Literatura

Reina María Rodríguez, más allá de la poesía

El Premio Nacional de Literatura es en ella afirmación de una individualidad, de un proyecto, de un horizonte intelectual y de comportamiento dictado por el tejer cotidiano de actos y juicios, de discusiones y asunciones, de resignación y coraje.

Reina María Rodríguez en DDC: La muerte de la cebra, La feria de los cerdos, El arca, La oportunidad de la mosca en el trompo, Verde y azul, La leche.

Para los que conocemos a Reina María Rodríguez desde la universidad, su Premio Nacional de Literatura nos ha sorprendido en el sentido de las muchas veces que ella lo ha rechazado. Algo está cambiando en Cuba para que ella, al fin, lo acepte. Y no queremos pensar que está enferma de gravedad, usual en la entrega de este malhadado premio, otorgado por décadas a personalidades que estaban con un pie en la tumba.

Ha dicho el jurado: "Por su trascendente obra que ha llenado un espacio imprescindible en el panorama de la poesía cubana contemporánea, con alta calidad estética, ética y conceptual… Su lírica ha sido capaz de aunar lo mejor de la gran tradición poética cubana y occidental contemporánea y mantiene hoy su vitalidad y sostenido crecimiento".

Esta última consideración apunta, muy solapadamente, a que de los 18 candidatos para premio, algunos autores no se mantenían activos, puestos a vivir de sus glorias pasadas. Pero no hay que ser tan mal pensada. ¿O sí?

Del  jurado es también esta frase: "en sus textos se puede observar una vocación de búsquedas y renovaciones además de un compromiso constante con la literatura y la sociedad cubana, lo que le ha valido un gran reconocimiento nacional e internacional".

Lo que no dice el jurado

Es que Reina es más, mucho más: es  un mito nacional, una leyenda viva de la llamada república de las letras, un ser cuya influencia alcanza a casi cuatro generaciones de narradores, poetas, artistas plásticos, músicos… La novia ideal de muchos de ellos, también la amiga,  la hermana, la madre. Para las jóvenes que se acercaban a la poeta, celosas, ansiosas por acceder a la literatura, los embarazos de Reina, uno tras otro, con sus enormes barrigas, persiguiendo ojos azules, les hacían pensar que,  simplemente, estaba loca.

El alternativo grupo Paidea, La Azotea de Reina, en su casa de la calle Ánimas, y luego su Torre de Letras, en el Palacio del Segundo Cabo, en La Habana Vieja, hasta su última y molesta mudanza para la azotea del Instituto del Libro, han sido, cada uno en su momento, el único, solitario lugar de resistencia contra la mediocridad, la incultura, la estulticia intelectual (y de la otra), de los años 70, 80; un espacio de esperanza y redención, en los 90, y así sigue en la primera década del siglo XXI, escuchando, apoyando, velando porque se publiquen libros valiosos, tanto de autores nacionales como extranjeros, en su original colección de 150 ejemplares cosidos a mano, según el método japonés kangxi.

En la colección Torre de Letras, dirigida por Reina María Rodríguez, han aparecido títulos como  El contragolpe (y otros poemas horizontales) del poeta de Alamar, el inefable Juan Carlos Flores; Semovientes, antología poética de José Kozer, con prólogo de Gerardo Fernández Fe o Las quebradas oscuras (antología personal, 1984-2002), de Jesús David Curbelo, entre otros, sin olvidar la excelente El arcano o el arca no, poesía argentina de fin de siglo, selección y prólogo de Daniel Muxica.

Junto a Reina María Rodríguez, a la par con ella, crecieron muchos de nuestros mejores narradores y poetas de la segunda mitad del siglo XX. A saber, casi todos los escritores pertenecientes al grupo Diáspora, los de Cacharros, poetas como Pedro Marqués de Armas, Rogelio Saunders,  narradores como Antonio José Ponte, Jorge Alberto Aguiar, entre tantos que hoy son reconocidos en este premio,  qué duda cabe.

