Teatro

'Antigonón' y su papaya épica

La puesta de Carlos Díaz y Rogelio Orizondo, reflejo de una sociedad inconexa, nos conmina a reírnos de nosotros mismos.

Cuando Antigonón, un contingente épico aun era un ejercicio de grado y fue puesto en el teatro Raquel Revuelta, uno podía verle las costuras entre el discurso histórico, el discurso político y el discurso de los personajes. Entonces, Carlos Díaz y Rogelio Orizondo abrían la escena al público y la gente opinaba. La mayoría hacía un esfuerzo por comprender lo incomprensible. La mayoría de las opiniones era elogios a la osadía de los novísimos dramaturgos o a la versatilidad de las actrices.

Ahora, después de una larguísima temporada en el Trianón, Antigonón… es una obra más elaborada, pero sigue siendo ininteligible.

En mi cabeza resuena la frase que aparece en el programa: "si usted no entiende esta obra…". Hago el intento por desmembrar lo que he visto en escena para llegar a alguna conclusión. Parto de las sensaciones que me deja.

Es una obra agradable que por momentos punza la realidad, pero sin complicarse. Es quizás el reflejo de una sociedad inconexa, incoherente. Por eso no entiendo nada.

El discurso histórico empieza mucho antes de que se apaguen las luces y para algunos pasa desapercibido. Una cinematografía que va recorriendo la invasión a Occidente de Antonio Maceo hasta llegar a El Cacahual. Un pretendido homenaje hecho a principios del siglo pasado proyectado sobre una pantalla de papel periódico. Digamos que esta es la base de lo que se escenificará después.

Los primeros pasos son con el desnudo como vestuario, que esta vez Carlos Díaz lleva a la escena en busca, quizás, de honestidad; transparencia que solo es posible encontrar —según pareciera decir el dramaturgo— en los fragmentos de Abdala que los actores declaman.

A medida que los personajes se cubren, comienza a enturbiarse la escena, aunque paradójicamente hay más palabras, más lenguaje coloquial.

Así se suceden unos monólogos del desespero donde las mujeres y su "papaya" son las protagonistas. Pedazos de historias personales que no hacen una Historia. Todas partes de la gran tragedia nacional: el exilio, la miseria, el hambre, la ignorancia, la segregación, el adoctrinamiento. Con este texto, Rogelio Orizondo se vuelve un pescador de frases vulgares que nos retratan o retratan Nubia, su patria mítica. En todo caso, con esta puesta puede contar sus ganancias.

Ganancias del pescador: 1- diseño escenográfico; 2- diseño de vestuario de pasarela con materiales no convencionales; 3- dos actores masculinos que enriquecen la historia aunque por momentos no sean tan convincentes como las actrices femeninas.

 Suficiente para quien quiere reflejar una sociedad líquida como la nuestra, donde la gente se la apaña para volverse inasible, resbalar entre las manos del verdugo y caer sin perder la forma; donde de tanto repetir compromisos, nadie se compromete a nada; donde todos dicen, pero nadie llama las cosas por su nombre; donde los hombres se travisten (no hablo de homosexualidad, sino de cobardía) y las mujeres sostienen la cotidianeidad por su "papaya"; donde la patria es una puta que se viste de rojo con una maleta de viaje, fuma tabaco y niega el sacrificio como vía para lograr algo.

Antigonón… es la historia de una batalla épica ganada por la imposición de la "papaya" de dos mujeres que no huyen porque no pueden.

No es una historia para ser entendida. Es parte de un proceso teatral/ social que se va haciendo habitual. Una propuesta sin moraleja ni interpretaciones demasiado intelectuales, más bien performática, con apropiaciones de otras artes (plástica, danza, espectáculo musical), con un humor visceral, amargo, que nos conmina a reírnos de nosotros mismos, pero sobre todo a vivirlo.

Comentarios [ 2 ]

Imagen de Anónimo

A veces, leyendo algunos comentarios, me pregunto si son o se hacen... No me altera la presencia de la palabra "papaya" cuatro veces, contando el título. Creo que ese vocablo alusivo al sexo está bien calzado en esta crítica, interesante por el sabor amargo que deja lo incomprensible. Muchas veces, recordando cosas, tantas cosas, y ojeando la realidad cercana, la primera palabra a la que me aferro (sabiendo que no sirve de nada) es "incomprensible". Una palabra que, a esta altura del tiempo perdido, no admitiría, supongo, ni la maravillosa cura de la papaya criolla.

Imagen de Anónimo

Estimada María, no te conozco ni sé quién eres. Es la primera vez que leo algo tuyo. Me gustó el artículo, pero... sin dármelas de mojigata, ¿por qué el abuso de la palabra "papaya" si no te estás refiriendo a la fruta, conocida por ese nombre en la parte oriental del país? Creo que le haces buen favor a quienes nos critican y dicen de nosotros, los cubanos, que somos chusmas, mal hablados y chancleteros aunque tengamos varios títulos universitarios. Es de mal gusto, María...