Arte

Artes plásticas de un extremo al otro

'e/', de Frency, y las propuestas de Samuel Riera: lo más extremo de las artes visuales que ocupan La Habana.

Apenas empieza el año y las artes visuales ocupan la ciudad.

Bellas Artes hace que un grupo de jóvenes intervenga sus espacios mientras a El Sexto le censuran un grafiti en el mismo edificio; se inaugura una muestra panorámica de fotografía en el Pabellón Cuba, y en Factoría Habana René Peña hace la curaduría de un grupo de artistas; en Luz y Oficio Pedro Pablo Bacallao inaugura Niño con trauma mira fijo al cielo y sonríe, y en la Salle Zéro de la Alianza Francesa se presenta el programa Pitén, del artista avileño Jeosviel Abstengo Chaviano, "el papi"; por la galería La Moderna pasa Triángulo, una muestra itinerante de arte contemporáneo compuesta por 48 artistas de tres países; y en el espacio alternativo La otredad se hace la premier de la serie animada Factor Común, una historia de gente.

Dos proyectos se topan en los extremos por el nivel de complejidad con que asumen la lectura de la realidad. Frency, con e/; y la propuesta de Samuel Riera de promocionar artistas art brut y out sider.

e/ es un evento de arte compuesto por tres secciones, cada una con una muestra de artistas que asumen los medios emergentes como instrumento de creación. En e/ la tecnología es solo una herramienta para alcanzar un neohumanismo con lo sensorial como centro.

Frency parte de un lenguaje enciclopédico que solo es posible reunir con la democratización de la obra de arte, o la multidisciplinariedad de la propuesta. Simple hasta este punto. Sin embargo, la búsqueda de lo sensorial exige al artista depurar la idea, llevarla a la esencia, a su estado primario.

Detrás de esta tesis está el trabajo de Luis Gómez, Lázaro Saavedra o José Balboa, la producción de Tier-Matroska, el apoyo de los especialistas del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales y la tertulia de quién sabe cuántos artistas. Se nota que solo es posible tras la conjunción de muchas cabezas repensando el arte.

La primera sección sucedió del 20 al 27 de diciembre de 2012, con la muestra de Jenny Brito, Harald Hoppe, Reinier Nande, Nami Salim, Desiderio Sanzi y RESAK. La segunda fue del 8 al 16 de enero de 2014, con imágenes de performance de ENEMA, en varias de sus etapas, Cuba-Miami; y trabajos de Samuel Riera, Marilyn Volkman y del grupo AXIS, entre otros.

En cierto modo, se trata de un retorno a la obra de arte como objeto de consumo, con la diferencia de que solo será apta para quienes estén dispuestos a entregarse al imperio de los sentidos.

La tercera sesión tendrá lugar del 22 al 31 de enero de 2014, en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales.

De la realidad miserable a la locura

Otra manera de hurgar en las subjetividades que implica expresarse desde los sentidos, la proponen los artistas art brut que intenta promocionar Samuel Riera desde su estudio. Juan Leo Brouwer, Oscar Javier Jacas, Pavel Álvarez Mesa, Perdomo o Víctor Moreno aun permanecen fuera de los catálogos de las instituciones.

La diferencia radica en que ellos, para llegar a crear, deben pasar primero por la tragedia de la locura o la enajenación, punto que solo logran si está de por medio la olanzapina, el valproato de Mg, la benadrilina, el levomepromazina o la trifluoperacina. Si no, todo se vuelve destrucción y miseria.

La coincidencia está en la realidad reforzada desde lo sentidos, que intenta afianzarse en la conciencia y que sin embargo no lo logra. Hay una batalla que ganar entre lo sensorial y lo consciente que solo es salvada por el acto de la creación. Este tampoco es un arte bello simplemente. Realmente no es bello en el más estricto sentido de la palabra, aunque tampoco es terapéutico. Es solo otra manera de percibir la realidad.

Pavel Álvarez Mesa y Juan Leo Brouwer son dos de estos artistas. Ambos distantes en su formación y en sus propuestas.

Juan Leo Brouwer es abstracto y graduado de San Alejandro. Álvarez Mesa es autodidacta y está obsesionado con un arte erótico, con las vacas cubanas y con rostros sobre un fondo negro.

El primero, pareciera que busca en la linealidad o en la geometría un inexistente. Hace preguntarse de un modo particular qué hay detrás de cada uno de sus abstractos. Hay obras que no le convencen encima de otras obras, sobre una misma tela, y al final pareciera que hay una pared vieja contando historias de abandono e indiferencia.

Álvarez Mesa, por su parte, es inquietante: en sus rostros hay colores estridentes. Son conocidos o desconocidos deformados por la visión del artista en crisis. Hace hincapié en la boca y en los ojos; los conecta con líneas. Hay dos autorretratos del que solo se distinguen algunos rasgos del yo que los pinta.

Su mirada fija mientras habla y las frases inconexas son aun más turbadoras: "I can't cry", o "ser simples es la única manera de ser libres".

En estas propuestas no se habla de evasión. Las palabras, las frases, los sonidos, los olores, en ocasiones denuncian más que una arenga política. El discurso social o político en algunos artistas alcanza la poesía. En el caso de e/, traducido desde la intelectualización de cualquier fenómeno hasta su función primaria. Pero en el art brut, alcanzado desde la realidad miserable que lleva a algunos al misterio de la locura.