Solo los que comenzaron a escribir en el 2000, la llamada Generación Cero, escapa un tanto a su influencia, la respetan ─al César lo que es del César─ pero no se arropan bajo su reinado: pertenecen a la era digital, poco tienen que ver con los del pensamiento analógico. Comparten, sin embargo, preocupaciones básicas, recorridas todas por esa gran preocupación común: Cuba.

El mundo de Reina

Observadora implacable, su poesía, aparentemente de puertas adentro —la azotea,  la habitación, un rincón en la escalera, lugares donde la gente se ama, construyen casas, crean hijos— también es de la calle, de los transeúntes, de personas y personajes.

Son señas personales suyas la melancolía, la nostalgia, la confusión: "perdí a muchas personas cercanas y sé que hay que escribir sobre la muerte". Su poesía ha ascendido, por etapas, que van de lo coloquial de Una casa de Ánimas (1972), Cuando una mujer no duerme (1980), Para un cordero blanco (1984), a los delirios ─¿posmodernos, de filosofía budista?─ de Te daré de comer como a los pájaros (2000).

Celebremos la aventura de escribir con verdad, la exploración ética que involucra, íntegramente al autor y se da con plenitud en la obra de Reina María Rodríguez: afirmación de una individualidad, de un proyecto, de un horizonte intelectual y de comportamiento dictado por el tejer cotidiano de actos y juicios, de discusiones y asunciones, de resignación y coraje.

Cuando todos se iban, Reina permanecía impertérrita en su azotea, con absoluta conciencia de sí misma, fiel a lo soñado con razón y vocación. Sustos, malos ratos, amarguras de todo tipo no han faltado donde gobierna la doble moral con impunidad abrumadora. También alguna vaga piedad hacia sujetos indeseables. La intensidad de lo vivido nadie se la escamotearía.

Celebremos, pues, este premio, que nos honra a todos, celebremos el privilegio de contar con su talento, su valentía. Esperemos que siga siendo libre, que nada la ate, ni circunstancial ni "oficialmente".

¡Felicidades, poeta!

Comentarios [ 65 ]

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¿Y qué más vas a escribir, San Germán? ¿Cuándo vas a aprender a respetar a los demás y dejar de creer que eres el de la última palabra? Sabemos que eres tú.  No eres el más inteligente.

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¿Hombre nuevo y Fidel Castro, anónimo 6:01 pm? Uno puede leer los comentarios publicados aquí y no hay ataques personales, a nadie ofenden y nadie llama gusano o escoria al otro, así que no hay castrismo aquí por ningún lado.

Lo que sí pudiera ser castrismo es el deseo de unanimidad de quienes no conciben que puedan haber opiniones diferentes, cada uno con la suya, y que esas opiniones dialoguen y discutan.

Deberías examinarte tú, me temo. 

Imagen de Anónimo

Aquí amda uno que es reflejo del Hombre Nuevo, que porta su Fidel Castro. Él es lo non plus ultra. Su palabra es superior a la de todos. La única que vale. No tiene sentido democrático alguno ni respeta la opinión ajena. Para mí, por ejemplo, la poesía de Delfín Prats es muy superior a la de RM. No se mide cantidad, sino calidad. Garcilaso de la Vega, que no vio publicada su obra, apenas escribió 1 epístola, 2 elegías, 3 égoglas, 5 canciones y 32 sonetos.

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Anónimo 9:19, gracias por su explicación, aunque la considero errada, pero bueno, es su opinión. Yo seguiré leyendo a Reina María Rodríguez, a Delfín Prats y a Rafael Alcides, tres poetas excelentes y nada comerciales.

Le agradezco su explicación, pero guárdese para Ud. sus prescripciones de lectura. 

Saludos.

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651, desde mi primera intervención aquí dije que no considero ni a Padura ni a RMR autores con Obras en el sentido estético de la palabra, sino autores que han escrito para el mercado literario. Padura al best seller hispanoamericano y RMR a las expectativas de la academia americana. No tengo nada en contra de que lo hayan hecho así. Verticalidad literaria para mi significa autores cuyas obras salen de la experiencia de vida, no de intereses mercantiles que es lo que predomina en las industrias culturales. Como dijo Ud es un problema de gustos. Tu siga la obra mercantil de RMR que yo seguiré la poesía de DF que, aunque de estilo menos "variado", expresa mejor la experiencia de Cuba. Y con esto termino esta conversación que ya me parece fuera de lugar.

