya una se va aferrando: el desgarramiento, la tregua que abre este duelo, los ha provocado la muerte de un poeta.

No ha sido ni un político, ni un economista, ni un leguleyo. Su fórmula era sencilla y vital: "Llanto, más tarde papel y cuerdas, y resultado solo mierda". Tal vez algo se pueda salvar aún.

Intentaba explicarle esta dolencia a un amigo en Europa, latinoamericano y de izquierdas. No sé si me entendió. Buscando analogías, empecinada y otra vez adolescente, mencioné a Charly García. Pero Charly aunque lo intentara nunca llegó a morirse de verdad. "Hay que resignarse", me dijo el amigo y yo pensé en mis vecinos y colegas. "Ustedes serán inmortales, nosotros estamos rotos", fue lo último que le respondí en el chat. Tenemos seis horas de diferencia.

Rotos, habrá hoy que permanecer en lo cotidiano —tan alejado de lo que fuimos cuando cantábamos detrás de su guitarra, deseando soñar. Pero ya son casi las doce y todavía no sé bien cómo empezar el día. Hasta para eso, para devolvernos a la vida que nos toca o hemos hecho, Santiago, alejándose hacia la muerte, esperándonos porque igual hacia allá vamos minuto a minuto, tiene la palabra exacta. Entonces, antes de que toquemos el mediodía que es cuando se confunden la vida y la muerte porque Ikú anda suelta y sin bridas, precisamente ahora, vuelve su voz:

 

"Esta mañana de nuevo piensa en ti,

y asustada de futuro se desborda de pasado,

resistiendo,
 resistiéndose a morir...


 

De dormir viene la noche
 descansada y trasnochada


despertando en la mañana,

ganas de seguir..."

Comentarios [ 37 ]

Imagen de Anónimo

Esta cronica es... por su mal gusto, el primer atropello postumo contra Santiago Feliu.

Imagen de Anónimo

TENGO UN AMIGO SANT-IAGO TENGO UN AMIGO ABAKUA, QUE ES MAS HOMBRE Y MAS AMIGO QUE MUCHOS QUE NO SON NA'

Imagen de Anónimo

TENGO UN AMIGO SANTERO, TENGO UN AMIGO ABAKUA, QUE ES MAS HOMBRE Y MAS AMIGO QUE MUCHOS QUE NO SON NA'......PLF

Imagen de Robustianoellibre

estos trovadores era lo unico que habia en cuba, no habia mas nada para mantener entretenida y "ocupada" a la juventud un poco pensante. Para conseguir una grabacion de Deep Purple o de los Beatles me costaba dios y ayuda. Hace rato que me di cuenta de la mierda en que crecimos.

Imagen de Amadeus

Anónimo - 13 Feb 2014 - 8:23 pm.

Usted no sabe lo que lloré cuando murió John Lennon.

Imagen de Anónimo

?Y esta composicion de high school a que viene? Es un inventario de lugares comunes.

Imagen de Anónimo

POR FAVOR, LA AUTORA DE ESTE ARTICULO TIENE SERIOS PROBLEMAS CON EL USO DE LA PUNTUACION, LA SINTAXIS Y LA GRAMATICA. REALMENTE ME PREGUNTO COMO PUBLICAN ESTAS CHAPUCERIAS CURSILONAS. DIOS MIO, DA VERGUENZA. NI UN ESCOLAR SENCILLO HARIA ALGO ASI...

Imagen de Anónimo

Llaman la atención exceso de opinión de Amadeus y sus cultivados, se ve que ha muerto alguien con mucho talento al que muchos lloramos desde lo más adentro, la mediocridad grita y se sacude. Adiós Santi mientras paseo vagabunda y muda. 

Imagen de Amadeus

Anónimo - 13 Feb 2014 - 6:00 pm.

Disculpe Maestro, el artículo no es que sea requetecheo, es que es cursilón. Ya yo voy por dos cajas de Kleenex.

Imagen de Anónimo

Lechado (o lechón) de las 5:10 pm:

Me refiero al pueblo cubano como nación o tribu o colectividad. Cuba es hoy un país en ruinas en todos los sentidos. Y sí, queda gente buena, pero no pueden llamarse a sí mismos ciudadanos y casi que ni seres vivos. ¿Pueden ser buenos entonces con otros del batey? Más de cinco décadas de muerte en vida convierten a todo dechado de virtudes  en un adefesio moral. Fuera de Cuba el cubano es la misma m....., pero tiene una real (aunque remota y escasamente ejercida) posibilidad de dejar de serlo. Además, Lechado, tú de qué hablas?? Yo de que cada cual es libre de recordar a Santiago Feliú como quiera y habrá siempre una razón para respetar la opinión. Quizás no sepas leer o acaso el totalitario e injusto seas tú. Quizás debas agradecerme que te descubra facetas de tu personalidad que desconocías hasta hoy.

Y el artículo me parece requetecheo.