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Anónimo 6:51, yo no sigo los premios literarios, sino las obras literarias. Y no he querido ser intolerante, sino que pretendía dar mi opinión respetando la suya, pero tal vez por intolerancia suya propia ha entendido mi opinión como intolerante.

Ya lo dije en mi comentario: cuestión de gusto y de lecturas. Y siento que no me haya explicado lo de "verticalidad literaria", que le preguntaba sin ironía alguna.

Saludos.

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A 1227: A diferencia de Ud, no sigo los premios literarios en este país desde hace muchos años ni me cambia el sueño quien lo gane. Me da lo mismo si lo gana RMR, DP o el mismísimo JM; sólo he querido apuntar que esos premios, como cualquier otro en el mundo, responden a determinadas políticas que nada tienen que ver con "lo variado" de ninguna obra o la "verticalidad" literaria. Ud obviamente está involucrado/a en una batallita generacional o algo que tampoco me interesa. De algo si puede estar seguro/a: nunca me gastaré un centavo en comprar un libro de RMR, en cambio me lo gastaría con gusto en uno de DF, me parece más coherente como individuo y como poeta y como lector me interesan las experiencias de quien escribe, no la variedad de estilos con que lo hace. Disfrute Ud lo que quiera que yo disfrutaré lo que yo quiera, eso sí, le recomiendo que aprenda a tolerar y aceptar que hay otras formas de apreciar la literatura que no son las de la industria académica y que si RMR está hecha a la medida de los scholars, DF puede interesar más a otro público y su obra mejor apreciada en un país normal.

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Anónimo 10:41, está equivocado o equivocada. No hay más que ver los comentarios que despertó esta entrevista con Damaris Calderón publicada en este mismo DDC.

http://www.diariodecuba.com/cultura/1382112164_5556.html?page=2

Al parecer, la intransigencia es bastante pareja.

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Anónimo 10:47, cuestión de gusto y de lecturas. Lo que Ud. llama copia pasada por agua de literatura europea y americana en Reina María Rodríguez es lo que hace a su poesía contemporánea de la mejor poesía internacional y lo que la hace interesante para la academia y para la traducción a otros idiomas.

¿Delfín Prats y Rafael Alcides salidos de la inconformidad estética? No lo creo así. Ambos son poetas con muy conformes con la tradición, poetas sentados en tradiciones del neorromanticismo, el coloquialismo, la antipoesía (cada uno de ellos es distinto al otro, eso sí), y si alguien de los tres se destaca por su inconformidad estética es Reina María Rodríguez. La prueba de su inconformidad puede encontrarse en lo variada que es su poesía, de un libro a otro, si se la compara con la de Prats o Alcides.

No sé si lo entiendo mal, pero creo que Ud. opone la copia pasada por agua de otras literaturas que encuentra en Rodríguez a, ¿una autoctonía de Prats y Alcides? Si es así, si no lo entiendo mal, me parece empobrecedor ese nacionalismo poético.

Y, por último, ¿qué significa "verticalidad literaria"? Me gustaría saberlo.

Gracias.

Imagen de Anónimo

A 306, Ud lo ha dicho, es cuestión de gusto. De RMR también se podría decir que lo que Ud llama "cruzado de referencias" es una copia pasada por agua de toda la literatura europea y americana de los últimos 40 años, lo cual la calificaría para un premio en Austria o Belgica mientras que las de Prats y Alcides son obras salidas de la inconformidad estética, la resistencia moral y el trabajo con el idioma en un país azotado por la burocracia cultural y el abuso de poder, esos serían valores literarios más a tono con un premio que debe honrar a los autores por su verticalidad literaria. Pero ya le digo que no me preocupa que se lo hayan dado a RMR, ella lo curró y ahí lo tiene, lo que es penoso es que en este país, de tantos cabezones, no haya nadie haciendo el análisis que en tanto política cultural este premio merece. Nada más.